
Emilio Monzó volvió a merodear el Congreso.
El ex presidente de la Cámara de Diputados tuvo su primera reunión de equipo 2020 el pasado martes, después de unas largas vacaciones fuera del país de dos meses. De jeans y chomba negra, y con el andar particular que lo caracteriza, se encontró el pasado martes, minutos antes de las 5 de la tarde, con un grupo de dirigentes de su confianza en las oficinas que le heredó al diputado Sebastián García de Luca sobre la avenida Rivadavia, justo frente al Parlamento.
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Monzó, un paria en los últimos tiempos del gobierno de Cambiemos, que estrechó mejores relaciones con el PJ, el Frente de Todos y un sector de la UCR que con los funcionarios de la Casa Rosada en tiempos de Mauricio Macri, se tomó un tiempo largo para volver al ruedo de la política.
“Necesitaba descansar y estar con la familia. Tuvo un final de año muy activo”, explican a su lado. El acto que los dirigentes que le responden le ofrendaron a fines de noviembre en Florencio Varela, en el corazón del Conurbano bonaerense, fue la ruptura final de su pertenencia al sector más duro del PRO. Y el inicio de su intento por avanzar sobre la provincia de Buenos Aires, territorio reservado por el macrismo de paladar negro para María Eugenia Vidal.
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El ex intendente de Carlos Tejedor fue tentado por Alberto Fernández y su entorno para hacerse cargo de una embajada. Las versiones dan cuenta de que también le ofrecieron un ministerio importante. Monzó entendió, a pesar de sus aceitados vínculos con el Frente de Todos y sus coincidencias políticas con la administración actual, que significaba un paso en falso. Y se dedicó a pedir amplitud en la oposición, un reclamo que por ahora no tiene respuesta de la mesa nacional de Cambiemos, un ámbito en el que el dirigente ni sus allegados tienen lugar.

Monzó se sentó el martes con Rogelio Frigerio, Nicolás Massot, De Luca y otros dirigentes bonaerenses para empezar a diagramar el año. En el anteúltimo día del 2019, en el Boletín Oficial se había publicado la creación de Symfonia, la sociedad que fundó junto a los dos primeros -Massot renunciaría en breve al directorio por su actividad en el Banco Ciudad- con un capital de $105.000 para asesorar “a entidades privadas, empresas, organismos públicos y organizaciones no gubernamentales”. Monzó es el presidente. Frigerio el vice. Están por inaugurar oficinas en la esquina de Corrientes y Maipú, en el centro porteño.
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En el mismo momento en que el ex presidente de la Cámara baja volvía al país hacía lo propio Marcos Peña, el ex jefe de Gabinete y mano derecha de Macri que, como Monzó, se enfrascó en unas largas vacaciones que lo alejaron de la rutina del PRO, de la actividad política y de cualquier mesa de decisiones relacionada con Juntos por el Cambio.
Al revés de los últimos cuatro años del gobierno de Cambiemos -no se movía un papel sin su consentimiento-, ahora hace tiempo que a Peña nadie lo consulta. Es larga la lista de los que esperaban este presente del dirigente que más poder tuvo durante la administración Macri. Buena parte de la dirigencia de Juntos por el Cambio lo culpa por la derrota de octubre.
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Después de fin de año se fue con su familia a las playas de Uruguay. Se recluyó luego en un conocido barrio cerrado de la localidad bonaerense de Pilar y emprendió un viaje de un mes por Sudáfrica.
A su vuelta, hace algunos días, habló sí con algunos de los ex funcionarios y amigos de Cambiemos. Pero juran que casi no conversaron sobre política. “Le pregunté por el viaje. Estaba chocho. Tengo entendido que políticamente, por el momento nada. Tendrá que ver ahora qué hace”, remarca un ex secretario de Estado con el que intercambió mensajes.
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Peña no tiene lugar en la mesa nacional de Juntos por el Cambio. El viernes ni se asomó por el encuentro del hotel NH, por el que sí pasó un rato Fernando de Andreis, uno de los más cercanos. Patricia Bullrich, la nueva presidenta del PRO, no terminó de buenas relaciones con el ex jefe de Gabinete, que antes de fin de año ya había abandonado el grupo de WhatsApp de los ministros de la anterior gestión que aún sigue activo.
Monzó, por el contrario, busca aprovechar el tiempo y afianzar los lazos políticos. Igual que Frigerio, que en estos días tuvo reuniones con dirigentes de la UCR y el PRO, y empresarios. También habló con Macri.
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Frigerio y Monzó tienen, a priori, un objetivo común que tiene nombre y apellido: Horacio Rodríguez Larreta. Y una eventual candidatura presidencial del jefe de Gobierno en el 2023. “Emilio tiene expectativas en él”, confían en el entorno del ex presidente de Diputados, que no oculta su simpatía y el rol que busca tener en el armado del jefe de la Ciudad.
Rodríguez Larreta es su candidato. No el de Peña, cuyo futuro político, si es que lo tiene, es un misterio.
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