Desde Bruselas.Este es un acuerdo que provoca mucha pasión. Nunca vi más emoción y hay más debate que con otros acuerdos, pero es también el más grande y ambicioso que encaramos hasta ahora”. La frase resuena en el aula del edificio de la EEAS, el Servicio europeo de acción exterior, en la calle Schuman. Quien esto dice sabe de muy bien de qué habla -participó de las negociaciones por el acuerdo UE-Mercosur durante varios años- y también sabe a quién se lo está diciendo. La audiencia está integrada por alrededor de veinte periodistas que trabajan para medios de países del bloque sudamericano -entre ellos, Infobae-, de visita en Bruselas a propósito de un seminario sobre el funcionamiento de la Unión Europea. Durante tres días intensos en actividades, con más o menos cautela y matices, fuentes muy calificadas señalaron que 20 años después de iniciado, por primera vez el acuerdo parece estar cerca de concretarse. Por supuesto, para bailar un tango se necesitan dos y al otro lado del Atlántico son cuatro los que deben ponerse de acuerdo.

Pasaron ya varios meses desde aquel 28 de junio de 2019 en el que se firmó el acuerdo de asociación que pareció destrabar las negociaciones. En el medio hubo elecciones en Argentina y en Uruguay y también cambios en las altas esferas de la UE, más la instalación del nuevo Parlamento europeo, surgido de las elecciones de mayo del año pasado que dejaron un nuevo mapa de formaciones políticas.

El texto acordado se encuentra en la instancia que se llama revisión legal, que en palabras de un diplomático sudamericano se traduce como el momento de chequear “que lo escrito es lo negociado y donde cada palabra cuenta”. Esto, en cuanto a la pata comercial del acuerdo; las patas política y de cooperación aún están siendo elaboradas, algo que se definió a la espera de que el capítulo comercial, que se suponía el más complejo, quedara cerrado. “Estamos en la recta final”, dijo una de las funcionarias más optimistas: “las diferencias se van a zanjar en las próximas semanas”, aseguró. Mientras tanto, se está haciendo el estudio del modelo econométrico y de impacto comercial y medioambiental del acuerdo y son expertos de la London School of Economics quienes están a cargo del estudio.

Los ministros Dante Sica y Jorge Faurie, en una imagen del día que se firmó el acuerdo comercial, el 28 de junio de 2019.
Los ministros Dante Sica y Jorge Faurie, en una imagen del día que se firmó el acuerdo comercial, el 28 de junio de 2019.

Las fuentes coinciden: fue la llegada de Jair Bolsonaro al gobierno en Brasil lo que motorizó la nueva etapa en las negociaciones luego de años de estancamiento. No deja de ser curioso ya que en un comienzo de la gestión el presidente brasileño y también su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, se mostraban contrarios a toda clase de instrumento globalizador de la economía y la política. Quien dio el giro aperturista en Brasil fue el ministro de Hacienda, Paulo Guedes, que durante la campaña electoral argentina también había amenazado con retirar a Brasil del Mercosur si el nuevo gobierno tomaba la decisión de cerrar la economía. “Bolsonaro creía que era un Trump pero al final advirtió que necesita a los demás”, fue una de las explicaciones.

La aplicación provisional

La firma de los negociadores marcó, de todos modos, apenas un nuevo comienzo ya que el proceso de ratificación podría demandar hasta veinte años, señalan en Bruselas: quienes deben ratificar el acuerdo son el Consejo europeo (integrado por los jefes de Estado o de gobierno de los países miembros) y el Parlamento de la UE, pero también los diferentes parlamentos nacionales en Europa y en Sudamérica. Sin embargo, si alguno de los países del Mercosur no quiere firmar, para evitar que el resto del bloque quede rehén de esta decisión podría ser viable lo que se llama la aplicación provisional del acuerdo entre la UE y los países que acepten seguir adelante, una cooperación de buena fe sin legislación internacional. Esto podría llegar a ocurrir, por ejemplo, si Argentina se opone a la firma, algo que, por lo que pudo escucharse, el resto de los países del Mercosur evalúa con cierto grado de preocupación.

Visita del presidente Alberto Fernández a la sede de la Unión Europea. En la foto, con la ex canciller de la UE Federica Mogherini
Visita del presidente Alberto Fernández a la sede de la Unión Europea. En la foto, con la ex canciller de la UE Federica Mogherini

Consultados los expertos por la posición del actual gobierno argentino sobre el acuerdo, se percibió cautela y una evidente política de no confrontación. “Las declaraciones de Alberto Fernández cuando se firmó el acuerdo fueron fatales, pero desde entonces sus declaraciones han sido siempre cautas y su viaje aquí fue recibido de manera positiva”, recordó un diplomático. En su momento, mientras en el gobierno de Mauricio Macri festejaban la firma, el entonces candidato Fernández fue terminante cuando dijo en un tuit: “No queda claro cuáles serían los beneficios concretos para nuestro país. Pero sí queda claro cuáles serían los perjuicios para nuestra industria y el trabajo argentino. Un acuerdo así no genera nada para festejar sino muchos motivos para preocuparnos”

En Bruselas saben que la gran prioridad del gobierno argentino hoy es la situación económica, por lo que entienden que todo lo que contribuya a la creación de empleo puede servirle, entre otras cosas, el acuerdo. “La idea no es mandar ejércitos de trabajadores; cuando se implementa el acuerdo las empresas se instalan y contratan mano de obra local. Por otra parte, el acuerdo podría favorecer la inserción y el surgimiento de Pymes”, dijo un experto de la UE.

La tensión entre el presidente argentino y su par brasileño también generó inquietud en Bruselas, aunque las mismas fuentes advierten que está bajando esa crispación. “Ambos han tenido declaraciones un poco sui generis, pero son presidentes de dos grandes países, con grandes desafíos”, señaló un conocedor de las retóricas de Fernández y Bolsonaro. Como se dijo al comienzo, la revisión legal del acuerdo avanza y hasta ahora ninguno de los gobiernos del Mercosur dio instrucciones de retirarse de esta instancia de negociación.

Jair Bolsonaro y su canciller, Ernesto Araújo (EFE)
Jair Bolsonaro y su canciller, Ernesto Araújo (EFE)

Hay 260 millones de habitantes en el Mercosur y 512 millones en el bloque europeo. En términos generales, para Europa, el tratado de libre comercio significaría, básicamente, la abolición de los altos aranceles sobre los productos industriales de la UE que se exportan a Sudamérica. Por su parte, los productos agrícolas de los cuatro países sudamericanos podrían encontrar un mejor acceso al mercado europeo. Las fuentes europeas insisten en que mientras de la mano de Donald Trump y su política proteccionista el mundo se cierra y deja de haber reglas claras para el comercio, acordar entre bloques complementarios, con tantos vínculos culturales y que suelen ir en la misma dirección tanto en materia comercial como política es algo positivo y necesario. “Ambos estamos muy incómodos con las iniciativas de Estados Unidos. Sería una señal en favor de reglas de comercio previsible y justo”, resaltó un ex negociador que vivió varios años en el sur de América Latina.

El Mercosur está integrado por 4 naciones y la Unión Europea por 27, ahora que el Reino Unido ya se ha retirado formalmente. Lugo del Brexit, Malvinas ya no es una razón perturbadora para el acuerdo aunque esto no significa que la Unión Europea cambie su posición tradicional en Naciones Unidas. Sin embargo, habrá que ver cómo sigue adelante el traumático divorcio -los británicos están poniendo fin a una relación de 40 años y dejan muchos heridos en el camino- y cuánto podría servirle a la UE el tema Malvinas en términos políticos en las negociaciones a futuro que se están tejiendo con tantos resquemores y resentimiento.

Los que dicen que no

Desde el comienzo hubo voces contrarias al acuerdo entre la UE y el Mercosur; hay incluso Parlamentos como el de Austria que recientemente señalaron que no lo votarán, pero la historia dice que Europa nunca rechazó un acuerdo en las instancias finales y hasta ahora no hubo un posicionamiento formal de ningún país en contra del acuerdo.

Los cuestionamientos económicos son conocidos y razonables: mientras en Sudamérica las mayores resistencias se dan en los sectores industriales, en Europa es el sector agrícola el que resiste: no hay que olvidar que se trata de un sector de la economía europea que viene sufriendo grandes recortes de subsidios y a quienes un acuerdo de esta naturaleza los deja en una situación muy desfavorable. “Hay sectores que van a sufrir aquí. Son el 1 o el 2% de la población y la gente tiene simpatía por sus movilizaciones. Es mucho ruido, pero no es importante”, señaló otro funcionario.

En términos políticos, las complicaciones son de otro orden y así como hay unanimidad acerca de que fue la llegada de Bolsonaro la que puso en marcha la nueva etapa, también es unánime la opinión de que son las políticas medioambientales del gobierno brasileño y determinadas declaraciones y acciones alejadas de los estándares europeos en materia de derechos humanos las que siembran dudas, cuando no un rechazo decidido por parte de varios protagonistas.

La cuestión ambiental es clave para Europa, y aunque para algunos de los consultados las grandes críticas surgidas en el último tiempo podrían ser una excusa (“hay mucho ruido, mucha mentira, hay que difundir lo correcto y terminar con el barullo"), todos coinciden en que el tema Amazonas se convirtió recientemente en un elemento más que perturbador. “Las deficiencias en materia ambiental de Brasil, como la deforestación, son elementos críticos que no ayudan al acuerdo. Creemos de todos modos que en la firma está la garantía, justamente, porque luego tendrán que estar a la altura y cumplir lo firmado”, dijo a los periodistas el eurodiputado italiano Nicola Danti, miembro de la delegación parlamentaria de relaciones con el Mercosur. En la misma dirección, otra fuente aún fue más directa en su especulación: “No vas a tener un mejor Bolsonaro a distancia que con el acuerdo”, aseguró.

Uno de los grandes temores que se escuchan en los países sudamericanos es que el acuerdo termine por congelar la situación actual en términos de desarrollo, es decir, que los países del Mercosur no cambien su matriz productiva y sigan siendo proveedores de materias primas y que la industrialización solo permanezca en terreno europeo. La respuesta del diplomático fue ácida, perturbadora: “¿Puede acaso América Latina estar más primarizada que como está hoy?”

Su conclusión se contagia de un entusiasmo razonado: “Es claro que en los próximos años no van a aumentar ni el peso relativo de los países del Mercosur ni el de la UE, y, mientras tanto, enfrente tenemos unos tipos que si no nos juntamos… Conseguimos el mejor acuerdo posible y confiamos en el sentido común. Si gana la razón, tiene que haber acuerdo”.

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