Ítalo Luder, Eduardo Angeloz, José Octavio Bordón, Eduardo Duhalde, Carlos Menem, Elisa Carrió, Hermes Binner y Daniel Scioli
Ítalo Luder, Eduardo Angeloz, José Octavio Bordón, Eduardo Duhalde, Carlos Menem, Elisa Carrió, Hermes Binner y Daniel Scioli

"Ser primero no es lo importante, es lo único. Nadie se acuerda del segundo. ¿Vos sabés quién pisó América después de Colón? Yo no”. Esa frase de Carlos Salvador Bilardo, una de las tantas pronunciadas por el entrenador que ganó el Mundial en 1986 que pasaron a formar parte del inconsciente colectivo de la sociedad argentina, no aplica solo al deporte, sino que es una máxima que se replica en la política argentina.

Es que desde el regreso de la democracia en 1983, casi todos los dirigentes que salieron segundos en las elecciones presidenciales fueron removidos del plano principal de la política tras las derrotas y nunca más volvieron a tener posibilidades reales de competir por la Casa Rosada.

Las únicas excepciones (¿las que confirman la regla?) son Eduardo Duhalde, quien quedó por detrás de Fernando de la Rúa en los comicios de 1999 pero finalmente se hizo con el Poder Ejecutivo en 2002 tras el estallido de la crisis de 2001 y luego de llegar a un acuerdo con el radicalismo en el Congreso; y Elisa Carrió, que fue derrotada por Cristina Kirchner en 2007 y luego se diluyó en los comicios de 2011, pero volvió a la centralidad de la mano de Juntos por el Cambio.

Ítalo Luder
Ítalo Luder

El primero de esta saga de candidatos presidenciales que no llegaron al triunfo fue el peronista Ítalo Luder, el primer dirigente del Partido Justicialista en perder unas elecciones para el Poder Ejecutivo. Tras ser derrotado por Raúl Alfonsín en 1983, el dirigente radical le ofreció ser el titular de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, pero el peronista santafesino rechazó el puesto y se concentró en el rearmado del Partido Justicialista y en su candidatura a diputado en 1987 (encabezó la lista).

Si bien su carrera política continuó tras pasar por la Cámara de Diputados (durante la presidencia de Carlos Menem fue Ministro de Defensa y luego embajador en Francia), nunca más volvió a competir por la presidencia y quedó lejos de los primeros planos.

Carlos Menem y Eduardo Angeloz
Carlos Menem y Eduardo Angeloz

El segundo en esta lista es el radical Eduardo Angeloz, que fue el elegido por la UCR para competir con Menem en las elecciones de 1989. El entonces gobernador de Córdoba fue derrotado por el riojano, y si bien su carrera política no se terminó (de hecho fue reelecto para un nuevo mandato al frente de la provincia mediterránea y ganó una banca en el Senado en 1995), no volvió a postularse para el Poder Ejecutivo.

José Octavio Bordón (Foto: NA)
José Octavio Bordón (Foto: NA)

La emergencia del Frepaso en los primeros años de los ‘90 fue una amenaza para Menem, que si bien había logrado altos niveles de popularidad por el temprano éxito del plan de Convertibilidad, tenía en José Octavio Bordón a su principal rival de cara a las elecciones de 1995. Tras la contundente victoria de Menem (le sacó 20 puntos al senador del Frepaso), quien fuera gobernador de Mendoza en el regreso de la democracia se retiró del reflector de la política y recién volvió a ejercer un cargo cuando en 2003 Néstor Kirchner lo convocó para que estuviera al frente de la embajada en los Estados Unidos, donde permaneció hasta 2007. Luego, Mauricio Macri también lo nombró al frente de una embajada, en este caso la de Santiago de Chile, donde trabaja desde enero de 2016.

Las elecciones de 1999 volvieron a mostrar un duelo entre un radical y un peronista, y quien resultara perdedor es una de las dos excepciones a la “maldición de los segundos”. Es que tras la derrota ante De la Rúa, Eduardo Duhalde fue electo senador en 2001. Desde esa banca, tras el estallido de diciembre de 2001, tejió acuerdos con el sector del radicalismo que lideraba Alfonsín (enfrentado con De la Rúa) y llegó a la Casa Rosada impulsado por la Asamblea Legislativa.

Eduardo Duhalde y Carlos Menem (Foto: NA)
Eduardo Duhalde y Carlos Menem (Foto: NA)

La excepcionalidad de las elecciones de 2003, con cinco candidatos separados por algo más de diez puntos porcentuales, fueron el comienzo del fin de Menem en los primeros planos de la política argentina, ya que si bien derrotó a Néstor Kirchner en la primera vuelta, no se presentó al balotaje, por lo que el santacruceño asumió la presidencia ese año. Tras la derrota, el riojano ganó una banca en el Senado, donde se mantiene hasta hoy tras dos reelecciones, pero perdió poder e influencia.

Una integrante de esta lista que también merece tener un asterisco al lado de su nombre es Elisa Carrió. Es que si bien la chaqueña pasó de cosechar el 23% de los votos en las elecciones de 2007 que catapultaron a Cristina Kirchner a la presidencia a un 1,8% en los comicios en los que la dirigente peronista logró la reelección en 2011, su importancia relativa en el juego político no se diluyó. Entre 2011 y 2015 se concentró en el armado político que derivó en Cambiemos, la alianza que llevó a Mauricio Macri a la Casa Rosada luego de derrotar en las PASO a Carrió y a Ernesto Sanz.

Elisa Carrió y Hermes Binner
Elisa Carrió y Hermes Binner

Bastante por encima de Carrió en los comicios de 2011 terminó el socialista Hermes Binner, quien sucumbió ante el 54% de Cristina Kirchner y apenas cosechó un 16,8% de los votos. Tras esa derrota, Binner fue electo diputado en 2013 y compitió por una banca en el Senado en 2015, pero no consiguió su lugar en la Cámara alta.

El último caso es el de Daniel Scioli, el postulante del Frente para la Victoria que en 2015 fue derrotado por Macri en el balotaje. Después de perder las elecciones, en 2017 el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires fue electo diputado, y si bien en los primeros meses de 2019 insinuó su intención de volver a competir por la presidencia, su iniciativa fue rápidamente descartada cuando Cristina Kirchner eligió a Alberto Fernández como postulante del Frente de Todos.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner el jueves en el cierre de campaña en Mar del Plata (Foto: Frente de Todos)
Alberto Fernández y Cristina Kirchner el jueves en el cierre de campaña en Mar del Plata (Foto: Frente de Todos)

La pregunta, entonces, es: por qué: ¿cuál es el motivo para que buena parte de los candidatos que terminaron segundos en una elección presidencial no volvieran a competir por el Poder Ejecutivo y sus carreras políticas se diluyeran?

Para María Laura Tagina, politóloga y profesora de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín, esa característica de la democracia argentina “tiene que ver con la dinámica interna de los partidos, la lucha entre facciones y los procesos de recambio de liderazgos”.

Para esa línea de pensamiento, el caso de Luder es paradigmático: “Luego de la derrota en 1983, en el Justicialismo tuvo lugar un cambio en la configuración interna de fuerzas en la que se impuso la renovación peronista, y con ello se registró el corrimiento de los políticos y sindicalistas ortodoxos asociados a los años oscuros de la dictadura militar”.

Binner en la Cámara de Diputados junto a Margarita Stolbizer (Foto: NA)
Binner en la Cámara de Diputados junto a Margarita Stolbizer (Foto: NA)

Pero ese recambio en los candidatos entre una elección presidencial y otra no es necesariamente malo. Para el politólogo Julio Burdman, “probablemente sea una buena noticia que después de una derrota no sigan al frente de los partidos quienes perdieron. Son partidos que tienen cierto surgimiento de nuevas figuras como para ‘jubilar’ a quienes perdieron. Si un partido presenta siempre al mismo candidato, no está funcionando como partido. Pero si tras una derrota se discute esa conducción al interior del partido, es saludable”.

En contraste, un factor que puede contribuir a que las candidaturas no se repitan a lo largo de las elecciones puede ser porque esas postulaciones “responden más a una estrategia electoralista por fuera de las estructuras partidarias formales y tradicionales”. “Por ello les es tan difícil presentarse nuevamente cuatro años después. Esas candidaturas dependen no solo del sistema de partidos y del sistema político, sino también de la organización interna de cada uno de los partidos que compiten”, aseguró a Infobae la politóloga Gabriela Porta.

En ese sentido, consideró que “en parte, esta baja tasa de regreso de los principales contendientes presidenciales puede vincularse a la fuerte presencia de personalismos y la falta de organicidad de los partidos políticos argentinos” y agregó que “tampoco es desdeñable el efecto de la derrota electoral sobre la imagen de un candidato o la capacidad de liderar su propio partido a continuación”.

Qué le depara a quien salga segundo mañana

Macri y Fernández en el segundo debate presidencial
Macri y Fernández en el segundo debate presidencial

Si los resultados de las elecciones confirman lo que sucedió en las PASO y Alberto Fernández se convierte en el próximo presidente, y si se da por cierta la máxima que condena a un segundo plano político a quien pierde los comicios, Macri será quien deba enfrentar esos problemas.

Una de las principales incógnitas de la eventual vida de Macri tras su presidencia es si continuará o no con su carrera política. Para Burdman, “por las últimas semanas de campaña de Macri me da la pauta de que va a querer continuar al frente del PRO”. En tanto, Tagina cree que si el ex jefe de Gobierno “al menos suma una cantidad significativa de votos aunque no logre acortar la distancia respecto del Fernández, estaría en condiciones de mantenerse como el principal referente de PRO y como figura central de la oposición”.

Por su parte, para Porta “la posibilidad de sobrevivir y mantenerse vigente representando a ese núcleo duro dependerá de la capacidad para ‘hacer’ oposición. Ese 30% seguirá necesitando una representación político-electoral”.

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta (Foto: Franco Fafasuli)
María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta (Foto: Franco Fafasuli)

Pero para que Macri se consolide como el líder de la oposición al Frente de Todos “le tocaría entonces articular a los legisladores de su partido, sin detentar él un cargo público, con las chances de postularse en 2021”, consideró Tagina. “Si su desempeño el próximo domingo es el mismo o se deteriora con respecto al de las PASO, será difícil para el presidente mantener su liderazgo interno y externo, y probablemente abandone la vida política. También será relevante el desempeño electoral de Horacio Rodríguez Larreta como candidato a Jefe de Gobierno de CABA, quien de hacer un buen papel (ser elegido en primera vuelta o ganar un eventual ballotage), se encontraría en posición de disputarle el liderazgo”, agregó la politóloga.

Algo similar piensa Burdman, que si bien considera que si el Presidente es derrotado “se va a poner en juego qué tipo de partido es el PRO y el liderazgo de Macri debería ser analizado en el partido, me pregunto si van a ser capaces de hacerlo. Hay algunos indicios revisionistas de parte de Rodríguez Larreta y Vidal, pero no se si se van a animar”.

El presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, y el diputado Martín Lousteau entrando a Casa Rosada para un homenaje a Raúl Alfonsín (Foto: Julieta Ferrario)
El presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, y el diputado Martín Lousteau entrando a Casa Rosada para un homenaje a Raúl Alfonsín (Foto: Julieta Ferrario)

El resto de los liderazgos del PRO no tienen discurso propio, hay algún matiz, pero no construyen una lectura alternativa. En la interna de Juntos por el Cambio, el que levantó la voz fue el radicalismo, de la mano de Alfredo Cornejo y Martín Lousteau, que parece querer discutirle el liderazgo a Macri con un discurso propio”.

Por último, para Porta, el futuro de Juntos por el Cambio “dependerá de cómo se estructure de cara a la derrota (si proponen un cambio interno en su cúpula o si mantienen al líder a pesar del fracaso) y de cómo evolucione la relación con sus socios de coalición. Claramente una derrota electoral afecta y daña a cualquier candidato, y más si este representa al oficialismo”.

En definitiva, más allá de sus aspiraciones para el futuro, tal vez Macri tenga que luchar, por un lado, contra los dirigentes de Juntos por el Cambio que pretendan “jubilarlo”, como pareció indicar María Eugenia Vidal en su acto de cierre de campaña en el que evitó todo lo relacionado a Juntos por el Cambio y se mostró con otro discurso, otros colores y hasta un nuevo eslogan (“Ahora María Eugenia”). Pero también, el Presidente deberá pelear contra una cultura política argentina que no es demasiado benévola con quienes pierden elecciones presidenciales.

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