Guillermo Dietrich el viernes a última hora, en el área militar de Aeroparque (F0to: Guillermo Llamos)
Guillermo Dietrich el viernes a última hora, en el área militar de Aeroparque (F0to: Guillermo Llamos)

Guillermo Dietrich es el primero en bajar del Tango 04. Detrás de él, decenas de asesores de Presidencia y de otros ministerios provenientes de Mendoza, del viaje que encabezó Mauricio Macri. Es viernes, casi a última hora de la tarde.

"Tres días de tranquilidad no significa que las cosas se hayan resuelto", había dicho el Presidente un par de horas antes, en una bodega de Luján de Cuyo, después de la semana de mayor zozobra política y económica desde que Cambiemos desembarcó en la Casa Rosada. El ministro de Transporte luce un poco menos preocupado que días atrás. Para él, "lo peor no está por venir".

—¿En qué etapa de la emergencia estamos, ahora que reconocieron que estamos en crisis -o en "emergencia"?

—Es difícil saber o definir una etapa porque uno está viendo los procesos y los procesos tienen lo que pasó hasta ahora y lo que va a pasar para adelante, y nadie es adivino. Podríamos decir que en esta crisis cambiaria hay un montón de indicios de que estamos yendo hacia mayor tranquilidad. Pero hay factores externos que pueden ser positivos o negativos. Lo que sí es seguro es que estamos atravesando una crisis, que frente a crisis se han tomado un montón de decisiones valientes y oportunas y que tenemos un gran apoyo del mundo. El comunicado de la Casa Blanca es muy contundente, inédito.

—¿Qué le dicen sus amigos? ¿Hay malhumor? ¿Desilusión?

—Hoy las amistades se manejan mucho por WhatsApp. En la mayoría de los casos hay esperanza, te transmiten mucha energía positiva. Hay en algunos casos gente que está muy enojada, que es muy crítica de nosotros. Y en algunos casos hay cierta agresividad (ríe). Ya me he peleado con más de un amigo.

—¿Se ha peleado con amigos por la situación actual?

—No sé si pelear… Pero te genera en algún casos ciertas actitudes violentas, muy catárticas. A veces con los amigos estás más cerca, más lejos. Pero la mayoría de la gente que se te acerca -tuve una confirmación gigante de mi hijo el sábado pasado- dice "Fuerza, no aflojen, tenemos que salir adelante".

—En la campaña del 2015, el Presidente había dicho que la inflación era una pavada y que reflejaba la incapacidad de un gobierno. Después hablaron del segundo semestre, por la llegada de las inversiones. En marzo de este año, frente al Congreso, Mauricio Macri dijo "lo peor ya pasó". Luego hablaron de "tormenta" y finalmente se reconoció la crisis. ¿Hubo subestimación? ¿Mala praxis?

—En diciembre del 2015 la gente eligió un cambio muy profundo, después de 12 años del peor populismo corrupto que tuvo la Argentina. La sociedad votó ese cambio en esas circunstancias. Y es muy profundo. Es muy profundo que en Argentina aparezca la causa de los cuadernos y haya funcionarios y empresarios presos. En el medio hay algunos problemas como la inflación, con una mirada que termina siendo más profunda. Hay situaciones de cambio del contexto internacional, que tienen un profundo impacto. Los problemas estructurales de nuestro país son muy profundos. Podríamos haber tenido fallas de diagnóstico, puede ser…

—Pero esos problemas estuvieron siempre, no es que aparecieron ahora…

—Sí, te diría que hay muchas cosas que cuando llegaste al gobierno las fuiste encontrando. Yo sabía que había problemas en los puertos, no que era un catástrofe. No que la infraestructura estaba mal, no el desastre que teníamos. Hay un cambio muy profundo, hay una crisis que se generó estos meses de altísimo impacto para el país y para la gente. Pero no con soluciones mágicas, tomando las decisiones correctas, diagnosticando bien cuáles son los problemas, sumado al cambio profundo que se viene dando, no tengo dudas de que esta es quizá la última crisis de este tipo que tiene Argentina.

—Pero reconoce que se pudo haber diagnosticado mal.

—Pero con el diario del lunes… Cuando mirás para atrás tenías que haber sacado al 9 y poner al 7. La realidad es que siempre cuando miras para atrás… Yo miro mi vida de los últimos 50 años y hay un montón de cosas que hubiese hecho distinto. Cuando ves un gobierno para atrás, seguro hay errores. Porque hay falta de información. Vos tomás decisiones con poca información con un entorno muy cambiante. Macron hace dos meses era el rey del mundo y ahora le cayeron 10 puntos la popularidad. Hay una explicación atrás de esas cosas que pasan. Sacamos un paquete de políticas sociales para acompañar a las personas más vulnerables. ¿Por qué las crisis nos pegan sistemáticamente? Porque tenemos un problema estructural que no está resuelto.

—El Presidente la semana pasada en su discurso reconoció errores y dijo que hubo "excesivo optimismo". ¿Usted está en ese grupo?

—Yo soy optimista como actitud frente a la vida. Tuve una depresión a los 23, 24 años, que con mi primera empresa cuasi quebré. Pensaba que me quería pegar un tiro en la cabeza, mi viejo de hecho me obligó a ir a un psicólogo. Perdí una hija en el 2003, que fue muy doloroso. Y he aprendido a vivir mirando el lado positivo de las cosas. Es una actitud que tengo frente a la vida. En los malos momentos es cuando uno se hace fuerte. Era optimista y soy optimista, pero eso no significa ser un necio y no ver los problemas. Mi trabajo como ministro de Transporte desde el 10 de diciembre del 2015 es 80% resolver quilombos. De todo tipo.

—¿No cree que lo peor está por venir?

—No (silencio). Sí que vamos a tener meses duros para algunos sectores de la sociedad.

“No creo que lo peor esté por venir”, asegura el ministro de Transporte (Foto: Guillermo Llamos)
“No creo que lo peor esté por venir”, asegura el ministro de Transporte (Foto: Guillermo Llamos)

—Hace algunas horas dijo, respecto de la causa de los cuadernos, que "es espectacular que los chorros estén presos" pero que iba a impactar negativamente en la economía. ¿Esa causa hirió de muerte a los proyectos de PPP?

—No.

—¿Los seis corredores viales que deberían empezar a fines de octubre, principios de noviembre, están garantizados?

—Nada está garantizado en la vida si uno no se ocupa.

—Ahí no lo veo tan optimista.

—Sí. Los PPP se van a hacer.

—¿Está seguro?

—Estoy seguro. Primero, porque en Argentina nosotros vamos a trabajar para que se respeten los contratos, y hay seis contratos firmados con seis garantías. En el peor de los casos vamos a ejecutar una garantía de 100 millones de dólares y con eso vamos a hacer obra pública, que no va a suceder. Frente a este contexto estamos ayudando con herramientas para acompañar el proceso. Esta semana, uno de los corredores, de la ruta 5, estuvieron viendo los proyectos porque empiezan a hacer las obras ya. Las concesiones ya están adjudicadas.

—Pero el financiamiento no está todavía. No es una parte menor.

—Pero si vos tenés que entregar una nota el domingo a las 12 de la noche, y el domingo a las 11 de la noche no la tenés lista. ¡Bueno, la tenés que terminar entre las 11 y las 12 de la noche! Y por ahí la terminas en el último segundo o la terminas una hora antes. Las empresas tienen un año para hacer el cierre financiero, faltan once meses, falta mucho tiempo. De hecho si vemos el riesgo país hace tres y hoy cambió radicalmente. En algún caso puntual y en todos lo que nosotros estamos trabajando, como Estado, dentro del contrato, cómo podemos colaborar para simplificar. El fideicomiso es una alternativa atractiva, pero hay que ver cómo se termina estructurando. El proceso de PPP no se va a detener y no tengo duda de que va a ser exitoso.

—¿Subestimaron el impacto de los cuadernos en la economía? ¿Festejaron por anticipado?

—Yo festejo el día que lo vi, el miércoles 1 de agosto, y hoy. Festejo.

—¿Por más que impacte negativamente en la economía?

—Tenemos dos planos. El corto plazo, que es el cuaderno impacta en la economía. Sí. El largo plazo es una Argentina en la que no hay más impunidad. Es fundamental. Porque los honestos miran y dicen "yo soy el pelotudo más grande del planeta". El problema es que Argentina fue impune durante todas las últimas décadas, y nadie cree en nada. Y esto es una forma de empezar a creer, y pasa porque Mauricio Macri es presidente. Algo que no pasó nunca y que pasa ahora, ¿cuál es el cambio que hay? Que Macri es presidente. El costo de corto plazo vale la pena frente al beneficio de un país que no tenga impunidad. El día de mañana, el empresario va a pensar dos meses antes de pagar una cometa, y un funcionario lo va a pensar dos veces antes de pedir una cometa.

—¿Le ofrecieron alguna coima?

Directamente no.

—¿Indirectamente no?

—Es una conversación que la parás en 20 segundos.

Mauricio Macri en la primera reunión del gabinete recortado, el lunes (Presidencia de la Nación)
Mauricio Macri en la primera reunión del gabinete recortado, el lunes (Presidencia de la Nación)

—El martes, en la CAME, Elisa Carrió dijo que se había acabado la relación entre el Gobierno y los dueños del país. Al día siguiente, en la UIA, Macri ratificó su alianza con los empresarios. ¿Cuál es la relación con los empresarios? ¿Lo qué dice Carrió? ¿O es Macri en Vaca Muerto con Paolo Rocca (CEO de Techint)?

—Los empresarios son un actor clave en la economía, los que dan empleo. En la Argentina va a haber una renovación de empresarios. Vamos a una Argentina donde va a haber competencia en serio.

—¿No hay empresarios amigos del poder?

—No hay empresarios amigos del poder porque no existe más un círculo de privilegios.

—Entre los que creen que hay que abrir el gobierno, el bando que integran Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal o Rogelio Frigerio, y los que creen que no, como Macri o Marcos Peña, ¿de qué lado está usted?

—El Gobierno siempre ha estado abierto. Es un gobierno de tres espacios políticos, donde vamos teniendo distintos roles. Hay gente de distintos orígenes. Es un gobierno muy diverso, nunca hubo un gobierno tan diverso. Se valoran las capacidades.

—¿No es un gobierno soberbio? Vidal dijo hace algunos días en una entrevista televisiva que a veces la soberbia en el poder te puede llevar a cerrarte.

—Es un gobierno con convicción, y a veces la convicción puede generar sensación de soberbia. Ese límite es difícil. Yo tengo profundas convicciones.

—¿Por qué cree que el círculo rojo quiere que se vaya Marcos Peña?

—Yo no soy un relator de la realidad. Soy un gestor de mi responsabilidad, que es transformar la infraestructura y la logística de la Argentina. En eso, Marcos Peña es alguien fundamental en el trabajo que hago todos los días. Entiende la realidad, entiende lo que pasa, es buena persona, es íntegro, es confiable. A algunos les gustará más, a otros les gustará menos. Somos un gran equipo de gobierno que cometemos errores y aciertos. Creo que hemos cometido más aciertos que errores. Es inevitable cuando hacés mucho que cometas errores.

—¿Está conforme con sus casi tres años de gestión?

—Sí, estoy muy conforme.

 —¿Qué le dijo a Javier Iguacel, que lo trajo usted al Gobierno, y que duró poco más de dos meses como ministro?

—Todos tenemos que saber que en algún momento tenemos que ceder. A los fines de lo que uno viene a hacer seas ministro o secretario no cambia nada. Puede cambiar en el ego… Si viniste a ser un ministro y sentarse en una silla y que todos te digan "señor ministro", cosa que yo detesto, odio que me digan ministro, no importan los cargos que tenés.