El sacudón de la crisis cambiaria puso a Mauricio Macri frente al difícil ejercicio de la autocrítica. Y asumió al menos dos. La primera, gestual, recomponer su propio círculo de decisiones con mayor espacio a las expresiones más políticas del oficialismo. La segunda, de manera expresa y vinculada con la anterior, el reconocimiento de los errores cometidos en materia de metas económicas y, más precisamente, el cambio forzado en diciembre. Resultado concreto: el primer renglón del temario quedó ocupado definitivamente por la reducción del déficit.

Los temblores o "turbulencias" provocadas por la escalada del dólar no dejaron espacio para señales ambiguas. Macri volvió a exponerse en conferencia de prensa, un día después de que hablaran los ministros Nicolás Dujovne y Luis Caputo, y pasado apenas un rato de que lo hiciera el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Por la mañana, el otro dato había sido la foto en Olivos que mostró el regreso a la mesa política del radical Ernesto Sanz y del jefe de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, junto a Macos Peña, Rogelio Frigerio y el gobernador Gerardo Morales.

El Presidente marcó implícitamente tareas, complejas y difíciles, que no regalan precisamente tiempo para lograr algunos resultados. Dijo que la responsabilidad mayor en la batalla contra la inflación es del jefe del Banco Central. Resulta, de algún modo, la reconstrucción del respaldo a Sturzenegger, que se había encargado de reasumir que su foco principal "vuelve a ser encauzar el proceso de desinflación".

Con algún cuidado de las palabras, admitió Macri el costo del cambio de meta expresado a fines de del año pasado, con la señal implícita que tuvo aquella decisión: Sturzenegger quedó dañado y debió salir de un modo u otro a desmentir su renuncia. La foto de aquellos días lo mostraba junto a Peña, Dujovne y Caputo.

Federico Sturzenegger, durante la conferencia de prensa de ayer
Federico Sturzenegger, durante la conferencia de prensa de ayer

Macri tomó el camino menos áspero, más bien del eufemismo, para definir aquel episodio y sus efectos como frutos de "problemas de coordinación" en el equipo económico. Con todo, se ocupó de ratificar a sus ministros. Dejó elogios a Caputo por las previsiones de las complicaciones externas y defendió las negociaciones con el FMI, en las que está embarcado centralmente Dujovne. Están a cargo de dos cuestiones sensibles.

En ese contexto –precipitado o desnudado por la crisis cambiaria que sacudió el tablero durante casi tres semanas- el déficit, y sobre todo la necesidad de "acelerar" su reducción, y la inflación quedaron anotados como ejes centrales de la política y no sólo de la economía.

El problema, según admiten distintas fuentes del oficialismo incluso en estas horas más distendidas, es el escaso margen que se vislumbra para avanzar con alguna fórmula que permita reducir el déficit. Ayer mismo, Macri señalaba que buena parte del Presupuesto es difícil de podar: el grueso está destinado al sistema previsional, planes y programas sociales, salarios estatales.

El problema vuelve a ser político. El oficialismo no está en condiciones de avanzar por sí solo en este terreno, no sólo por el desgaste actual sino además porque cualquier ajuste severo, o salvaje, demandaría además cambios legales que no podría garantizar en el Congreso (Ejemplo: jubilaciones). Esto, sin contar con la propia voluntad de sostener aún con desgarros el llamado gradualismo.

La búsqueda de acuerdos con los gobernadores –centralmente, los del PJ- también expresa al menos por ahora limitaciones. Los jefes provinciales vienen dando señales de no bombardear las negociaciones con el FMI. Además, no quieren quedar dando una imagen de mezquindad frente las necesidades de gobernabilidad o consensos que expuso de manera bastante electrizante la escalada del dólar.

Esos gestos fueron alimentados por consideraciones políticas, pero también prácticas. Las complicaciones financieras podrían tener estribaciones no previstas en sus propios cálculos locales: la inquietud, por supuesto, tiene registro en función del grado de orden o de problemas en las cuentas que vive cada provincia.

Mauricio Macri durante la reunión con un grupo de gobernadores del PJ la semana pasada
Mauricio Macri durante la reunión con un grupo de gobernadores del PJ la semana pasada

En sentido inverso corren las estimaciones electorales. ¿Cómo pararse en el escenario cuando lo que está demandado el Gobierno nacional no son fotos sino sentarse a discutir una reducción del déficit y, de hecho, limitaciones provinciales el año que viene?

Hasta ahora, el mensaje de los principales gobernadores del PJ ha sido que no entorpecerían el camino elegido por Macri: básicamente, las tratativas con el FMI y las decisiones tomadas para superar la megarenovación de Lebac. Ese día, el supermartes, resolvieron suspender un encuentro en la Capital para evitar que fuera leído como un dato inquietante. Pero están lejos de aceptar cualquier ecuación que suponga compartir costos con el Presidente.

La crisis cambiaria se anotó al mismo tiempo en un momento de tránsito interno con final aún no escrito. La idea más o menos extendida entre los jefes provinciales podría sintetizarse en la intención de construir un espacio peronista diferenciado claramente del kirchnerismo y en proceso de endurecimiento gradual frente a Macri. En el medio, y lejos de alguna claridad sobre posibles candidaturas presidenciales, tomaban volumen las especulaciones acerca del adelantamiento de elecciones locales para asegurar los territorios en sus manos.

Por supuesto, se trata de una puesta con más actores. Las posiciones de dureza del kirchnerismo, permanentes, parecen reducir márgenes de juego interno frente a temas sensibles. La batalla de las tarifas registró en parte esa incomodidad en Diputados y ya en el Senado deja escaso margen, si alguno, para negociar.

De todos modos, conviene no asimilar la cuestión del déficit a una pura negociación para asegurar el trámite parlamentario del Presupuesto que viene. El tema es más grave. Las gestiones del oficialismo con gobernadores y en menor medida, con legisladores, refieren a las cuentas nacionales y provinciales, y no se limitan a tironeos sobre los niveles de obra pública.
El punto es qué tipo de ajuste puede impulsar el Gobierno. También, qué grado tolera la política en general. El camino es estrecho.

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