Prevención del suicidio en Perú: Perú registró más de 2.500 atenciones durante el año, predominando adolescentes y jóvenes

El Ministerio de Salud alertó que adolescentes y adultos jóvenes concentran la mayor proporción de casos y recordó que cuenta con 306 centros comunitarios de salud mental

Un segmento de entrevista muestra a Héctor Ocampo, médico psiquiatra, donde aborda el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, explicando el significado del lazo amarillo como símbolo de concientización. Se presentan cifras sobre intentos de suicidio en Perú, destacando la prevalencia en adolescentes y adultos jóvenes. Se enfatiza la necesidad de cambiar la narrativa social y los prejuicios en torno a la salud mental y la prevención del suicidio.
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El Ministerio de Salud de Perú (Minsa) informó que, en lo que va del año, los servicios públicos registraron más de 2.500 atenciones a personas que intentaron quitarse la vida. La cifra volvió a poner el foco sobre la prevención, la detección temprana y el acceso a apoyo profesional en torno al Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre. El sistema sanitario dispone de 306 centros de salud mental comunitaria en distintas ciudades, provincias y distritos del país.

Estos establecimientos brindan servicios de prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación para personas que atraviesan problemas de salud mental, crisis emocionales o conductas de riesgo. Los equipos están integrados por psiquiatras, psicólogos, terapeutas y otros profesionales que atienden a pacientes de diferentes edades. El objetivo es que la ayuda esté disponible fuera de los grandes hospitales y más cerca de las comunidades, con intervenciones que incluyen a las familias y al entorno inmediato de cada persona.

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Durante el año anterior, las atenciones por intentos de suicidio superaron los 6.000 casos. Los datos muestran que el problema afecta de forma particular a adolescentes y adultos jóvenes, grupos que enfrentan cambios personales, familiares, escolares, laborales y sociales. La atención oportuna puede permitir identificar señales de alerta antes de que una crisis se agrave. También busca reducir el estigma que todavía rodea a la consulta psicológica o psiquiátrica y que, en muchos casos, demora el pedido de ayuda.

Dos personas sentadas a una mesa unen sus manos junto a tres láminas impresas y un rollo de cinta amarilla.
Una adulta sostiene las manos de una joven sobre una mesa con folletos de salud mental y una cinta amarilla como símbolo de contención. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cerca de ocho de cada diez casos se concentran antes de los 30 años

El médico psiquiatra Héctor Ocampo, integrante de la Dirección de Salud Mental del Minsa, señaló que la mayor concentración de ideas suicidas e intentos se presenta entre adolescentes y adultos jóvenes. El grupo de cero a 17 años concentra cerca del 40% de los casos registrados entre personas con ideación o intentos suicidas. Entre los 20 y los 30 años, la proporción llega al 39%, una distribución que revela la necesidad de reforzar los mecanismos de acompañamiento desde edades tempranas.

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En las personas de 30 a 50 años, el porcentaje baja al 18%, mientras que entre los adultos mayores representa el 2%. Aunque la incidencia es menor en ese último grupo, los especialistas advierten que todas las edades requieren atención ante cambios emocionales persistentes, aislamiento o expresiones de desesperanza. Las cifras permiten orientar campañas y recursos hacia los sectores con mayor exposición, pero no reemplazan la evaluación individual de cada situación ni el acompañamiento de profesionales de la salud mental.

Ocampo remarcó que los problemas emocionales no siempre se presentan bajo la imagen habitual de una persona triste, silenciosa o apartada. “La depresión no siempre es tristeza”, explicó. Durante la adolescencia, un cuadro depresivo puede expresarse a través de irritabilidad, cambios bruscos de ánimo, enojo frecuente, dificultades para concentrarse o modificaciones en la conducta. Una persona puede continuar con sus rutinas, relacionarse con amistades e incluso mostrarse alegre en determinados espacios mientras enfrenta pensamientos suicidas que no comunica de manera directa.

Jóvenes sentados en sofás dentro de una sala con afiches de la cinta amarilla en la pared y un lazo amarillo en el picaporte de una puerta.
Un grupo de jóvenes aguarda atención en la sala de espera de un centro de salud mental comunitario en Perú. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los cambios de etapa pueden aumentar la vulnerabilidad emocional

Las familias y las personas cercanas ocupan un lugar relevante en la detección de señales que pueden pasar inadvertidas. La recomendación es sostener canales de diálogo, escuchar sin minimizar lo que la otra persona expresa y observar transformaciones sostenidas en el comportamiento. La comunicación no exige tener respuestas inmediatas para todos los problemas, pero puede abrir un espacio para que adolescentes y jóvenes hablen sobre sus miedos, frustraciones, presiones o conflictos antes de que la situación alcance un punto crítico.

Adolescentes y adultos jóvenes constituyen grupos de especial vulnerabilidad frente a las conductas suicidas en el Perú. Difusión
Adolescentes y adultos jóvenes constituyen grupos de especial vulnerabilidad frente a las conductas suicidas en el Perú. Difusión

El inicio del primer grado de primaria, el paso a la secundaria y el ingreso a la universidad figuran entre las etapas que pueden requerir un acompañamiento mayor de madres, padres y cuidadores. Son períodos marcados por nuevas exigencias académicas, cambios de vínculos, adaptación a otros grupos y decisiones sobre el futuro. Esas transiciones no implican por sí mismas una crisis de salud mental, aunque pueden generar mayor vulnerabilidad en quienes ya enfrentan dificultades emocionales, familiares o sociales.

Ilustración de un joven sentado en el bordillo mirando hacia abajo mientras varias personas caminan al fondo.
Las crisis familiares, el estrés académico, las dificultades para conseguir empleo y las carencias socioemocionales figuran entre los factores asociados al suicidio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El abordaje preventivo incluye evitar juicios, reproches y frases que resten importancia al sufrimiento de otra persona. Los especialistas plantean que las expresiones de angustia, desesperanza o deseo de desaparecer deben ser tomadas en serio. La escucha activa y la consulta con profesionales pueden ofrecer una primera orientación para las familias. La atención también resulta necesaria para quienes acompañan una crisis, ya que el entorno suele atravesar incertidumbre, dolor y sentimientos de culpa ante una situación que puede resultar difícil de comprender.

La cinta amarilla busca promover conversaciones y pedidos de ayuda

La cinta amarilla se consolidó como uno de los símbolos vinculados con la prevención del suicidio. Su origen se relaciona con el homenaje a un adolescente que murió en Colorado, Estados Unidos, en septiembre de 1994. El joven era aficionado a la mecánica y había reparado un Ford Mustang amarillo. Después de su muerte, familiares y personas de su entorno comenzaron a distribuir cintas de ese color como una forma de recordarlo y de promover conversaciones sobre la salud mental entre los jóvenes.

Lazo de tela satinada de color amarillo atado a la manija metálica de una puerta blanca con un pasillo desenfocado al fondo.
Una cinta amarilla atada a la manija de una puerta en un centro sanitario representa la concientización y la prevención en salud mental. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según explicó Ocampo, el adolescente no había mostrado señales visibles de tristeza ni de atravesar un momento difícil. Esa circunstancia reforzó el mensaje de que las crisis emocionales no siempre son evidentes para quienes rodean a una persona. Con el tiempo, la cinta amarilla pasó a representar campañas de concientización, espacios de escucha y acciones destinadas a derribar el silencio que suele acompañar a las ideas suicidas. El símbolo apunta a recordar que pedir ayuda y ofrecerla puede formar parte de la prevención.

Mujer con jersey claro y pantalones oscuros sentada en el suelo con lágrimas en el rostro junto a una mesa auxiliar y un sofá de cuero.
Arequipa registró 78 suicidios en lo que va de 2026 y mantiene una de las cifras más altas del país. (Crédito: Agencia Andina) (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo de los centros comunitarios del Minsa busca acercar la atención profesional a las personas y sus familias. Acudir a un psicólogo o a un psiquiatra no supone necesariamente la existencia de un trastorno grave. La consulta puede servir para recibir consejería, ordenar preocupaciones, abordar conflictos familiares o incorporar herramientas frente a situaciones de angustia. La red de 306 centros de salud mental comunitaria también procura acompañar a las familias, que necesitan información y contención cuando uno de sus integrantes atraviesa una crisis.

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