Hábitos que convierten a un padre en una figura positiva para sus hijos

Especialistas coinciden en un punto: la paternidad no se reduce a proveer, sino a involucrarse con presencia, afecto y límites

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Padre e hijo preadolescente sentados a la mesa de madera en una cocina luminosa, ambos con tazas, frente a estantes y una lámpara de mimbre.
Un padre y su hijo preadolescente disfrutan de un tranquilo desayuno matutino, compartiendo una conversación atenta en la cocina de su hogar peruano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Día del Padre 2026 se celebrará en Perú el domingo 20 de junio, una fecha que abre una pregunta práctica: qué hacen, en el día a día, los padres que dejan una huella constructiva en sus hijos. Especialistas de EsSalud, el Ministerio de Salud (Minsa) coinciden en un punto: la paternidad no se reduce a proveer, sino a involucrarse con presencia, afecto y límites.

Ser una figura paterna positiva implica interés genuino, vínculo afectivo y rechazo de la violencia. En 2022, el médico psiquiatra Humberto Maldonado, del Minsa, indicó que la presencia del padre es tan importante como la de la madre para el adecuado desarrollo socioemocional, y que una paternidad equitativa y sana se construye con acciones cotidianas, afecto y seguridad.

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Presencia real: involucrarse desde el inicio y sostener el vínculo

La psicóloga Beatriz Vega Muñoz, del Policlínico Pablo Bermúdez de EsSalud, sostuvo en 2014 que el padre debe revalorarse como una influencia directa en el desarrollo de la personalidad de niñas y niños desde el nacimiento, e incluso desde el embarazo. Su recomendación fue clara: el padre puede convertirse en objeto de amor, modelo y guía, con actitudes que se sostienen en el crecimiento.

Esa presencia temprana también se traduce en contacto físico y cuidado. En 2019, EsSalud difundió métodos aplicados en neonatología como “papá canguro” y “papá oso”, con contacto piel a piel para favorecer el apego, el estado emocional y, en algunos casos, prevenir infecciones en bebés prematuros o nacidos por cesárea. La doctora Carmen Fernández, jefa del Servicio de Neonatología del Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins (EsSalud), explicó ese año que el calor, la seguridad y la estimulación forman parte de lo que se busca con el contacto temprano.

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Padre e hija sentados en el suelo, sonriendo mientras construyen una torre con bloques de madera en una sala iluminada con luz natural, rodeados de plantas.
Un padre y su hija pequeña comparten risas y construyen una torre de bloques de madera en una sala luminosa, rodeados de juguetes y plantas de interior, creando un ambiente de alegría y aprendizaje. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Afecto y seguridad: demostrar apoyo con gestos y palabras

Un hábito que se repite en las recomendaciones es la expresión clara del cariño. Vega Muñoz señaló que involucrarse también significa hacerle saber al hijo, con gestos y palabras, que lo respeta, lo apoya y lo ama. Para la especialista, ese vínculo influye en autoestima, socialización, aprendizaje y capacidad constructiva de amar.

En la misma línea, Maldonado afirmó que un buen padre construye un vínculo cariñoso y de confianza a través de acciones cotidianas, y provee afecto y seguridad ante las dificultades de la vida. También advirtió que las figuras paternas ausentes pueden dejar huellas en la personalidad, la resiliencia y las formas de enfrentar conflictos.

Educar con el ejemplo y con respeto

La formación se sostiene tanto en lo que se dice como en lo que se hace. El psicólogo Manuel Saravia, director del Instituto Guestalt de Lima, señaló en 2024 a la agencia Andina que hoy se observa un padre más expresivo y comunicativo, que asume errores y participa en el quehacer doméstico. En ese marco, subrayó que un buen padre educa con el ejemplo y con respeto, y que debe mostrarse abierto, flexible y empático, lejos de una actitud rígida y distante.

Jacqueline Valdivieso, psicóloga especialista en psicoterapia cognitivo-conductual de la Dirección de Salud Colectiva del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado – Hideyo Noguchi, indicó en 2015 que el vínculo afectivo desde la gestación y su fortalecimiento en la crianza contribuyen a la identidad, autoestima, seguridad y equilibrio emocional.

Primer plano de manos de adulto y niño sobre mesa de madera clara. Entre ellas, un papel con dibujos coloridos de una casa y "Reglas del Hogar". Fondo desenfocado con lápices y planta.
Manos de un padre y un hijo se entrelazan sobre una hoja de papel arrugada que muestra un dibujo de "Reglas del Hogar", simbolizando diálogo y acuerdo en la crianza familiar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Poner límites: proteger sin sobreproteger

Ser cercano no equivale a ceder en todo. En 2019, especialistas de EsSalud alertaron sobre el aumento de consultas por ansiedad, miedo, baja tolerancia a la frustración y problemas de conducta en niños asociados a la sobreprotección. Rosario Huasasquiche Yong, psicóloga infantil de EsSalud, afirmó ese año que “los padres tienen el deber de proteger a sus hijos, pero no sobreproteger”, porque al hacerlo los menores no aprenden a lidiar con derrota, fracaso o decepción.

Su recomendación fue establecer normas y reglas de conducta para promover un comportamiento adecuado durante el desarrollo, sin reemplazar la experiencia del niño por soluciones adultas que limiten su autonomía.

Tiempo de calidad y escucha diaria

La paternidad también se construye en rutinas sostenidas. Vega Muñoz propuso crear y conservar rituales saludables como viajar, pasear y alentar aficiones, además de compartir responsabilidades domésticas, como visitas médicas o reuniones escolares, y armonizar trabajo y hogar.

Saravia recomendó practicar la escucha activa y dedicar cinco o diez minutos diarios a escuchar a los hijos para fortalecer el vínculo. También advirtió que el exceso de trabajo puede generar culpa y derivar en permisividad, por lo que insistió en reglas claras y orientación constante, incluso sobre el uso de dispositivos electrónicos.

Rechazar la violencia y cuestionar ideas machistas

Un padre positivo también marca un límite ético. Maldonado sostuvo que una figura paterna saludable rechaza la violencia en todas sus formas y promueve valores como solidaridad y apoyo mutuo. Además, llamó a cuestionar ideas machistas que normalizan la ausencia paterna o reducen la paternidad al rol proveedor, y a promover responsabilidades de cuidado, educación, amor y respeto.

En conjunto, estos hábitos no dependen de gestos grandilocuentes, sino de una práctica constante: presencia real, afecto, ejemplo, límites y escucha. Esa combinación es la que, con el tiempo, se vuelve memoria en la vida de un hijo.

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