Huaylarsh: por qué y desde cuándo esta danza del valle del Mantaro es Patrimonio Cultural de la Nación

Cada 23 de febrero se conmemora la declaración del Huaylarsh como Patrimonio Cultural de la Nación, un reconocimiento estatal que destaca su origen prehispánico, su vigencia en Junín y su aporte decisivo a la identidad del valle del Mantaro

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Huaylarsh - valle del Mantaro - Patrimonio Cultural de la Nación – Perú – noticias – 22 febrero
La persistencia del Huaylarsh como tradición milenaria pone en relieve la capacidad de las comunidades andinas para preservar su identidad y renovar el sentido de pertenencia en un contexto de profundo mestizaje y cambio social (Andina)

El Huaylarsh, una de las expresiones dancísticas más representativas de los Andes centrales, celebra cada 23 de febrero el aniversario de su reconocimiento oficial como Patrimonio Cultural de la Nación.

La distinción, otorgada en 2005 por el entonces Instituto Nacional de Cultura, hoy Ministerio de Cultura, subraya su raíz prehispánica, su permanencia histórica y su papel esencial en la configuración de la identidad del valle del Mantaro, en la región Junín.

Esta danza, asociada a la cosecha, al galanteo y al calendario festivo andino, combina memoria ancestral y transformación social, lo que explica su vigencia en comunidades rurales y espacios urbanos.

Raíces ancestrales y significado cultural

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El Huaylarsh hunde sus raíces en la civilización wanka y en rituales agrícolas que articulaban trabajo, fertilidad y gratitud a la Pachamama en el valle del Mantaro (Andina)

El reconocimiento estatal al Huaylarsh se sustenta en su profundo arraigo histórico. Diversos estudios ubican su origen en la civilización wanka, asentada en el valle del Mantaro antes de la expansión incaica. En ese contexto, la danza constituía una manifestación ritual vinculada a la siembra, la trilla y la cosecha, así como a la gratitud hacia la Pachamama.

El componente agrícola marcó su sentido primigenio. La celebración del verdor, la fertilidad y el afecto entre hombres y mujeres formó parte de una cosmovisión en la que el trabajo colectivo y la vida comunitaria se integraban con lo sagrado.

El escritor José María Arguedas describió esta expresión como una práctica interpretada antes, durante o después de la faena agrícola. En esa línea citó a Zenobio Dagha al afirmar: “esta es la verdadera médula del origen del Waylarsh Wanka, inmerso en el mito, fuerzas cósmicas y mágico religioso, sobre todo en el desarrollo y la vigencia de la cultura popular wanka, aunque no les guste a los chauvinistas y folcloristas locales que no ven más allá de los cerros de su aldea”.

La etimología del término también refuerza su significado simbólico. Investigaciones lingüísticas relacionan “Huaylla” con prado verde o buen pasto y “Huaylluy” con amar con ternura. Otros estudios desde el aimara aluden a la paja para techar y al amor como caricia o arrullo. Para el investigador Aquilino Castro Vásquez, estos vocablos remiten a la idea de verdor y afecto, nociones centrales en la danza.

Tradición, transformación y puesta en escena

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El reconocimiento oficial valoró tanto la versión rural como la mestiza moderna del Huaylarsh, expresiones que combinan continuidad histórica y renovación escénica. (Andina)

El Estado reconoció no solo su antigüedad, sino también las formas que adopta en la actualidad. La resolución que oficializó su condición patrimonial valoró tanto la versión rural tradicional como la mestiza moderna, entendidas como expresiones de continuidad y cambio.

La modalidad antigua busca evocar la danza posterior a la jornada agrícola. Se asemeja a prácticas como la Cachua o el Haylli, donde el cortejo entre varones y mujeres se manifiesta mediante secuencias coreográficas ágiles y competitivas.

En contraste, la versión moderna se vincula a Zenobio Dagha Sapaico, natural de Chupuro, quien en 1949 presentó la obra Mi tierra wankae impulsó un nuevo estilo. Un año después fundó la orquesta Juventud Huancaína, hecho que consolidó esta variante.

El Huaylarsh contemporáneo se interpreta con frecuencia en carnavales y certámenes nacionales. Participan diez parejas conformadas por hualarsh y huamlas. La indumentaria conserva rasgos distintivos: los varones portan chucu, camisa de bayeta blanca sin cuello, saco y pantalón negros, faja multicolor, ojotas y pañuelos.

Las mujeres lucen sombrero adornado con flores, fustanes en capas, maquitos, faja tejida, manta y quipi que guarda botellas de chicha. Cada elemento remite a la vida rural y al simbolismo agrícola.

En 2016, el Consejo Municipal de Huancayo estableció mediante ordenanza que el miércoles de ceniza se celebre el Día del Huaylarsh, institucionalizando su presencia en el calendario local.

Identidad regional y reconocimiento nacional

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La declaración patrimonial de 2005 consolidó al Huaylarsh como símbolo identitario de Junín y referente cultural del país. (Andina)

La declaración como Patrimonio Cultural de la Nación el 23 de febrero de 2005marcó un hito en la valoración oficial de esta danza. El documento de reconocimiento subraya que, por sus raíces prehispánicas, merece protección y promoción para garantizar el respeto a su tradicionalidad y originalidad.

El Huaylarsh constituye un eje identitario en Junín y en particular en la provincia de Huancayo. Su práctica se transmite de generación en generación, lo que asegura su permanencia. Está presente en celebraciones costumbristas de la sierra central y en actividades culturales de otras regiones.

Además, se ha convertido en un atractivo turístico relevante. Miles de visitantes llegan cada año para presenciar concursos y festividades. La llamada Ruta del Huaylarsh comprende 45 localidades de la provincia de Huancayo donde la danza se practica de manera constante.

Entre ellas figuran Chongos Bajo, Chongos Alto, Chicche, Chupuro, Huancán, Huayucachi, Huasicancha, Huari, Pucará, Sapallanga, La Punta, Viques, Quishuar, Pititayo, Vista Alegre, Palaco, Palmalloc, Pariahuanca, Pumpuya, Sicaya, Chilca, El Tambo y sus comunidades Cullpa y Cochas Grande.

El reconocimiento patrimonial consolidó al Huaylarsh como parte de las manifestaciones culturales orales y tradicionales del país. Su carácter participativo, su energía coreográfica y su vínculo con la memoria agrícola explican por qué el Estado peruano decidió otorgarle esa categoría y promover su difusión en el ámbito nacional.