Denunciaron extorsión y días después detonaron un explosivo en su casa: el ataque a una familia en Ancón

La detonación frente a una vivienda habitada por una familia del sector turístico se suma a una sucesión de episodios violentos que incrementan el temor y la sensación de desprotección en el distrito

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Unos sujetos, a bordo de una motocilceta, arrojaron explosivos contra la puerta de la vivienda de una familia emprendedora. | Latina Noticias

El turismo náutico en Ancón —una actividad que en los últimos años se había convertido en una alternativa de ingreso para decenas de familias— quedó marcado esta semana por la violencia criminal. Durante la noche del pasado domingo, una familia dedicada al alquiler de yates vivió lo que muchos emprendedores en el país temen y pocos denuncian a tiempo: un atentado con explosivos en la puerta de su vivienda, pese a haber acudido días antes a la Policía para advertir amenazas.

El artefacto detonó frente a su casa, en un barrio residencial, mientras había niños jugando en la calle. La explosión destrozó la puerta principal y provocó pánico entre los vecinos. Dos menores y dos jóvenes universitarias fueron trasladadas a un hospital por lesiones auditivas y afectaciones emocionales. El mensaje fue claro: el aviso previo no había sido una advertencia vacía.

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Atentado en vivienda
Una familia dedicada al alquiler de yates sufrió un atentado con explosivos en su vivienda tras denunciar amenazas previas. - Crédito: Facebook / Ancón Noticias

Amenazas previas y una denuncia sin respuesta

Según el testimonio de la familia, las amenazas comenzaron cinco días antes del atentado. A través de mensajes de WhatsApp, un grupo que se autodenomina ‘La Jauría' advirtió que atentaría contra su vida y su vivienda si no accedían a pagar un ‘cupo’ (cuota extorsiva). No se mencionó un monto específico, pero sí la promesa de “protección”, una fórmula ya conocida en los esquemas de extorsión que se repiten en distintos puntos del país.

Ante esos mensajes, los afectados acudieron a la sede principal de la Dirincri para presentar la denuncia. Sin embargo, las comunicaciones no cesaron. Dos días después, tras no recibir respuesta de los extorsionadores ni avances visibles en la investigación, el ataque se concretó.

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“Estábamos en una videollamada cuando se escuchó la explosión. Todo fue pánico”, relató un familiar. Testigos señalaron que dos sujetos llegaron en una motocicleta; uno descendió, lanzó el explosivo y huyó. Antes de escapar, incluso amenazaron a una vecina que se encontraba en la vía pública.

Atentado envivienda
La banda autodenominada ‘La Jauría’ exigió el pago de un ‘cupo’ mediante mensajes de WhatsApp como parte de un esquema de extorsión. - Crédito: Facebook / Ancón Noticias

Ancón bajo presión criminal

El atentado no es un hecho aislado. En las últimas semanas, comercios y viviendas de Ancón —conocido balneario histórico situado al norte de Lima— han sido blanco de ataques similares, en medio de un patrón que se repite: amenazas, denuncias formales y, finalmente, violencia. Para los vecinos, la sensación es la misma: la criminalidad avanza más rápido que la capacidad de respuesta del Estado.

La familia afectada asegura que no se trata de empresarios acaudalados. Brindan servicios turísticos desde hace cerca de diez años y su sustento depende de paseos náuticos dirigidos a visitantes y familias. “No tenemos grandes recursos. Vivimos de esto”, señalan, mientras ahora evalúan si continuar o no con su actividad por temor a nuevos ataques.

Miedo, silencio y abandono

El atentado contra la familia dedicada al turismo náutico no fue un hecho aislado. Días antes, el 21 de enero de 2026, una pollería ubicada en el sector Villa Estela, en Ancón, también fue atacada con un explosivo. En ese caso, sujetos a bordo de una motocicleta lanzaron el artefacto contra el local y huyeron inmediatamente. No se reportaron heridos, pero los daños materiales fueron considerables.

La secuencia se repite: motocicletas, explosivos caseros, ataques nocturnos y amenazas que anteceden a la violencia. Comercios pequeños, familias emprendedoras y servicios locales se han convertido en blancos recurrentes de bandas criminales que operan con una lógica de intimidación sistemática.

Atentado en pollería
La pollería atacada en Villa Estela, Ancón, fue blanco de un atentado con explosivos el 21 de enero. Tras la detonación, los responsables enviaron un mensaje por WhatsApp, reforzando el patrón extorsivo en la zona. - Crédito: Facebook / Lo Vi en Puente Piedra

Más allá de los daños, estos atentados dejan una herida más profunda: la percepción de abandono. La familia afectada por el ataque más reciente asegura no haber recibido información sobre avances concretos en la investigación policial, pese a haber denunciado las amenazas con anticipación.

El caso vuelve a poner en evidencia una realidad que se extiende en distintos sectores productivos: emprender en el Perú implica hoy convivir con la amenaza constante de bandas criminales. En Ancón, como en otros distritos del país, el silencio comienza a imponerse no por falta de indignación, sino por miedo. Y esa es, quizás, la victoria más peligrosa para quienes viven de la extorsión.

Atentado en pollería
Ancón registra un aumento en los ataques a comercios, mostrando un patrón de amenazas, denuncias y violencia reiterada. - Crédito: Facebook / Lo Vi en Puente Piedra