
Albert Giesecke fue un destacado educador que marcó un antes y un después en el Cusco. A su llegada, en 1909, fue contratado por el gobierno peruano para asumir el rectorado de la Universidad Nacional de San Antonio Abad.
En la casa de estudios, implementó reformas innovadoras que transformaron la institución y modernizaron la educación en la región.
Además de su contribución académica, Giesecke desempeñó un rol clave como alcalde del Cusco, donde impulsó el desarrollo urbano, incluyendo la pavimentación de calles y la construcción de acceso a Sacsayhuamán.
Una llegada que marcaría el cambio

El arribo de Giesecke al Perú respondió a un esfuerzo del gobierno peruano por modernizar el sistema educativo. Bajo la dirección de Manuel Vicente Villarán, ministro de Justicia e Instrucción, y mediante la recomendación del profesor Leo Rowe, Giesecke fue seleccionado para asumir el reto de transformar la educación en el país.
Inicialmente, Giesecke se incorporó al Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, donde se encargó de impulsar la sección comercial y colaborar en la reforma de la educación secundaria. Sin embargo, su verdadera misión lo esperaba en el Cusco: revitalizar una universidad que había cerrado sus puertas el año anterior.
La transformación de la Universidad de San Antonio Abad

En 1910, el entonces presidente Augusto B. Leguía nombró a Giesecke como rector de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.
Este nombramiento generó controversia debido a su juventud y nacionalidad, pero pronto se demostraría que su elección fue acertada. Desde su llegada, el estadounidense implementó una serie de reformas que modernizaron la institución, convirtiéndola en un centro académico de referencia en la región.
Bajo su liderazgo, se creó el Museo Arqueológico de la universidad, que albergaba y promovía el estudio del vasto patrimonio histórico local.
Además, impulsó estudios sociológicos y realizó un censo de la ciudad con el apoyo de sus alumnos, lo que permitió obtener una visión más precisa de las condiciones sociales y económicas de la región. Este enfoque integral en la enseñanza y la investigación consolidó su reputación como un reformador comprometido con el progreso académico y social.
Promotor del desarrollo urbano

Simultáneamente, a su labor en la universidad, Giesecke también participó activamente en la vida política y social del Cusco. En 1912, fue elegido miembro del concejo municipal, y en 1920 asumió el cargo de alcalde de la ciudad, función que desempeñó hasta 1923.
Una de sus obras más destacadas como alcalde fue la construcción de la carretera que permitía acceder a las ruinas de Sacsayhuamán, uno de los principales atractivos turísticos y arqueológicos de la región. Este proyecto fue clave para el desarrollo del turismo en el Cusco, que empezaba a vislumbrarse como una fuente importante de ingresos para la ciudad.
Una vida dedicada al Perú

En 1923, tras trece años en el Cusco, Giesecke dejó el rectorado de la universidad para trasladarse a Lima, donde continuó desempeñando roles de relevancia en el ámbito educativo y diplomático.
En 1924, fue designado director general de Enseñanza del Ministerio de Justicia e Instrucción, puesto que ocupó hasta 1930. Durante este periodo, su influencia en la política educativa peruana se consolidó, contribuyendo a la mejora del sistema educativo nacional.
Además de su contribución a la educación, Giesecke fue consultor de la Comisión Plebiscitaria de Tacna y Arica entre 1925 y 1926, en un momento crucial para la resolución del conflicto territorial entre Perú y Chile.
A lo largo de su carrera, publicó diversas obras sobre arqueología y geografía peruana, demostrando su profundo interés por el país que lo había acogido y donde dejó un legado perdurable.
Un vínculo profundo con el Cusco

Albert Giesecke no solo se convirtió en una figura influyente en el ámbito académico y político, sino que también formó una familia en el Cusco. Se casó con María Esther Matto Usandivaras, descendiente de la escritora Clorinda Matto de Turner, una de las literatas más destacadas del siglo XIX. Juntos tuvieron dos hijos, Esther Catalina y Alberto Antonio, quienes heredaron el legado de su padre tanto en el Cusco como en el Perú.
Albert Anthony Giesecke falleció en Lima en 1968, pero su legado perdura en la ciudad imperial, donde su obra sigue siendo un referente para el desarrollo educativo y cultural del Perú.
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