“Los días que no tengo energía para escribir me acuerdo de estar en la oficina, enojada con el mundo, pasándola mal, soñando con ser escritora, pero pensando que no podía hacerlo”
“Los días que no tengo energía para escribir me acuerdo de estar en la oficina, enojada con el mundo, pasándola mal, soñando con ser escritora, pero pensando que no podía hacerlo”

Se recibió de economista y ejerció como especialista en marketing, pero justo antes de cumplir los treinta, la sueca Camila Läckberg (43) dio un vuelco fenomenal y se convirtió en la escritora de novela negra más leída de Europa. La saga sobre Los crímenes de Fjällbacka, la pequeña comunidad de pescadores en Suecia en la que creció, vendió más de 25 millones de ejemplares y la ubicó en el podio de las autoras ponderadas en más de setenta países.

Muertes misteriosas, intrigas policiales y atmósferas cruentas e inquietantes forman parte del universo narrativo que recorre cada una de sus historias. Pero su reinvención personal no termina acá: también escribe literatura infantil y libros de cocina, se probó como guionista y es copropietaria de su propia marca de joyas.

En su último libro, La bruja (la décima y voluminosa entrega de la saga de Los crímenes de Fjällbacka, editada en Argentina por Océano), se sumerge en el drama que desata la desaparición de una niña a la vez que indaga en las cacerías y quema de mujeres en la Suecia del siglo XVII; una persecución que de algún modo, asegura, no terminó. Dice que ella misma, casada con Simon Sköld, un luchador de artes marciales trece años menor que la autora, sería una de las candidatas a la hoguera.

"Durante años las revistas estuvieron escribiendo sobre nosotras, cuando el mundo está lleno de hombres que salen con mujeres más jóvenes que ellos. Aunque estemos en 2018, si desafiás la norma, tenés voz propia y sos independiente, muchas veces sos juzgada", comparte en plena charla íntima, de paso por Buenos Aires, y antes de continuar su raid de presentaciones.

Camila es la reina sueca del crimen. Atrapante, “La bruja”, el último libro de la escritora y el décimo de la serie policíaca Los crímenes de Fjällbacka, la saga que la autora inició en 2003 con el lanzamiento de “La Princesa de hielo”.
Camila es la reina sueca del crimen. Atrapante, “La bruja”, el último libro de la escritora y el décimo de la serie policíaca Los crímenes de Fjällbacka, la saga que la autora inició en 2003 con el lanzamiento de “La Princesa de hielo”.

—Cambiando de tema, ¿por qué creés que atraen tanto los thrillers psicológicos y policiales?, ¿qué fibras humanas tocan?

—Tiene que ver con una necesidad muy primitiva y humana de enfrentar y abordar nuestros propios temores. Por eso, para explicarles a mis hijos lo que hacía, les decía que escribía historias de fantasmas para adultos. Ahora les tenemos pánico a los asesinatos, a la muerte, a los violadores y a los terroristas. Esos son los fantasmas de la era moderna. Leer ficción, en la seguridad del hogar, nos ayuda a lidiar con la angustia y la impotencia que a veces sentimos cuando abrimos un diario y vemos lo que sucede. Con el asesinato de chicos que aparecen en mis libros es igual. No diría que es una obsesión personal, pero como madre el miedo más grande es que algo les pase a mis hijos. Escribir sobre asesinatos es mi forma de hacer terapia. En la novela, a diferencia de lo que sucede en la vida real, el violador o el asesino suelen ir presos y el final es feliz, lo que nos otorga una cuota de alivio.

“Escribir sobre asesinatos es mi forma de hacer terapia. En la novela, a diferencia de lo que sucede en la vida real, el violador o el asesino suelen ir presos y el final es feliz, lo que nos otorga una cuota de alivio”
“Escribir sobre asesinatos es mi forma de hacer terapia. En la novela, a diferencia de lo que sucede en la vida real, el violador o el asesino suelen ir presos y el final es feliz, lo que nos otorga una cuota de alivio”

—Por otro lado, ¿qué dirías que aportó tu pasado como economista al desarrollo de tu carrera como novelista? 

—El marketing me ayudó mucho porque enseguida me di cuenta de que para ser conocida por el gran público tenía que construirme como marca. Se solía decir que un buen libro se vendía por sí mismo, pero eso no es verdad. Además, esa vida anterior es clave para mi motivación. Los días que no tengo energía para escribir me acuerdo de estar en la oficina, enojada con el mundo, pasándola mal, soñando con ser escritora, pero pensando que no podía hacerlo. Hasta que me animé. Aunque las historias de crímenes me insumen un esfuerzo muy arduo, sé lo que hago, es un mundo controlado. Siempre me gustó lanzarme a hacer cosas que no sé si voy a poder lograr.

Textos: Mara Derni (mderni@atlantida.com.ar)
Fotos: Axel Indik

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