
Panamá recibió $141 millones en remesas durante el primer trimestre de 2026, un aumento de 3.4% frente a los $136,4 millones registrados en igual período del año anterior.
Sin embargo, el país continuó enviando más dinero del que ingresó por esta vía: las transferencias hacia el extranjero alcanzaron $157 millones, tras crecer 1% en comparación con los $155.4 millones de los primeros tres meses de 2025.
El balance dejó una salida neta cercana a $16 millones entre enero y marzo. Aunque la diferencia se redujo frente a los $19.1 millones del mismo lapso de 2025, las cifras confirman una característica que distingue a Panamá de buena parte de América Latina y el Caribe: en los años recientes ha funcionado más como emisor que como receptor de remesas.
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Esa condición está relacionada, entre otros factores, con la presencia de trabajadores extranjeros que se han establecido en el país y envían parte de sus ingresos a sus familias.
El crecimiento de la población migrante durante la última década amplió los flujos hacia países como Colombia, Nicaragua, Venezuela y República Dominicana.
No obstante, las estadísticas no permiten atribuir todo el movimiento exclusivamente a trabajadores migrantes. El registro incluye operaciones realizadas mediante casas de remesas, bancos y otros canales, y también puede abarcar transferencias familiares efectuadas por residentes, profesionales, empresarios y personas con vínculos económicos en otros países.
Estados Unidos lidera los ingresos
Estados Unidos se mantuvo como el principal origen del dinero recibido por los hogares panameños, con $85,7 millones en el primer trimestre. Le siguieron Venezuela, con $14.6 millones; Reino Unido, con $11 millones; Colombia, con $5.8 millones, y España, con $2.6 millones.
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El comportamiento por país fue desigual. Los envíos procedentes de Estados Unidos bajaron frente a los $88.4 millones del primer trimestre de 2025, pero ese retroceso fue compensado por mayores entradas desde Venezuela, Reino Unido, Colombia y España.
El incremento procedente de Venezuela fue particularmente significativo: pasó de $11.8 millones a $14.6 millones. Reino Unido también registró un avance importante, desde $8.6 millones hasta más de $11 millones.

En dirección contraria, Colombia recibió $71,9 millones desde Panamá, casi el 46% del total enviado al exterior. Le siguieron Venezuela, con $20.1 millones; Nicaragua, con $15,6 millones; Estados Unidos, con $9,3 millones, y República Dominicana, con $7,2 millones.
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Aunque Colombia continuó dominando los destinos, el monto disminuyó frente a los $77,1 millones del primer trimestre anterior. La reducción fue contrarrestada por el fuerte aumento hacia Venezuela, que pasó de $13.6 millones a $20.1 millones.
El cambio registrado en 2025
El comportamiento reciente muestra una expansión mucho mayor en las remesas recibidas. Durante todo 2024, Panamá captó $467.6 millones y envió $592.7 millones, lo que produjo una salida neta superior a $125 millones.
En 2025, las entradas aumentaron a $561,2 millones, alrededor de 20% más, mientras las salidas llegaron a $607 millones, con un crecimiento cercano a 2,4%. La brecha se redujo así a aproximadamente $45.8 millones, aunque el país mantuvo su posición como emisor neto.
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La comparación revela que Panamá continúa enviando más recursos de los que recibe, pero la distancia entre ambos flujos se ha estrechado por el fuerte crecimiento del dinero procedente del exterior.

El escenario panameño contrasta con el de numerosas economías centroamericanas y caribeñas, donde las remesas constituyen una fuente esencial de ingresos para los hogares y representan una proporción importante de la actividad económica.
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo aportadas para este análisis, América Latina y el Caribe recibió un récord de $173.733 millones en 2025, un incremento de 7.3% frente a 2024. Para 2026, los datos preliminares apuntan a una expansión más moderada.
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El BID atribuye parte del salto del año pasado a envíos extraordinarios efectuados por migrantes ante la incertidumbre sobre las políticas migratorias, financiados mediante ahorros y más horas de trabajo. Esa capacidad tendría límites en 2026 debido al agotamiento de reservas disponibles y a las condiciones del mercado laboral estadounidense.
Para Panamá, el crecimiento de las entradas puede favorecer el consumo de los hogares que reciben estos recursos, pero las salidas también reflejan el papel del país como fuente de empleo para comunidades extranjeras.
El primer trimestre confirma ambas realidades: ingresan más remesas, aunque todavía sale una cantidad mayor hacia los países de origen de miles de trabajadores y residentes.
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