
La producción de bebidas alcohólicas en Panamá registró un incremento de 12.7% en enero y febrero de 2026, al alcanzar 48.8 millones de litros, frente a los 43.3 millones del mismo período de 2025, según datos oficiales de la Contraloría General de la República.
Este crecimiento, aunque relevante en términos estadísticos, se da sobre una base de comparación distorsionada por la fuerte caída del consumo registrada el año anterior, lo que obliga a analizar el comportamiento del sector con mayor cautela.
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El repunte se explica principalmente por el desempeño de la cerveza, que aumentó 13.4%, y del ron, con un crecimiento de 21.1%, mientras que el whisky se disparó 29.8%, aunque con volúmenes mucho menores.
En contraste, otras categorías mostraron retrocesos importantes, como el seco, que cayó 8.9%, la ginebra con una baja de 17.9%, el vodka con -10.4% y el coñac con una contracción de 25.2%, reflejando un comportamiento desigual dentro de la industria.

De acuerdo con René Quevedo, director ejecutivo de la Asociación Empresarial de Bebidas Fermentadas y Destiladas de Panamá (AEB Panamá), estas cifras deben interpretarse en su contexto. El primer semestre de 2025 estuvo marcado por una fuerte contracción del consumo, especialmente en las provincias de Panamá y Panamá Oeste, que concentran cerca del 70% del consumo nacional, lo que convierte las comparaciones interanuales en un indicador limitado para medir la recuperación real del mercado.
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Ese deterioro del consumo estuvo vinculado a factores económicos y sociales específicos. El conflicto minero y la pérdida del grado de inversión por parte de Fitch Ratings provocaron la pérdida de 125 mil empleos entre agosto de 2023 y octubre de 2024, lo que redujo la capacidad de compra de los hogares y golpeó directamente la demanda de productos como las bebidas alcohólicas, que dependen en gran medida del ingreso disponible.
Los efectos de ese escenario se reflejaron con claridad en 2025. Según Quevedo, durante la primera mitad del año pasado se registró una caída de 11% en la recaudación del ITBMS, acompañada de una disminución de 12% en el consumo de bebidas alcohólicas, con reducciones de 11% en cerveza, 15% en seco y hasta 40% en ron, evidenciando una contracción profunda en el mercado que ahora condiciona las cifras actuales.
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En ese contexto, aunque la producción muestra crecimiento en 2026, el nivel de actividad aún no alcanza los registros previos a la crisis. De hecho, los datos comparados con 2024 reflejan que el sector todavía opera por debajo de su capacidad histórica.

La producción total en 2025 cerró en 266.7 millones de litros, lo que representó una caída de 6.2% respecto a 2024, año en el que se alcanzaron más de 284.4 millones de litros, confirmando el impacto del ajuste económico en el sector.
Incluso al analizar el primer bimestre, la industria muestra señales mixtas. Quevedo advierte que, con excepción del seco, que presenta una leve mejora en algunos segmentos, el resto del mercado aún mantiene un déficit aproximado de 6% frente a 2024, lo que indica que, si bien hay una recuperación en marcha, esta sigue siendo parcial y no homogénea entre categorías.
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El comportamiento reciente también pone en evidencia un cambio en la estructura del consumo, con una mayor concentración en productos de mayor rotación, como la cerveza, mientras otras bebidas mantienen rezagos. Esto sugiere que la recuperación del sector está siendo impulsada por segmentos específicos, en lugar de una reactivación generalizada del mercado.

En paralelo, el gremio ha fijado posición sobre iniciativas regulatorias que se discuten en la Asamblea Nacional. En particular, Quevedo señaló que las bebidas alcohólicas deben ser expresamente excluidas de las regulaciones de etiquetado frontal, al no considerarse productos alimenticios, advirtiendo que su inclusión podría generar distorsiones adicionales en un mercado que aún se encuentra en proceso de ajuste.
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El desempeño del sector en 2026, por tanto, refleja una recuperación incipiente, pero todavía condicionada por los efectos de la contracción económica reciente. Mientras los indicadores de producción muestran crecimiento, el consumo aún no regresa a los niveles previos a la crisis, lo que mantiene a la industria en una fase de transición, con señales positivas, pero lejos de una normalización completa.
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