
El desarrollo económico depende de la capacidad de transformar el ahorro en inversión productiva. En ese proceso, los inversores institucionales, entre ellos las compañías de seguros, cumplen un papel estratégico: administran importantes volúmenes de ahorro y poseen el horizonte de inversión, la capacidad técnica y la gestión de riesgos necesarios para financiar el largo plazo.
El mercado asegurador argentino atraviesa un punto de inflexión. Durante años, las compañías sostuvieron su rentabilidad combinando resultados técnicos con elevados rendimientos financieros en un contexto de alta inflación y tasas elevadas. Ese escenario comenzó a modificarse: la estabilización macroeconómica comprime los rendimientos de los instrumentos tradicionales y la menor volatilidad cambiaria reduce las ganancias por coberturas. A la vez, los resultados técnicos enfrentan mayores costos de siniestros, mayor litigiosidad y una competencia que limita su traslado a las primas.
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Las aseguradoras enfrentan así un doble desafío: mantener la disciplina técnica en la suscripción de riesgos y redefinir la estrategia de inversión de sus carteras. Hoy cerca de dos tercios de los activos del sector están en instrumentos financieros, concentrados en títulos públicos y renta fija, con baja participación en activos vinculados al sector corporativo. Esa composición pierde atractivo en una economía que se estabiliza y donde la creación de valor se desplaza hacia la actividad productiva, impulsada por la energía (Vaca Muerta), la minería, la agroindustria, la infraestructura y la economía del conocimiento.
Detrás de esos proyectos hay una extensa red de proveedores, contratistas y PyMEs que necesitan financiamiento permanente. Mientras las grandes empresas acceden al crédito internacional, la enorme mayoría depende del financiamiento doméstico y del mercado de capitales. Allí el crédito privado adquiere relevancia como nueva clase de activo.
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La mejor manera de compatibilizar la solvencia del sector con el desarrollo económico es incorporar gradualmente más crédito privado en las carteras: no abandonar los principios prudenciales, sino complementar la exposición soberana con activos ligados a la producción.
La menor rentabilidad de los activos tradicionales y la creciente demanda de financiamiento privado configuran una oportunidad difícilmente repetible. Repensar las carteras significa transformar el ahorro institucional en inversión productiva y consolidar al seguro como uno de los grandes motores del financiamiento del desarrollo argentino.
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*El autor es CEO del Mercado Argentino de Valores (MAV)
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