
La economía empieza a mostrar algunas señales de mejora en algunos indicadores. La inflación viene reduciendo su ritmo mensual y el frente externo luce más holgado que en etapas anteriores. Son tres datos a tener en cuenta, en particular el sector externo, que parece alejar un salto cambiario.
Pero el buen economista no se queda con los datos que se publican hoy, ve más allá del corto plazo y se cuestiona si las buenas noticias son sostenibles en el tiempo o si, en el largo plazo, cambiarán de tendencia.
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Por ejemplo, solo a los efectos de mostrar la diferencia entre los datos de corto plazo y los de largo plazo: en 1973 José Ber Gelbard logró que la inflación fuera cero, pero lo hizo de tal manera que, en 1975, se produjo el Rodrigazo.
El kirchnerismo también les hizo pagar monedas a la gente por el servicio de luz, gas, agua y transporte público, pero el costo fue aumentar el gasto público con el consiguiente déficit fiscal y la emisión que aceleró el proceso inflacionario, al tiempo que nos consumíamos el stock de capital.
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El kirchnerismo logró que la gente comiera asado barato los domingos al prohibir las exportaciones de carne vacuna
También el kirchnerismo logró que la gente comiera asado barato los domingos al prohibir las exportaciones de carne vacuna. En efecto, en marzo de 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se suspendieron las exportaciones de carne vacuna por 180 días, con excepciones como la Cuota Hilton, y luego se establecieron otras restricciones. La medida buscaba frenar la suba del precio interno de la carne, objetivo que fue conseguido, pero en 2010 el precio de la carne pegó un fuerte salto, la gente dejó de comer asado barato y nos consumimos un stock de diez millones de cabezas de ganado.
La baja de la inflación
Si analizamos la baja de la tasa de inflación, desde hace dos meses viene bajando luego de casi 10 meses de suba. La pregunta es: ¿esta baja de la tasa de inflación es sostenible en el tiempo o una de sus anclas, que es pisar el tipo de cambio manteniendo el cepo cambiario para las empresas y estimulando el carry trade, entre otras medidas, pasará factura en el futuro? Además, ¿qué impacto tiene sobre la actividad económica el atraso cambiario?
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El punto decisivo de los próximos meses será si ese alivio financiero empieza a transformarse en crecimiento genuino. Para que eso ocurra, no alcanza con bajar la inflación o equilibrar las cuentas públicas. Hace falta que aumente la inversión privada, que se recupere el crédito de manera basada en ahorro, que mejoren los ingresos reales, que crezca la productividad y que las empresas encuentren un marco de reglas estables para ampliar la producción y el empleo.
Sin ese puente entre estabilización y expansión productiva, la economía puede quedar atrapada en una etapa intermedia: menos inflación y más orden fiscal, pero con bajo dinamismo, consumo débil y creciente fragilidad en familias y empresas.
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La economía puede quedar atrapada en una etapa intermedia: menos inflación y más orden fiscal, pero con bajo dinamismo y consumo débil
El dato clave de la actividad del primer trimestre de 2026, y pensando en un crecimiento sostenido de largo plazo, es que la inversión cayó el 11,6% interanual y la versión desestacionalizada bajó el 1,7 por ciento.
Inversión y productividad
Como puede verse en el gráfico, la inversión en Argentina está estancada desde 2011. Lleva 15 años consumiendo el stock de capital, con caída de la productividad. El período de Milei es uno de los más bajos de la serie histórica.
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Si miramos la evolución del PBI, cinco sectores explican el grueso del crecimiento. Esos cinco sectores son Pesca, Agricultura y Ganadería, Minería (incluye extracción de petróleo y gas), Intermediación Financiera y Servicio Doméstico en los hogares. Esos cinco sectores tienen una ponderación en el PBI del 16,6 por ciento.
Los sectores que empatan el partido, con variaciones porcentuales similares a las del PBI, tienen una ponderación del 12,1%, y a los que les va mal, con aumentos menores a los del PBI, tienen una ponderación del 54,1%; mientras que 17,2% son impuestos.
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Los sectores que les va mal, con aumentos menores a los del PBI, tienen una ponderación del 54,1 por ciento
¿Qué computan como impuestos en el PBI? Son impuestos que se cobran por unidad producida, vendida, importada o consumida de un bien o servicio. Por ejemplo: IVA, impuestos internos, derechos de exportación, derechos de importación, combustibles, etc.
Precariedad laboral
Otro dato: en abril los salarios del sector privado aumentaron el 4%, según el informe del Indec, versus un IPC que aumentó 2,6 por ciento.
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Ahora bien, esa mejora de abril no alcanza para recuperar la pérdida de salario desde noviembre 2023 hasta abril 2026. En efecto, los salarios privados aumentaron el 290% y el IPC el 303%. Por alguna razón, la gente sigue complicada para pagar sus créditos bancarios.
Es más: hay un dato relevante. El PBI lleva siete meses consecutivos de aumento cuando se mira la serie desestacionalizada. Pero, al mismo tiempo, lleva cuatro meses consecutivos de caída en la inversión, a pesar de los anuncios del RIGI.
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La inversión representa solo el 17% del PBI cuando debería estar por encima del 22% para poder cubrir la amortización del capital e incrementar la capacidad productiva. La falta de inversión lleva a un aumento del trabajo informal con baja productividad.
Según los datos del primer trimestre de 2026 informados por el Indec, el 44,2% de la gente que trabaja lo hace en el mercado informal.
La falta de inversión lleva a un aumento del trabajo informal con baja productividad
Al margen de la falta de aportes al sistema previsional, la falta de prestación médica y ART, el dato es que tenemos una economía de escasa productividad porque el empleo no registrado está atado a empresas que trabajan en negro, para no estar en el radar de ARCA, y eso determina bajos niveles de inversión.
Horizonte político y crecimiento
En definitiva, por ahora estamos en un proceso en el que solo crecen algunos sectores, pero no en un proceso de crecimiento de toda la economía. Dudo que entremos en un ciclo de expansión con fuertes aumentos de la inversión en más sectores de la economía hasta que no quede despejado el horizonte político que, a su vez, condiciona el horizonte económico.
Todavía queda un largo debate sobre si hay superávit fiscal financiero o si es un artilugio contable, el tema del atraso cambiario por no liberar el mercado de cambios y una baja del gasto público basada más en una licuadora que en una motosierra. Son debates que todavía hay que dar como para afirmar que estamos ante el mejor gobierno de la historia.
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