
A la luz de los últimos datos de empleo formal disponibles, el panorama no ofrece señales de mejora. Tomando las cifras desestacionalizadas más recientes, la pérdida de empleos asalariados privados es de 3% (193 mil puestos), el sector de servicio doméstico cayó 4%, los autónomos permanecieron prácticamente inalterados y el empleo en monotributo creció 7,4% (alrededor de 151 mil).
En paralelo, cayeron el empleo público (el equivalente ajustado de unos 87 mil puestos) y el empleo en monotributo “social” en casi 390 mil puestos (61%). Este escenario responde al ajuste posterior al receso de 2023 y sumó al 2024, así como al impacto de los recientes cambios macro y microeconómicos.
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Si bien la baja de los monotributistas “sociales” representa una excepción -dado que esta categoría se ubica en el umbral de la informalidad- y el empleo público también evidencia un descenso, el comportamiento general del empleo formal no resulta sorpresivo en este contexto. En sentido similar, el crecimiento sostenido del empleo público en años previos encubría desempleo, por lo cual la retracción actual de 2,5% no sorprende y podría extenderse aún más en el ámbito subnacional.
Durante el derrumbe de monotributistas sociales sucedido a fines de 2024 y comienzos de 2025 se observó, en efecto, un “blanqueo” de relaciones laborales. Desde los años noventa, los gobiernos implementaron figuras contractuales simplificadas, con bajas cotizaciones, para incluir dentro del empleo formal a trabajadores de baja productividad. En términos estadísticos, estas herramientas permitieron ampliar la base de empleo “registrado”, aunque detrás del número creciera la proporción de empleos que no ofrecen acceso a una pensión mínima.
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Durante el derrumbe de monotributistas sociales sucedido a fines de 2024 y comienzos de 2025 se observó, en efecto, un “blanqueo” de relaciones laborales
Según el Indec, entre los 23 millones de puestos de trabajo computados, menos de la mitad son asalariados registrados. Si a este universo se suman autónomos y, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), se identifican los informales entre los trabajadores independientes, surge que poco más del 45% de los puestos de trabajo son de baja productividad (informales, bajo la definición de informalidad por productividad de la ocupación). De esos puestos, 55% son asalariados y 45% trabajadores independientes.
El historial reciente muestra que, ante crisis macroeconómicas -abundantes en las últimas diez décadas argentinas- o reformas estructurales, el empleo formal tiende a caer, con recuperación parcial después. Argentina no registra 3 años seguidos de crecimiento desde 2008. La volatilidad estructural de la economía obliga a las empresas a buscar flexibilidad en sus contratos; sin ella, la contratación informal se vuelve la opción para sortear el riesgo del quiebre ante un cambio de ciclo.
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Así, históricamente, empresas y trabajadores adoptaron la informalidad como “equilibrio bajo” del mercado laboral, mientras las familias accedían al dólar como refugio ante la inestabilidad monetaria.
Este panorama no es patrimonio exclusivo de los últimos quince o veinte años. La informalidad laboral comenzó su gestación décadas atrás y, en la actualidad, ha alcanzado porcentajes más altos que en el pasado.
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A mediados de la década del cuarenta, la caída de los recursos fiscales como consecuencia de la guerra -de 9,6% del PBI en 1935-39 a 7,6% en 1942-43- obligó a incrementar las alícuotas de aportes personales (de 5% a 8%) y patronales (de 8% a 12%) al sistema previsional. Cuando este aumento resultó insuficiente, se amplió la base de aportantes: el número de afiliados se multiplicó por once entre 1943 y 1955. Debido a que los nuevos afiliados contaban con baja productividad, los ingresos no crecieron a igual ritmo, por lo que las alícuotas continuaron subiendo: del 13% total en 1942 a 25% en 1952, y casi 32% desde 1959.
La informalidad laboral comenzó su gestación décadas atrás y, en la actualidad, ha alcanzado porcentajes más altos que en el pasado
Según el capítulo 6 (“El sistema previsional”) de La Economía de Perón (Juan Luis Bour; Editores Roberto Cortés Conde et al.; Edhasa 2020 y 2023, Buenos Aires), los mayores recursos fueron destinados mayormente a gasto corriente. Además de la crisis posterior de las cajas previsionales, este proceso dejó como legado una elevada cuña salarial entre el trabajo formal e informal, estimulando la evasión.
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La informalidad laboral, presente ya en los años 30, se consolidó en los sectores pequeños y medianos de industria, comercio y servicios hacia la segunda mitad de los cuarenta. Los desequilibrios y defaults de la macroeconomía argentina continúan configurando el escenario del presente.
El autor es Economista Jefe y director de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 685 de la Fundación FIEL
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