
Muchas veces, para evaluar el desempeño de la economía se recurre a cortes anuales, aunque esa elección sea arbitraria. Sin embargo, el cierre de un ciclo y el comienzo del siguiente suelen provocar un efecto psicológico que invita a realizar balances y fijar nuevos objetivos. Este fenómeno parece haberse reflejado en el equipo económico, que en este inicio de enero excedió varias de las metas autoimpuestas.
Si esa motivación inicial, comparable a la que impulsa a ordenar la dieta o retomar la actividad física tras las fiestas, logra transformarse en hábito, Argentina podría enfrentar un 2026 con perspectivas alentadoras.
En 2025, el mercado -verdadera voz de la conciencia del equipo económico- reclamaba la acumulación de reservas. Luego de un año electoral complejo, las autoridades del Banco Central tomaron medidas concretas.
En el marco de una cosecha gruesa que avanza con buen ritmo, formación de activos externos aún baja tras los comicios, y empresas liquidando dólares obtenidos por emisiones internacionales, el Banco Central lleva adquiridos USD 970 millones en enero, con un promedio diario superior a USD 60 millones en 15 ruedas consecutivas.
El Banco Central lleva adquiridos USD 970 millones en enero, con un promedio diario superior a USD 60 millones en 15 ruedas consecutiva
La mayor parte de estas compras superó el objetivo del 5% del volumen operado por día, y de mantenerse el ritmo, el objetivo anual de USD 10.000 millones sería ampliamente superado. Si se considera al sector público consolidado -incluyendo al Tesoro-, las compras alcanzan USD 638 millones, una cifra igualmente relevante.
Todo esto sucede mientras el tipo de cambio permanece estable y la cobertura ofrecida por el sector público se redujo desde el pico de la primera quincena de enero.
En Argentina, la economía está acostumbrada a los sobresaltos: bonos en alza o caída, y el índice de riesgo país oscilando de manera abrupta. Esta vez, el proceso es diferente.
El índice de riesgo país descendió de manera paulatina hasta un mínimo de 526 puntos básicos, el valor más bajo de la era Milei, y toda la curva de bonos Globales rinde por debajo del 10%. Se percibe un avance lento pero firme, en contraste con los rebotes habituales, y respaldado por fundamentos sólidos.
El índice de riesgo país descendió de manera paulatina hasta un mínimo de 526 puntos básicos, el valor más bajo de la era Milei, y toda la curva de bonos Globales rinde por debajo del 10 por ciento
Es cierto que, en 2026, el apetito global por activos emergentes y latinoamericanos aumentó, impulsado por las tensiones entre Estados Unidos y Europa. En ese marco, el riesgo país argentino aún queda rezagado respecto al EMBI LatAm.
Factores que explican que el índice de riesgo país no haya bajado más rápidamente:
La brecha de rendimiento respecto a activos tradicionalmente considerados más seguros en Argentina -créditos corporativos y subsoberanos de primer nivel- se estrechó, y algunos inversores comienzan a ver con mejores ojos la relación riesgo-retorno local.
El incentivo para el “trade” de reinversión de cupones se moderó: los inversores locales, históricamente más proclives a reinvertir, redujeron sus tenencias antes de las elecciones de la provincia de Buenos Aires, cayendo del 31% en el segundo trimestre de 2025 al 27,9% en el tercero.
El contexto internacional, desplazando la atención hacia otras historias emergentes o en dificultades, como Venezuela o Ecuador, que parece regresar al mercado internacional.
La volatilidad en tasas de interés, generada por el endurecimiento monetario del Tesoro -posiblemente en respuesta al último dato de inflación-, suma incertidumbre.
Frecuentemente, quien inicia una dieta o un nuevo plan de ejercicio espera ver resultados de inmediato y, ante la demora, busca explicaciones. A veces, solo hace falta paciencia. Lo mismo ocurre con la acumulación de reservas: si la dinámica se sostiene, el riesgo país continuará ajustándose a la baja.
No obstante, la robusta acumulación de reservas no está libre de riesgos:
- La respuesta de la demanda de dinero, que suele debilitarse a partir de mediados de enero tras los picos de fin de año; en promedio, esto implica una caída del 3,5% del M2 transaccional entre diciembre y febrero.
- La dolarización de carteras, que se anticipó en septiembre y octubre, mostrando una desaceleración marcada en noviembre y diciembre, aunque podría resurgir en febrero.
- El turismo en el exterior, que podría presionar el tipo de cambio en la primera semana de febrero por la cancelación de consumos con tarjeta.
- La campaña agrícola 2025/26 se perfila como una de las mejores de los últimos años, pero la falta de lluvias en zonas clave comienza a ser motivo de preocupación.
- La actividad económica sigue mostrando debilidad y la ausencia de creación de empleo mantiene un piso bajo hasta que haya un giro más flexible en la política monetaria.
El inicio de 2026 ofrece señales alentadoras en la gestión del Banco Central, pero la economía argentina continúa expuesta a desafíos estructurales.
La consolidación de una tendencia positiva dependerá de la capacidad para transformar las buenas prácticas coyunturales en hábitos sostenidos
La consolidación de una tendencia positiva dependerá de la capacidad para transformar las buenas prácticas coyunturales en hábitos sostenidos y de la respuesta ante los riesgos latentes.
El verdadero test será mantener la estabilidad y la acumulación de reservas más allá del entusiasmo de enero, en un país acostumbrado a los ciclos abruptos y a los cambios de ánimo de los mercados.
El autor es Analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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