Poco después de completar mis estudios, comencé a trabajar como EMT-P en el sistema nacional de emergencias médicas de Israel. Nada en la facultad de medicina te prepara realmente para tu primera escena con múltiples víctimas. Los libros enseñan protocolos. No enseñan cómo procesar juventud destrozada, parlantes rotos y el silencio donde minutos antes había risas.
El 1 de junio de 2001, en la discoteca Dolphinarium de Tel Aviv, enfrenté esa realidad por primera vez. Jóvenes habían salido a bailar en una noche de Shabat. En cuestión de segundos, su mundo —y el nuestro— cambió para siempre. Recuerdo moverme de un herido a otro, intentando concentrarme en la vía aérea, la respiración y la circulación, mientras mi mente luchaba con una sola pregunta incomprensible: ¿cómo puede alguien, impulsado por el odio, atacar deliberadamente a jóvenes cuyo único “delito” era ser judíos y querer vivir?
PUBLICIDAD
Esa noche marcó el comienzo de años en los que las escenas de terror pasaron a formar parte de mi vida profesional. Cada atentado traía el mismo caos, la misma urgencia y el mismo vacío después. Los rostros cambiaban; el dolor no.
La sensación de pérdida no fue solo profesional. Adi, la chica que yo amaba, murió en el atentado de Beit Lid. Colegas míos murieron defendiendo al Estado de Israel. Amigos sobrevivieron a los atentados en Buenos Aires —en la embajada de Israel y en la AMIA—. Para mí no fueron titulares. Son nombres, voces y futuros interrumpidos.
PUBLICIDAD
Durante décadas, la sombra detrás de muchos de estos ataques fue un régimen que eligió la confrontación, la intimidación y la exportación de violencia por encima de la convivencia. Durante casi cuarenta años, el liderazgo de los ayatolás construyó influencia a través del miedo y de guerras por intermediarios, profundizando la inestabilidad en regiones y continentes. Para quienes estuvimos en las escenas, para quienes atendimos a los heridos y cargamos con la memoria, esa sombra nunca fue abstracta.
Hoy se siente como un momento de ajuste de cuentas —no por venganza, ni por triunfo— sino por la posibilidad de que un largo capítulo esté llegando a su fin. Un capítulo definido por el miedo, los funerales y las sirenas en la noche.
PUBLICIDAD
Si existe el cierre, no es simple. No es celebración. Es algo más silencioso que eso.
Es un cierre para las familias de los jóvenes asesinados en el Dolphinarium —familias que han cargado con la ausencia durante décadas. Un cierre para las personas que amé y que ya no están. Un cierre para quienes caminaron este camino a mi lado. Un cierre para todos aquellos que fueron asesinados simplemente por ser judíos.
PUBLICIDAD
Y quizás, por encima de todo, es la esperanza de que pueda comenzar un nuevo camino —uno en el que las sociedades elijan la vida por encima de la muerte, la cooperación por encima de la destrucción y donde las futuras generaciones no crezcan bajo la sombra del terror.
Quiero creer que este es el punto desde el cual avanzamos —no con ira, sino con determinación— hacia un futuro donde las salas de emergencia estén más silenciosas, las noches de Shabat vuelvan a ser normales y los jóvenes puedan bailar sin miedo.
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
NAZA: el rugido del león
La reacción del poder ante un documental premiado en Venecia, basada en 24 testimonios de militares e inteligencia, expone una deriva: convertir el disenso en sospecha mientras se pospone la discusión de evidencias
Triunfo parcial de la AfD de Alice Weidel y colapso de la CDU gobernante
La ultraderecha se impuso en Mecklenburg-Vorpommern y mejoró los resultados en Berlín, mientras la CDU se hunde en el nordeste hasta su peor resultado regional desde 1949. Alice Weidel encuentra una de las claves de su avance, aunque la capital alemana vuelve a mostrar los límites territoriales
La aplicación estricta de la ley penal, según Francisco
Un arquitecto, un Papa y una metáfora: cómo el umbral de ingreso a los institutos juveniles puede convertirse en el primer gesto de redención o de condena para quienes los atraviesan

El espacio como campo de batalla
La admisión de capacidades ofensivas por parte de Washington pone en primer plano una realidad que diplomáticos y académicos llevan años debatiendo: el derecho vigente no alcanza para regular lo que ya ocurre en órbita

El proyecto por Malvinas
Examen sobre el régimen penal y sancionatorio del proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional


