
Un presidente que prometió dolarizar se olvidó de avisarnos que no se refería a nuestra moneda sino a nuestra deuda. Todo gobierno que necesite pedir prestado desnuda su propia insolvencia. Hay una libertad virtuosa que abarca al ser humano, y una versión tramposa que se ocupa de permitir a los poderosos aplastar a los débiles.
Nuestro patético presidente cuestionó el talento de periodistas como Jorge Fernández Díaz, además un prestigioso escritor, Carlos Pagni, Alfredo Leuco y Marcelo Longobardi. Personas dignas de respeto a partir de su absoluta libertad con los poderes de turno, en rigor, dignos de portar el nombre de liberales, porque lo respaldan con su propia dignidad.
El Presidente prefiere a los otros, a los obsecuentes, triste parecido con Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Un verdadero político respeta a los que cuestionan su pensamiento, el autoritarismo sólo suele enamorarse del servilismo mediático. Y de todo orden, valga aclarar.
En los discursos de Luis Caputo y Javier Milei hubo una absurda referencia a un período de nuestra historia sin precisión alguna, como corresponde a quienes lo ignoran todo repitiendo clichés. “Desde hace 120 años”, dijeron, como si la sociedad hiciera más de un siglo que esperase la llegada de los salvadores, estos aburridos mediocres sin talento. Hace 120 años, en verdad, un año antes, en 1904, se conoció el informe Bialet Masse, solicitado en tiempos de Roca por el encomiable Elpidio González. Aquel español -médico, abogado, político y constructor- transitaría una larga historia entre nosotros recorriendo el país minuciosamente durante cuatro años.
El informe daba cuenta de las necesidades y carencias de la clase trabajadora. Cómo olvidar que fue el constructor del Dique San Roque en Córdoba, las denuncias de las que injustamente fue objeto por considerar algunos que el dique no se sostendría y sobrevendrían inundaciones, su año en prisión condenado por peculado y luego, los pedidos de perdón. El dique se mantuvo incólume hasta 1944. En síntesis, Juan Bialet Masse supo mostrar la realidad de una sociedad donde trabajadores y humildes carecían de los más mínimos derechos. Recuerdo que al leerlo me quedó grabado un detalle: el estudio destacaba que nuestros nativos eran objeto de menos respeto que los inmigrantes, trágica marca de esa falta de consideración por los vulnerables, tan desmesurada hoy día que hasta les pegan en las manifestaciones aunque cumplan el protocolo estipulado por la Ministra Bullrich. Ausencia de humanismo que sabrá reivindicar el trascendente Martín Fierro de José Hernández, particularmente en la Ida, su primera parte.
Fuimos un país integrado hasta los 70, lo dice el mismo Presidente, sin especificar que eso implica hasta la llegada de los liberales, como Martínez de Hoz, o Menem, o Macri, más allá de que la conciencia patriótica no hubiera sido capaz de recuperar su vigencia sin caer en vicios burocráticos. Si aclarara su discurso sería auto incriminatorio, son sus héroes, como le gusta llamar a todo aquel que viola la ley en su propio provecho, eso sí, siendo “gente de bien”.
Los liberales imaginan que podemos importar más allá de nuestra capacidad de exportación, que sus lujos no pueden ser limitados por las necesidades de la sociedad toda. Los gobiernos liberales se endeudan, siempre, sumado a que venden patrimonio, y se retiran después de haber incrementado la pobreza. Que la deuda la pague el que sigue, como ocurrió con la que los militares le dejaron a Alfonsín y también la que la dupla Fernández recibió de Macri. Los gobiernos liberales son inviables porque intentan poner en vigencia un pensamiento que no existe en ninguna otra sociedad respetable. ¿Son acaso liberales los gobiernos de España o de Francia? ¿Lo era el de Angela Merkel? ¿Lo es el de la misma Meloni? Basta andar un rato por la Roma actual -y la de siempre- para tropezar con obra pública a cada paso.
Trump se ocupa del proteccionismo y nos envía consejos de libre mercado, además de mandarnos a su Secretario del Tesoro para que quedemos todos bien embadurnados. Queda claro que los imperios nunca exportan sus propuestas a las colonias. Ellos tienen su propio proyecto destructivo. ¿No será hora de que nosotros intentemos recuperar el nuestro en unidad de pensamientos y visiones políticas sin sectarismos y falsas alianzas, con mayor amplitud de miras y una real comprensión de los requerimientos que la ciudadanía tiene simplemente para vivir?
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