
El otro día hice un experimento incómodo. Le pregunté a una inteligencia artificial —una que me conoce más de lo que me gustaría admitir— a quién votaría en la próxima elección.
Contestó sin dudar.
La pregunta obligada: si un algoritmo puede inferir mi voto, ¿puede también construirlo?
Honduras ya respondió. ”¡Papi, activá la racha!”. Eso le gritaban los pibes hondureños en cada mitin a Nasry Asfura, celular en mano, en otoño de 2025. Y el candidato del Partido Nacional —“Papi a la Orden”, para los suyos— respondía siempre lo mismo a cámara: ”¡La racha está activada!”.
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El 30 de noviembre, los hondureños eligieron presidente por 27.026 sufragios: apenas 0,74 puntos sobre Salvador Nasralla. No la definió un debate. No la inclinó un spot. La torció, en parte, una palabra robada al diccionario adolescente de TikTok.
Lo que empezó como meme orgánico fue institucionalizado por la consultora argentina Numen, de Fernando Cerimedo y Brad Parscale, con apoyo de un conocido de Washington, Dick Morris. Mientras tanto, deepfakes producidos con Sora y Veo 3 contaminaban la conversación pública con periodistas hondureños que no existían. Bienvenidos a la primera contienda centroamericana donde la IA y el algoritmo fueron la clave de la victoria.
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Y eso es apenas el aperitivo. El 4 de diciembre de 2025, Nature y Science publicaron en simultáneo la evidencia más demoledora hasta hoy. Un consorcio del MIT, Cornell, Oxford, la London School of Economics y el AI Security Institute británico desplegó 19 modelos de lenguaje sobre 707 temas políticos y registró 76.977 respuestas en más de 91.000 conversaciones.
Resultado: una charla breve con un chatbot mueve la intención del elector opositor unos diez puntos porcentuales. Hasta veintiséis cuando el modelo está optimizado para persuadir.
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David Rand, profesor de Cornell y uno de los autores del estudio, lo dijo sin anestesia: “Estos sistemas pueden mover las actitudes hacia candidatos y políticas con afirmaciones que no son necesariamente precisas”. El paper de Science va más lejos: quien tenga acceso privilegiado al entrenamiento de los modelos podrá “concentrar aún más el poder” moldeando opinión pública.
En síntesis: la verdadera revolución del siglo XXI no será tomar el poder. Será saber quién entrenó al algoritmo que te susurra tu voto al oído.
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Argentina llega a 2027 con un electorado conversado por inteligencia artificial como ningún otro de la región. El 7 de octubre de 2025, OpenAI publicó su primer informe dedicado al país: millones de argentinos usan ChatGPT cada semana, la base se triplicó en un año, y figura entre los cinco países latinoamericanos con más suscripciones pagas.
El 28,8% de los usuarios de internet de 16 años o más dialogó con un asistente conversacional en el último mes, según DataReportal. Más que en los Estados Unidos. Y desde abril de 2025, esos modelos recuerdan. “Sistemas de IA que llegan a conocerte a lo largo de tu vida, y se vuelven extraordinariamente útiles y personalizados”, anunció Sam Altman en X. Lo que para el ingeniero es personalización, para el ciudadano es confesionario.
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Y acá está la respuesta perturbadora: para influir un sufragio ya no hace falta convencer. Alcanza con anticipar. Saber qué estás por pensar antes que vos. Servirte el material que confirma lo que ya sentís. Empujarte, micrómetro a micrómetro, hacia un lugar al que —cuando llegues— vas a creer que llegaste solo.
Microsegmentación personalizada. Eso no es campaña. Es ingeniería conductual a escala masiva.
El mundo viene mostrando los ensayos. En Indonesia, el general Prabowo Subianto conquistó la Casa de Gobierno con un avatar gemoy que le robó el 65,9% del voto Gen Z. En la India, los partidos lanzaron más de cincuenta millones de llamadas con voces clonadas en los dos meses previos a los comicios de 2024: ocho veces más baratas que un call center humano.
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En Rumania, Călin Georgescu saltó del 5% al 22,94% en pocas semanas tras una operación viral en TikTok; el Tribunal Constitucional anuló el proceso el 6 de diciembre de 2024. Y en Albania, un algoritmo llamado Diella se sienta como ministra desde septiembre de 2025: “No estoy aquí para reemplazar a las personas, sino para ayudarlas”, dijo desde la pantalla del Parlamento.
El país ya está adentro. En las legislativas del 26 de octubre de 2025, la Fiscalía Nacional Electoral registró 362 denuncias durante el fin de semana, de las cuales 31 correspondieron específicamente a videos falsos generados con IA.
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La democracia siempre convivió con la manipulación: propaganda, encuestas dirigidas, operaciones mediáticas. Pero la inteligencia artificial cambia la escala y, sobre todo, cambia el eje. Antes se intervenía la conversación pública. Ahora se manipula la conversación privada que cada ciudadano tiene consigo mismo.
Y ahí se juega algo más serio que una contienda electoral: la última trinchera de la libertad individual, el pensamiento propio.
El algoritmo no va a “elegir” un presidente. No le hace falta. Le alcanza con saber, mejor que vos, qué te indigna, qué te emociona, qué te da miedo. El resto es gestión de estímulos.
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La pregunta, entonces, no es si una máquina puede sufragar por nosotros. Es cuántos ya están votando lo que un asistente les deslizó al oído primero.
En Matrix, Morfeo le tendió a Neo dos pastillas: la roja y la azul. “Recuerda: lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más.”
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