
Un día soleado de verano, con una temperatura ideal para estar en la playa, cerrando una jornada laboral extensa, a una altura del año donde el cuerpo empieza a dar avisos que necesita descanso, estaba en una sesión de consultoría trabajando con un líder ejecutivo que no paraba de mover su rodilla; lo cual atrapaba mi atención, distraía e inquietaba.
En el mundo del coaching ontológico decimos “estoy perdiendo presencia”. Aunque era un emergente, que indicaba que este generoso ejecutivo, estaba cansado, ansioso, apresurado, preocupado; y, todos, los adjetivos que podamos utilizar; eso no era lo más significativo.
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En un momento, me cuestioné si no debería desarrollar la empatía con él, preguntarle si estaba cansado e invitarlo a terminar la sesión. Mi conversación interna, me dijo que no; ambos sabíamos que estábamos justos con los tiempos del proyecto y debíamos culminar la sesión con asuntos concretos trabajados y analizados. En diversas ocasiones puse mi mirada hacia abajo, observando su rodilla, para que tomara nota de ello. Estábamos frente a frente y ambos veíamos la corporalidad integralmente. No notó mi mirada, no tenía registros en general, más aún cansado, con insuficiente corteza prefrontal a esa altura de la tarde. Es decir, lo más significativo era que él no percibía, no se daba cuenta de ese movimiento motriz inconsciente, que me era impertinente y, comprendo, lo sería para cualquier persona que intentara lograr escucha activa con él.
¿Qué recursos tuve que utilizar? La pregunta, gran herramienta para liderar una conversación. ¿Cómo te sentís? ¿Podemos continuar unos minutos más, para terminar lo comprometido? ¿Crees que estás en condiciones? ¿Estás cansado? Todas las respuestas eran en automático, hasta que tuve que sacar un recurso más del mundo de la consultoría, y decirle, ante su repregunta, que porque le consultaba por su cansancio. Le expresé que hace 30 minutos había comenzado a mover su rodilla y no paraba. Entendía, que lo hacía sin ninguna intención, pero esa situación me producía distracción, pérdida de atención y efectividad en mi proceso.
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Su reacción fue mirarse las rodillas, llevarse automáticamente las manos a sus cuádriceps a modo de agarrarse sus piernas, mirarme con determinación a los ojos y pedirme disculpas. Su manifestación fue: “Nunca nadie me lo había hecho notar. Es posible que esté repitiendo esta acción hace tiempo sin darme cuenta, ocasionando en los demás lo que te causé a vos. No desde cuando lo hago”.
Acababa de tomar consciencia, a partir de mi comentario, de lo que estaba produciendo en ese espacio con otro, que probablemente habrá efectuado con muchos otros que no se animaron a darle feedbak; lo cual puede agravar una situación si se está frente a una realidad delicada con su equipo, cliente importante o audiencia determinada. Tampoco, evidentemente, reconocía si ese acto era la repetición inconsciente de algunos de sus padres, mentor o exjefes. Tal vez, en un futuro, pueda presentársele la oportunidad de develar ese misterio, de conocer si el origen de esa acción es involuntaria, propia o aprendida por imitación.
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Cuando nos aboquemos a hablar de liderazgo inconsciente, justamente vamos hablar desde estos pequeños actos involuntarios hasta las decisiones más fundamentales de nuestras vidas que la hacemos sin tomar consciencia ni reflexionar; aun cuando la calidad de nuestras acciones sea más efectiva.
Estos patrones pueden obedecer a múltiples factores: nuestra genética, aprendizajes por imitación de distintos referentes, experiencias anteriores, ansiedad en el contexto actual, circunstancias dolorosas o traumáticas que tuvimos en nuestras vidas, creencias, emociones, alimentación, sueño, estilo de vida, salud física y mental, relación con el dinero, necesidades fisiológicas, biología y la relación con la naturaleza misma; entre muchos otros factores. Somos un sistema, un todo integral, la interrelación entre las partes causa impacto, así como también el orden en el que ejecutamos las acciones en nuestras vidas. El orden de los factores si altera el producto.
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Cuando hablamos de liderazgo inconsciente, nos referimos a todos aquellos actos que no conocemos de nosotros mismos, que desconocemos su procedencia, que no entendemos la relación causa-efecto, que obedecen a un sistema de repetición automática si origen aparente, que no imaginamos o sorprendemos de nuestras reacciones frente a determinadas circunstancias que a veces la vida nos pone por delante dándonos posibilidades de ser conscientes.
En este sentido, además del ejecutivo que no podía controlar su rodilla, existen muchas otras historias inconscientes, que forman parte de una trama de la película que pocos alcanzan a esclarecer.
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El autor es Consultor especialista en Liderazgo y autor del Libro “Liderazgo 360°”
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