
Existe en todo el mundo cierta aprobación importante para la industria nuclear. Con sus objeciones y sus defensas, avanza en la aceptación social con fuerte base científica que va demostrando su importancia para los países que la impulsan.
Este modelo alienta el uso de la tecnología de fisión, ya que ofrece ventajas al ser libre de dióxido de carbono y asegurar provisión eléctrica por medio de energía que se genera de manera permanente y no expele gases de efecto invernadero, lo cual colabora, y mucho, en la atenuación del proceso de calentamiento global.
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En la actualidad, es usual la utilización de un modelo de centrales nucleares bastante alejadas de lo que conocemos mediante filmes o en virtud de imágenes devenidas de los desgraciados acontecimientos en cuanto a fallas de las enormes construcciones nucleares tradicionales. Se trata de las Small Modular Reactor (Reactores Modulares pequeños) (SMRs), que son centrales nucleoeléctricas de dimensiones pequeñas y con menos potencia eléctrica y tienen un desarrollo más simple y mejores formas de seguridad, a la vez que su construcción demanda menos tiempo, menores costos e inversiones.
Estas calidades permiten optimizar la forma en que se fabrican y tienen comodidad para instalarse en territorios que no cuentan con sistema de interconexión eléctrica y se adaptan a circunstancias variadas.
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En todo el mundo hay cerca de cien diseños de SMRs y entre ellos está el CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), que es un proyecto de central nuclear de baja potencia, desarrollado con diseño de última generación, lo que coloca a Argentina en un selecto club de países que lideran este tipo de tecnología. ¡No es poca cosa!
El concepto CAREM data de 1984, cuando fue presentado en Lima, en una conferencia del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre reactores de pequeño y mediano tamaño. O sea, que es parte de la modernidad y la actualidad en reactores nucleares.
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Supera a los reactores nucleares de agua presurizada convencionales, los conocidos como PWR, que operan desde hace más de cuarenta años. En su construcción y desarrollo, en el marco de la Comisión Nacional de Energía Atómica, participan empresas de capitales públicos y privados argentinos. En 2005, el CAREM argentino fue elegido entre más de diez proyectos a nivel mundial por una comisión de expertos convocados por el Departamento de Energía de USA.
Utiliza combustible nuclear de óxido de uranio, muy similar al que usan los reactores de las centrales de Atucha y Embalse, solo que, en el caso del CAREM, enriquecido al 1% o 2%, y agua ligera como refrigerante.
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CAREM es reconocido internacionalmente por tener una eficiencia superior a los diseños de tercera generación perteneciendo a la gama de baja y mediana potencia. Es innovador e inaugura la IV generación de reactores bajo el concepto de integración y seguridad pasiva.
Hasta acá, algunos detalles técnicos y de valoración de por qué es importante su continuación como parte de la excelente ubicación argentina en el plano internacional de la tecnología nuclear, lograda entre otras cuestiones por la incansable y calificada tarea de INVAP.
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Ahora veamos, ¿cómo actúa el gobierno libertario ante estas indudables positividades que ofrece el CAREM?. Lo primero que surge es que actúa mal, pésimamente mal.
Desde la actual gerencia del área CAREM, anuncian que no seguirán avanzando en la construcción civil y plantean frenar la obra por completo. Esto motiva el despido de trabajadores y, por ende, conduce a la paralización del proyecto CAREM, que es el primer reactor nuclear 100% argentino.
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Entonces podemos suponer que se intenta desmantelar la política nuclear de nuestro país, y lo hacen desde razonamientos contables (!), desde cálculos que valoran la urgencia de mostrar un superávit fiscal, falaz y falso, ya que hasta ahora viene sosteniéndose en el agravio a jubilados, la desfinanciación de universidades, la recesión económica y ahora agregan “el ahorro mediante la suspensión o demora del CAREM”.
Afirman, desde la conducción actual del proyecto, que no se pone en juicio la continuidad del CAREM, pero lo cierto es que si se detiene la obra civil y se echa a los trabajadores que la venían realizando, toda la parte que corresponde luego al área de ingeniería sufrirá intensas y largas demoras.
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El ajuste, definido orgullosamente por Milei como “el más grande de la historia en todo el mundo”, llega brutal e irracionalmente a nuestros activos estratégicos más importantes, como es el desarrollo nuclear.
La inteligencia argentina puesta en duda por analfabetos científicos, que hoy gobiernan. Empresas, grandes y Pymes, proveedores del CAREM, llevadas a la quiebra por este gobierno.
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Trabajadores que hasta ayer sustentaban a sus familias trabajando en la obra civil, y que se encuadran en gremios como Uocra, Luz y Fuerza y ATE, hoy pasan a engrosar el universo de los desocupados.
Para finalizar, un dato que habla en sí mismo de la capacidad argentina en este campo: enormes conglomerados empresarios e industriales, e incluso digitales, como Hitachi, Terra Power, Bill Gates y Westinghouse, quieren construir sus modelos de centrales nucleares de menor porte como el CAREM y recién están comenzando, mientras nuestro país ya tiene recorrido un largo y provechoso camino.
A todo esto, se opone el gobierno libertario. Y a este gobierno debemos oponernos para defender este tipo de causas. Causas que son nobles, y útiles para el país.
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