
El mes de febrero no solo tiene una notable particularidad en el calendario, sino que además es rico en acontecimientos históricos para nuestro país. Veamos.
El antiguo calendario romano creado por Rómulo, fundador de Roma en el año 753 a.C., era lunar (es decir, estaba basado en los ciclos de la luna). En ese calendario el año solo tenía diez meses; comenzaba en marzo (martius), terminaba en diciembre (december o mes décimo) y tenía 304 días. Los meses eran marzo (martius), abril (aprilis), mayo (maius), junio (junius), mes quinto (quintilis), mes sexto (sextilis), mes séptimo (september), mes octavo (october) mes noveno (november) y més décimo (december). No existían enero ni febrero.
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Al terminar el décimo mes comenzaba un período de transición invernal, en el que por no haber ningún tipo de actividad militar ni agrícola, los romanos se dedicaban a realizar ceremonias de purificación del alma, denominadas “februas”.
Con los años se fue advirtiendo que había un desfasaje entre las fases de la luna y las estaciones del año, las que por ello no coincidían siempre con los meses del calendario. Fue así que el sucesor de Rómulo y segundo rey de Roma (Numa Pompilio), hizo una reforma del calendario, con el fin de ajustar el ciclo lunar con el solar. Para ello agregó dos meses más al año (con lo cual el calendario pasó a tener 355 días), e intercaló un mes de veintitrés días cada cuatro años. Esos dos nuevos meses fueron enero (januarius) y febrero (februaris), éste último justo sobre el final de la época en la que se realizaban las referidas “februas” o ceremonias de purificación en Roma. De allí su nombre.
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Así, en el nuevo calendario de Numa Pompilio pasó a haber doce meses (siete de 29 días, cuatro de 31 y uno, el último –febrero- de 28 días)
En el siglo II a.C. los meses de enero y febrero pasaron adelante y en el año 46 a.C. Julio César produjo su emblemática modificación al calendario (reforma juliana), quien asesorado por el astrónomo Sosígenes, decidió establecer un calendario de 365 días, erradicando el componente lunar del mismo, y ajustándolo íntegramente al solar. Ello no obstante generaba una diferencia de seis horas por año, que se compensaba con un día más cada cuatro. Ese día se anexaba a febrero, que cada cuatro años tiene 29.
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El calendario juliano quedó conformado por siete meses de 31 días, cuatro de 30 y febrero mantuvo sus 28, aunque se le agregaría uno cada cuatro años para compensar un leve desfasaje que no obstante subsistía.
Como Julio César había nacido en el mes quinto (quintilis), el Senado romano propuso rebautizar a ese mes con el nombre del legendario personaje romano. Quintilis pasó a denominarse “Julio”, así como años más tarde, el mes sexto (sextilis) pasó a denominarse “Agosto” en referencia al primer emperador romano, Octavio (proclamado el “augusto” o majestuoso), quien era hijo adoptivo de Julio César.
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Pues más allá de las particularidades de febrero en el calendario y sus sucesivas reformas, es un mes que, en la historia de la Argentina, supo adquirir un relevante protagonismo, particularmente su tercer día.
En efecto, el 3 de febrero de 1536, Pedro de Mendoza fundó por primera vez la luego incendiada ciudad de Buenos Aires, que sería refundada cuarenta y cuatro años más tarde por Juan de Garay.
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El 3 de febrero de 1813, el Regimiento de Granaderos a Caballo creado por José Francisco de San Martín debutó en la batalla de San Lorenzo, que fue la primera entre las fuerzas patriotas y los realistas españoles, en lo que la historia conoce como “las guerras por la independencia”. Y el 3 de febrero de 1852, el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, derrocó a Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros.

Ahora pues, podemos entender por qué varias localidades tienen calles cuyos nombres son “Tres de Febrero” y por qué existe un emblemático parque en la Ciudad de Buenos Aires, al que también se lo conoce con el nombre “Tres de Febrero”.
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Particularmente, este emblemático parque ubicado en Palermo, creado en el año 1875 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, lleva ese nombre porque allí Rosas, derrocado precisamente el 3 de febrero de 1852, había tenido su fantástica residencia.
Cinco años antes de la creación de ese parque por Avellaneda, el presidente Sarmiento utilizó el caserón que había pertenecido a Rosas –que para el sanjuanino constituía “el monumento a la barbarie”– para establecer allí la sede del Colegio militar que él mismo había creado. Finalmente, durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, la residencia de Rosas fue demolida, como no podía ser de otra manera, el 3 de febrero de 1899.
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Como si esto fuera poco, febrero ha sido protagonista de otros destacados hechos históricos en nuestro país: el 25 de febrero de 1778 nació José Francisco de San Martín; el 18 de febrero de 1800 nació Velez Sarsfield, autor del código civil argentino; el 15 de febrero de 1811 nació Domingo Faustino Sarmiento; el 12 de febrero de 1812 el Primer Triunvirato, a pedido de Manuel Belgrano, creó la escarapela nacional con los colores celeste y blanco; el 27 de febrero de 1812 Belgrano creó la bandera nacional; el 8 de febrero de 1826 asumió Bernardino Rivadavia como primer presidente argentino; y el 10 de febrero de 1912, durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, se sancionó la histórica “ley Sáenz Peña”, en virtud de la cual se estableció el voto universal, secreto y obligatorio.
Corto, pero humilde, el mes de febrero ha sido próspero en hechos y acontecimientos relevantes para la historia de nuestro país.
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