
La Argentina está dejando de existir. Estamos a un paso de convertirnos en el país imaginario descripto por Borges en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Aquel lugar regido estrictamente por la filosofía idealista, donde sus habitantes sólo concebían la existencia como una actividad de la mente. En el cuento, ese universo ficticio, creado por una secta insidiosa, se apodera inesperadamente del universo real.
Si repasamos las consignas esenciales de la primera década kirchnerista, queda claro que los agentes de Tlön colaboran desde un principio. Porque se decretó que la inseguridad es una mera sensación. Que los índices se pueden torturar hasta que confiesen que la pobreza es menor que en Alemania. O que el dólar oficial es un deseo prohibido, que nadie ha visto ni volverá a ver.
En su iteración final, paradójica, el oficialismo ya no disimula su epistemología: negar que la única verdad es la realidad. Aspira a resolver los problemas argentinos en el campo de la conciencia, no de los hechos. Así, las elecciones se pueden perder ganando, o ganar perdiendo. La inflación es un trastorno psicológico. Algunos candidatos se perciben habilitados a la reelección indefinida y una candidata se percibe proscripta, todo al margen de las leyes objetivas.
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Parte de la dirigencia parece haber adoptado ya el método de los metafísicos de Tlön, que no buscaban “la verdad ni siquiera la verosimilitud: se regodean con el asombro”. Unos proponen volver (permanecer) para la revolución (para que nada cambie). Otros, más ortodoxos, anuncian que dinamitaran las cosas y alcanzar el bienestar económico con “voluntad y representación”, es decir, dando curso forzoso a papeles de un color determinado.
En su cuento fantástico, Borges nos dice que una generación de tlönistas bastó para conquistar el mundo conocido. Y da una clave: que la derrota ocurrió porque la realidad cedió cobardemente, porque “anhelaba ceder” ante cualquier apariencia de orden.
Los argentinos todavía dispuestos a abocarnos a las cosas no debemos renunciar ni ceder. Debemos enfrentar los desafíos con coraje y firme apego a la verdad. Generar proyectos realistas para un país real. Presentar batalla a la avanzada de los metafísicos de Tlön con un programa que no sea ni un relato que cristaliza la clientela, ni un eslogan monetario que no condujo al desarrollo a ningún país de esta Tierra.
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