Mundial de Qatar: la teoría del detractor

La opinión adversa no define quién soy, sino que resignifica mi esfuerzo. La perla es producto del dolor, resultado de la entrada de una sustancia extraña o indeseable en el interior de la ostra y del trabajo de ésta para protejerse

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El entrenador de la selección argentina de fútbol, Lionel Scaloni, durante una rueda de prensa en Doha, Qatar (EFE/Rodrigo Jimenez)

[Este artículo ha sido escrito en colaboración con el psicólogo Agustín Amuchastegui]

Con motivo de la Copa del Mundo obtenida por la selección argentina de fútbol en Qatar, la cascada de material en las redes y en TV invitan a leer con frecuencia una mirada vengativa, rencorosa, bajo el lema “ni olvido ni perdón” para los periodistas o comunicadores que hablaron de manera crítica del técnico o de algunos jugadores por malos desempeños previos al Mundial.

Esto despertó la necesidad de trascender el ámbito deportivo y compartir algunas reflexiones para poder integrar las opiniones detractoras del rendimiento en la planificación hacia el éxito. Intentaremos demostrar en pocas palabras que la construcción de la fortaleza también depende del detractor o difamador.

Lo primero es lo primero: todas las opiniones son bienvenidas, pero algunas son críticas vacías y otras construyen. No es el acierto que tengan en el futuro lo que las hace válidas. Serán válidas siempre que nazcan de la intención de verdad y con ánimo de construcción. Pero no es correcto censurar una opinión por su aplicación o no en el futuro. No defiendo bajo ningún concepto a aquellos comunicadores que construyen su ego a partir de la crítica hueca o aquellos que representan otros intereses oscuros. Esas opiniones carecen de contenido y se derrumban solas.

Las opiniones verbalizan una forma de pensar y ver el mundo, pero sobre todo muestran la emoción del que las transmite; incluyen la mirada del observador que las emite. Entender ese paradigma invita a ser más compasivo con esa opinión (y en definitiva encauza el proceso de quien recibe la crítica hacia una gestión emocional adecuada). ¿Por qué la opinión (además de verdadera) no puede haber sido genuina en ese momento? La discusión ni siquiera es si el jugador/entrenador antes era “malo” y ahora es “bueno” o viceversa (porque en definitiva esa es la vida con sus altibajos); de lo que estamos hablando realmente es de si la opinión intentó ser constructiva o no. ¿No estamos acaso hablando del error de un comunicador en su interpretación? ¿Por qué no habría de olvidar un error? ¿Por qué seguir revolviendo y hurgando en un modelo de rencor a quien opinó de manera desacertada?

¿Por qué algunas personas cuando se acaba la alegría del objetivo alcanzado transforman la alegría en enojo? ¿Por qué necesitamos gozar, disfrutar, burlando a los demás, sean rivales o antiguos detractores, por qué a aquellos que alguna vez emitieron una opinión contraria no se los deja cambiar de opinión?

Independientemente del comunicador, el “fracaso” como mentor incluye (aunque claramente lo trasciende) a la mirada sobre la “opinión del fracaso”. Henry Ford dijo hace muchos años que el fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia. Es en definitiva la inteligencia emocional la que nuclea las opiniones adversas para utilizarlas como puentes hacia una mejor versión de uno mismo.

La mirada sobre un proceso exitoso, innovador y disruptivo actual es probable que cuente con detractores pasados de ese proyecto. Me animo a decir que es condición para que un proyecto de escalas como el que logró la selección mayor tenga detractores pasados (o actuales).

¿Será que la misma mirada negativa sobre un proyecto es sinérgica con la propia planificación y entrega?

La mirada compasiva sobre la crítica invita a entenderla como parte necesaria del proceso; si bien son muchas las causas por las cuales uno no logra lo que quiere, el azar entra en juego: Si el Dibu Martinez no ponía el pie y perdíamos la final, ¿cuánto iban a tardar en empezar a buscar culpables? ¿Por qué el DT Scaloni no hizo tal o cual cambio? ¿Por qué lo sacó al fideo Di María? ¿Por qué no lo pone a …? En ese caso algunos detractores hubieran acariciado sus egos y otros hubieran entendido que el deporte como la vida tiene variables incontrolables y el mismo azar. Lo más importante es lograr fundamentar la opinión en base a algo “objetivo”, o al menos acercarse. Tener la humildad de entender que opinar es sencillo si no me comprometo a analizar las variables y la mirada del ejecutor.

Con esto digo que lo que soy incluye lo que fue contra mí. “No vas a ser Tu quien cure tu enfermedad, va a ser Tu Enfermedad quien te va a Sanar a Ti” dijo en algún momento Carl Jung y en este sentido si entendemos la toxicidad de un comentario detractor sobre el rendimiento futuro como una enfermedad o como contaminante creo que la invitación es entender que esa toxicidad tiene como única consecuencia fortalecer mi planificación hacia el éxito. Como médico lo veo en mis pacientes que optan por tomar la enfermedad como camino de sanación hacia una mejor versión de sí mismos. Ya no se preguntan “¿por qué me pasa esto?” (léase “¿por qué dicen esto contra mí?”), sino “¿para qué me pasa esto?” / “¿para qué están diciendo esto?”. Ese cambio de paradigma sobre la toxicidad externa quiebra de manera amorosa y compasiva la mirada sobre aquello que atenta contra mi planificación u objetivo.

El concepto de enfermedad implica toxicidad o “mal estar” del individuo. Pérdida de armonía. Todos los síntomas nos transmiten un mensaje. Esto es incómodo porque saca la mirada del ser humano de la enfermedad como barrera para verla como puente a una mejor versión del individuo. Una opinión contraria, crítica (con verdad o no), colocada en el 1° lugar del podio de mi interpretación, puede ser una enfermedad o toxicidad que impacte en mi rendimiento. Cuando las personas pueden interpretar los hechos que ocurren en el mundo, el curso de su propio destino la existencia cobra sentido y se comparte.

En este intento de hacer un paralelismo entre lo tóxico de un pensamiento u opinión con una enfermedad, ese proceso tóxico es el que invita a resignificar y entender que el éxito depende de abarcar el daño. La opinión adversa no vino a definir quién soy, vino a resignificar mi esfuerzo.

La perla es producto del dolor, resultado de la entrada de una sustancia extraña o indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena. La parte interna de la concha de una ostra contiene una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando un grano de arena penetra, las células del nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con camadas y más camadas para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, la linda perla se forma.

Es posible considerar la opinión de los demás como un aporte a nuestra mirada y tener la capacidad o la humildad de separarlo de mi identidad. Cuando uno es capaz de separar lo que hace de quién es, el ser del hacer, es capaz de contemplar la posibilidad de que la mirada del otro aporta, me complementa y ya no es una amenaza a mi ego.

Solo desde la integración de la confianza en uno mismo, la mirada compasiva sobre los agentes externos detractores de tu proyecto, la construcción de una verdadera visión y misión, la confianza en el Universo y sobre todo en el propio esfuerzo y constancia es que se pueden lograr los objetivos deseados.

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