
La Génesis 41 de la Biblia habla sobre la interpretación que José hizo sobre un sueño que tuvo el Faraón de Egipto, algo que le provocó gran angustia, a tal punto de recurrir al patriarca para encontrar una explicación. La transcripción del texto servirá de descripción:
“Del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado, y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto. Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas; y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio”.
Algo similar ocurrió con otro sueño posterior, salvo que en este caso en lugar de vacas eran espigas de trigo. “Siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas. Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después de ellas; y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas”.
La interpretación que José dio a los relatos apuntó a que cada vaca o espiga representaba ciclos, que luego con el tiempo, el saber popular asoció a que cada uno se correspondía con un año calendario, que las vacas gordas y de hermosa “apariencia” se relacionaban con momentos de acumulación de recursos y riqueza, que las espigas con las posibilidades de contar con alimento abundante, mientras que las vacas flacas y las espigas menudas correspondían a períodos de dificultad en la generación de recursos, riqueza y provisión de alimentos suficientes.
De acuerdo con las escrituras el Faraón entendió el mensaje. Al momento de producirse dichos sueños el imperio atravesaba por un ciclo de bonanza, en consecuencia, decidió resguardar parte de la producción y la riqueza para posibles momentos de escasez y dificultad, situaciones que, de acuerdo con la Biblia ocurrieron posteriormente y que gracias a las acciones emprendidas pudieron sortear con alguna ventaja.
Múltiples mensajes
Por un lado, el del ahorro y el cuidado de los recursos para que se utilicen cuando se necesitan, para que se aproveche cuando fluyen y se utilicen cuando escasean. Por otro lado, a pesar de que haga lo que haga, una vez que empezó un ciclo de escasez hay que esperar a que pase y administrar los recursos acumulados de manera austera para que alcancen el mayor tiempo posible.
Estos dos mensajes se pueden sintetizar en que cuando estamos en las buenas guardemos algo por las dudas y que, en las malas, en ocasiones, mucho de lo que hagamos difícilmente pueda cambiar la situación.
El mensaje de fondo pareciera ser que los ciclos son inevitables y que la mejor manera de afrontarlos es con el entendimiento de que ambos son pasajeros, los de expansión y los de merma. Para eso sirve ahorrar y administrar sin desesperar.
Sin embargo, hay un concepto que se expresa mediante la utilización de la palabra “apariencia” que es revelador y a la vez estimulante, pues sirve como guía para orientar nuestras fuerzas hacia los lugares donde mejor pueden aprovecharse en cada ciclo.
En mayor o menor medida, el mundo, las naciones, las empresas y las personas pasamos por ciclos en los que podemos acumular reservas y otros en los que debemos consumirlas, de hecho, para eso las guardamos. Si relacionamos cada uno de los momentos de expansión o retracción y acompañamos el transcurso de cada ciclo, sin resistencia, aceptando que son pasajeros y circunstanciales, podemos encontrar oportunidades en cada una de ellos.
Obviamente que cuando los recursos fluyen, se multiplica el ganado y los cultivos son fuertes, es decir cuando tenemos trabajo o los negocios generan buenos ingresos la lógica indica que debemos aprovechar el viento a favor, trabajar más horas, emprender proyectos o asumir más riesgos, siempre con el objetivo de guardar algo, por las dudas.

Tomarse largas vacaciones, cerrar el negocio más temprano o incluso destinar más tiempo de lo habitual a cuestiones domésticas reducirán nuestras posibilidades de aprovechar al máximo la oportunidad que el ciclo propone.
En cambio, cuando las vacas son flacas, al igual que dictan las escrituras, por más esfuerzo que hagamos en alimentarlas con las vacas gordas del pasado, las flacas seguirán siendo débiles y menudas. Son momentos en los que los esfuerzos adicionales carecen de compensación, en los que la relación costo beneficio es negativa, es decir, que cuanto más producimos o trabajamos más perdemos.
Situaciones como estas son, lamentablemente, habituales en la Argentina. Los momentos de estancamiento y depresión en la actividad económica pueden servir de oportunidad, para quien tiene ahorros suficientes oriente sus actividades diarias hacia la familia, el esparcimiento y la capacitación.
Parar la rueda significa ver desde afuera nuestra propia vida y puede servir para balancear entre trabajo, esparcimiento y adquisición de conocimiento.
Está claro que en la mayoría de los casos es muy difícil o imposible dejar de trabajar de acuerdo con lo que resulten los ciclos generales o personales, sin embargo, lo que pretende esta interpretación es poner sobre la mesa la idea de que muchas veces las cosas van en un sentido a pesar de lo que hagamos y que lo mejor es acompañar el movimiento con el entendimiento que la vida nos invita a poner el foco en otras cosas, quizás más importantes que el trabajo y el dinero, como lo son nuestras familias, amigos, conocimientos, habilidades o incluso nosotros mismos.
Argentina invita muy seguido a que nos replanteemos si conviene emprender, trabajar más duro o hacer horas extras, son estos momentos en los que debemos hacer muy bien las cuentas y descubrir si estamos frente a la oportunidad de disfrutar más del descanso y la capacitación que del trabajo a cualquier precio.
¿Somos verdaderamente conscientes de lo que representa una oportunidad para nosotros frente a cada ciclo?
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