Salimos de la agonía, falta recuperar un futuro

Las instituciones fueron más fuertes que la debilidad de sus ocupantes, un logro para destacar

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Cristina Kirchner, Alberto Fernández y
Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa

Salimos de terapia intensiva, al menos por ahora superamos la angustia de no llegar a la próxima elección. Las instituciones fueron más fuertes que la debilidad de sus ocupantes, un logro para destacar. Se acabaron los sueños izquierdistas de algunos que intentaban hacer antiimperialismo en modo juventud revolucionaria. Ahora somos occidentales, no imagino qué hubiera dicho “Carta Abierta” en caso de seguir vigente. El kirchnerismo, según mi convicción, fue una acción pragmática que por necesidad le otorgó a los restos de la izquierda, la guerrilla y el Partido Comunista, un reconocimiento inmerecido que la historia les había negado. Las declaraciones de Vaca Narvaja y el juramento -por el salario Básico Universal y la lucha estudiantil, obrera y piquetera- del nuevo diputado dejan a esa supuesta izquierda sin pasado ni futuro. Ahora es tiempo del Massismo, un pragmatismo sin otra pretensión que defender su versión de burguesía. Todos tributan a una deformación del peronismo que sostiene su nombre dejando de lado la totalidad de su pensamiento, en rigor, negándolo. Los liberales no se hacen cargo de Martínez de Hoz, los peronistas de Menem ni la guerrilla de la traición de la “contraofensiva”, nadie asume su zona oscura.

Nuestra generación, los setentistas, nació con el sueño del héroe, del “hombre nuevo”, la violencia destruyó al idealismo y ahora, el pragmatismo derrota al pensamiento. Pasamos del sueño del héroe al poder del villano. Con el último cambio se termina el cuento de la izquierda cristinista, Massa se abraza a Estados Unidos y no hay margen para mucho más. Salimos de la agonía de los “albertistas”, filósofos de cafetín que nunca supieron explicar el destino al que pretendían llevarnos y pasamos a una nueva etapa, donde un sector de los intereses económicos impone su visión política. Terminamos siendo una sociedad que debe optar entre dos derechas, la que fracasó con Macri o la que queda del fracaso de Alberto. La pretendida teoría de que hay liberales buenos y populistas malos solo sirve para demostrar que hay imbéciles en todos lados.

Muchos pedían la renuncia del Presidente, eligieron un camino más institucional, soportar a un presidente débil y llegar hasta las elecciones es un signo de madurez importante. Juan Manzur sigue como jefe de Gabinete, a pedido de los gobernadores que son un poder real y los muchachos de La Cámpora pierden su protagonismo político mientras conservan sus cajas. En algunos sectores de la oposición la llegada de Massa no fue bien recibida, preferían la continuidad de Alberto que les aseguraba el triunfo que los dejaba más tranquilos.

El gobierno del PRO impuso la vigencia de un asesor que aportaba la experiencia política ausente. El fracaso de Duran Barba fue absoluto y Macri fue presidente cuando CFK lo quiso y dejó de serlo cuando ella lo decidió. La denuncia y la acusación sedujeron a la oposición y la dejaron sin grandeza, sin trascendencia. Como decía Jorge Luis Borges, “uno tiene la estatura de su enemigo”.

Los radicales la tienen más fácil, no necesitan asesores ni “coaching”, no son aficionados y están con ganas de reasumir protagonismo. Claro que las ideas ya no son materia de la política, pareciera que todo quedó reducido a la defensa de intereses. Hasta el grupo “Carta abierta” dejó de tener vigencia, los debates quedaron limitados a los números, evidente muestra de pobreza intelectual.

El fiscal va dejando la sensación que la situación de Cristina Kirchner no tiene salida, sus seguidores se refugian en la idea de “persecución” pero lentamente se asume que esta Corte Suprema no es susceptible a las agresiones de los fanáticos, mucho menos cambiable y que la condena es de sobra merecida. Claro que la decadencia no es fruto de estas causas personales sino de una instalación institucional de la corrupción.

Hubo un tiempo donde los colectivos eran de sus dueños, trabajadores de clase media que los cuidaban y decoraban con un zapatito de niño y una foto de Gardel o Leguizamo. No recuerdo cuándo destruyeron y se robaron esa sociedad ni cómo terminaron en manos de grupos que necesitan subsidios y devuelven coimas. El cuento del “liberalismo” en versión desregulada que impusieron los bancos y las privatizadas nos conduce a una concentración económica que termina digiriendo a la misma democracia. Durante la dictadura llegaron a pagar el diez por ciento mensual en dólares, si ganaban era de ellos, si daban en quiebra era deuda de todos. Eso sí es liberalismo desregulado.

Insisto con mi tesis, los bancos están estudiando cómo robarse las verdulerías, cuando lo logren habrán acabado con el comercio minorista. El resto son tan solo dependientes, sin tradición y sin patria, ya el futuro es de los consumidores. Ciudadanos abstenerse.

El fracaso de Alberto deja a Cristina sin futuro y la obliga a aceptar una conducción ajena. Massa nos saca de la agonía, eso es bueno, lo otro es recuperar un futuro, todavía está lejano.

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