El liberalismo que Milei proclama, se inspira en autores extranjeros, vinculados a realidades culturales y políticas alejadas de nosotros. Con esos pensadores y aquellas ideas extravagantes ha construido un Frankenstein que deambula en las tinieblas.
Milei desconoce la historia argentina, ignora que el país hunde sus orígenes en el liberalismo español. Liberalismo nacionalizado hispano por pensadores y políticos peninsulares que rodearon a Carlos III y que lo hicieron suyo luego de traducir y entender a los liberales franceses. No copiaron, crearon. Años después se lanzaron a una revolución democrática que abrazó a toda la américa española. De ahí venimos. ¡Que buscar, entonces, en economistas de apellidos difíciles lo que tenemos en Moreno, Belgrano, San Martín, Alberdi, Mariano Fragueiro, Norberto de la Riestra, José M. Sarobe o Federico Pinedo por poner algunos ejemplos! En nuestro acerbo histórico contamos con liberales de fuste que contribuyeron a crear la Argentina moderna que tanto reivindica Milei y sus adláteres, y sin embargo desconocen.
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En algunas oportunidades ponderó a Urquiza, a Roca y a la generación argentina que construyó un país pujante, que recibió generosamente a millones de extranjeros, a los que educó y les dio un lugar respetable en la sociedad. Ha llegado a sostener que en torno a 1910 estábamos entre las seis naciones más importantes del mundo. Esa argentina pujante y ascendente se construyó con un Estado fuerte que de ninguna manera chocaba ni choca con los principios del liberalismo. Ferrocarriles, caminos, puentes, escuelas, incorporación de nuevas provincias, creación de la ciudad de La Plata, transformación de la nueva Capital Federal, servicio militar obligatorio, Código de Trabajo, esto es justicia social y mucho más, todo realizado bajo los principios enunciados por Roca: “Mi opinión es que el comercio sabe por habitud mejor que el gobierno lo que le conviene. La verdadera política consiste, pues, en dejarle la mayor libertad posible. El Estado debe limitarse a establecer las vías de comunicación, a ligar las capitales por medio de ferrocarriles, a fomentar la navegación de las grandes vías fluviales. Debe mantener muy alto el crédito público en el exterior. En cuanto a la inmigración debemos protegerla a todo precio. Europa que está repleta de capitales, nos espera para colocarlos en América del Sud sino una garantía que podemos ofrecerle en tierra y en dinero” (Roca)
Un liberalismo adaptado a nuestra realidad, a nuestra historia y costumbres y a un Estado poderoso como el que construyó aquella generación. En estos hombres hay materia gris y densidad intelectual. Decía Eduardo Wilde, Ministro y amigo de Roca en una carta: “Aquello era un continuo de opiniones, prestigios e ideas. Solo en una cosa coincidíamos todos: en ser ultraliberales y revolucionarios en arte y en política.” Fue una generación que pensó al país desde dentro mismo de la historia, como sujetos moldeados por ella, avanzando con ella.
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Ciertamente esto indispone a los liberales que acompañan al gobierno actual, pero también a quienes desde enfrente descalifican al liberalismo porque en su ignorancia creen que Milei y sus adláteres lo expresan. Y me refiero a distintas vertientes del peronismo para quienes la palabra liberal produce urticaria. Veamos, dijo el general Juan Perón: “La Revolución Francesa comienza su acción efectiva en 1789, derrotada por la Santa Alianza, sin embargo, arroja sobre el mundo su influencia a lo largo de un siglo, por lo menos. Todos somos hijos del liberalismo creado por la Revolución Francesa.”
Y ahora, Adam Smith
El Presidente lo homenajeó en un acto realizado en el Palacio Libertad (ex Kirchner). Si bien Adam Smith ha sido el economista que batalló con éxito contra el colbertismo y el mercantilismo en su forma general, no dejó de observar que a la competencia hay que lanzarse con potencialidades y fuerzas poderosas. Pero vamos al fondo de la presente nota: implementar una política económica apoyándose en intelectuales ajenos a nuestra realidad es un error o una torpeza que no ha cometido solo el liberalismo, también lo ha hecho la izquierda al inspirarse en la URSS, China, Cuba o Vietnam y también el nacionalismo al imitar al fascismo o el nazismo. Implementar una política económica apoyándose en intelectuales ajenos a nuestra realidad es un error o una torpeza. Volviendo entonces al liberalismo rantifuso ¿Para qué Adam Smith? Si lo tenemos a José María Roxas y Patrón Ministro de Hacienda de Dorrego y del Brigadier General Juan Manuel de Rosas. Bien “nacional y popular”.
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Siendo funcionario de este último debatió con el gobernador Pedro Ferré de Corrientes y en representación de Buenos Aires y del “federalismo” porteño decía acerca de estas cuestiones: “Es cosa averiguada que los derechos percibidos por los efectos de todo género a su importación al país son pagados casi en su totalidad por los consumidores. Y entonces ¿por qué a estos hombres, y sus familias, se les ha de obligar a comprar caro, y por lo mismo escaso, lo que pueden tener barato y abundante, y a distraer una parte del capital que podrían economizar?”. Caputo diría invertir en algo más productivo. El caputismo sería la versión frankensteiniana de Roxas y Patrón.
Independientemente de quién tenía la razón, si Ferré o Roxas y Patrón, se trata de enmarcar el debate actual en nuestra historia de la cual Milei se encuentra alejado, recurriendo a economistas de complicada pronunciación, supongo en un afán de dar lustre y jerarquía a sus ideas, con citas de autores desconocidos por los más. Cuando la derecha mundial tiende a revalorizar los principios, la cultura, las tradiciones y el idioma vernáculo sin aislarse del conjunto, Milei y su gente discute valores creados por el globalismo, esto es el wokismo, traído al país por el kirchnerismo. Se compró una batalla equivocada. Se trata, entonces, de volver a la Patria.
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