
Son muchos los jóvenes argentinos que no estudian ni trabajan. A todos ellos los une la desesperanza frente a la imposibilidad concreta de sostener proyectos de desarrollo personal de cualquier tipo. Por eso es que se suma el tercer “ni”: ya tampoco buscan empleo. Según las últimas cifras del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, se trata del 14,8% de los jóvenes entre 18 y 24 años.
La falta de estabilidad y de continuidad es parte de su realidad. Siendo que solo 5 de cada 10 de ellos terminan el nivel de educación obligatoria, una de sus iniciativas más frecuentes es anotarse para terminar la secundaria. Sin embargo, la mayoría de las veces no sucede. Empiezan y abandonan. Lo mismo con el trabajo. Se agarra y se deja. Si consiguen algo, esto suele ser muy distante a una propuesta de empleo formal y bien remunerado. Un trabajo que los enmarca en una situación contingente, que de forma cotidiana e injusta los circunscribe en la constante evaluación de hasta cuándo sostener.
A medida que se repiten estos escenarios de inestabilidad y falta de perspectiva, gana terreno la frustración y la certeza de la imposibilidad de autonomía económica, de capacidad de planificación, de crecimiento ¿Hay otras posibilidades? ¿Dónde están? ¿Cómo correr y que sea para adelante?
Tenemos una responsabilidad no recíproca con las nuevas generaciones, dijo el filósofo alemán Hans Jonas. Y las instituciones que los adultos hemos creado no están receptando de forma eficiente sus dificultades estructurales para emprender un camino de vida digna y progreso. Tenemos un deber ético y, para quienes elegimos lugares de responsabilidad y representación social, también político. Con entender no alcanza, hay que contener e incluir a estas realidades de forma urgente. Fortalecer la escuela y universidad pública es condición necesaria. Y funciona: en un territorio donde 7 de cada 10 jóvenes son pobres, luego de dos meses de inaugurada la sede de Esteban Echeverría de la Universidad Nacional Guillermo Brown, fueron más de 2800 personas las que hicieron alguno de los cursos gratuitos orientados a generar herramientas para el trabajo.
Pero también se torna vital impulsar otro tipo de espacios con conectividad gratuita, dispositivos tecnológicos a su alcance, formación en habilidades blandas para el empleo, cursos cortos orientados a brindar competencias específicas para el desarrollo de sus proyectos de autoempleo, herramientas educativas para los oficios.
Seamos los protagonistas de un gran acuerdo básico que entienda a la educación como la pieza fundamental para reconstruir contextos como el de los conurbanos bonaerenses, que se asemejan cada vez más a futuras ruinas de ciudadanía. Tenemos que lograr que en adelante hablemos de los jóvenes con-con y nadie se pregunte qué significa eso, como cuando ahora hablamos de los jóvenes ni-ni. Trabajar en ese sentido es honrar nuestras responsabilidades.
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