
El rol del gobierno argentino en la IX Cumbre de las Américas demostró hasta qué punto Alberto Fernández transformó su administración en una plataforma de defensa de las dictaduras del hemisferio, mediante la instrumentación de una permanente validación de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
En su discurso en la apertura del encuentro convocado por el gobierno norteamericano, el canciller argentino cargó contra las sanciones que pesan sobre Venezuela y Cuba, países que no fueron invitados por violar sistemáticamente los derechos humanos en sus países y no cumplir con los estándares elementales y básicos del sistema democrático. El Ministro no ahorró palabras para condenar a los Estados Unidos al sostener que “nadie puede pretender el imperialismo del pensamiento único, y justamente, repartir sanciones”.
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En su ignorancia, volvió a confundir las nociones de bloqueos, embargos y sanciones. Contrariamente al relato kirchnerista, ni Cuba ni Venezuela sufren un bloqueo. Ello implicaría la aplicación de una política de aislamiento económico completa, un extremo que no se comprueba en ninguno de los casos. Los embargos, por el contrario, suponen restricciones al comercio exterior que no implican una limitación total a la economía de un estado con respecto al resto del mundo sino con relación a la del Estado que impone la medida. Cuba comercia libremente con muchas naciones y recibió inversiones -de España, etcétera- en forma libre, una prueba de que allí no existe un bloqueo sino un embargo. Lo mismo sucede con Venezuela, que mantuvo relaciones comerciales con infinidad de naciones de enorme relevancia como China, Rusia, Turquía, entre otras.
A su vez, el Ministro reiteró la postura kirchnerista de fustigar a la Organización de Estados Americanos (OEA). Un organismo presidido por quien es objeto de ataques cuasi-obsesivos del gobierno argentino. Precisamente porque Luis Almagro ha actuado correctamente, denunciando la violación permanente de los Derechos Humanos que tiene lugar en las dictaduras de los Castro-Díaz Canel, los Chávez-Maduro y los Ortega-Murillo.
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Porque como es evidente, en Cuba, Nicaragua y Venezuela no hay democracia ni existe el más mínimo respeto a los Derechos Humanos de sus habitantes. No hay libertad de prensa. Ni justicia independiente. Por el contrario, existen presos políticos, torturas y hostigamiento permanente contra los dirigentes opositores. Una triste realidad que es ignorada soberanamente por las autoridades argentinas.
En una abierta violación del contrato electoral de 2019 -en el que el actual mandatario se presentaba como un émulo de Raúl Alfonsín-, Fernández terminó convertido en el abogado defensor de Nicolás Maduro. Extremo que se evidenció cuando el propio dictador venezolano afirmó que “vamos a estar bien representados en la voz del presidente Alberto Fernández”.
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La actitud del Jefe de Estado -quien en su discurso del jueves 9 volvió a criticar a la Administración Biden por no invitar a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua- volvió a demostrar la profunda confusión de conceptos y valores en las que está atrapado el oficialismo. Toda vez que conforme a las decisiones adoptadas en las cumbres de Quebec y Lima del año 2001 se adoptó la exigencia de la vigencia del orden democrático para la participación en el sistema de reuniones interamericanas.
Frente a tal desmesura, es nuestra obligación afirmar ante el pueblo argentino, la región y el mundo que la Argentina en su conjunto no se ve representada por la actitud deleznable en la que se ha colocado a sí mismo el kirchnerismo.
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Es nuestra decisión irrevocable honrar y hacer valer los compromisos asumidos en el marco del sistema interamericano de defensa de la democracia y promoción de los Derechos Humanos. Somos plenamente conscientes -a partir de nuestra propia y dolorosa historia- de los dramas que siguen a la perdida de la libertad y la imposición de las tiranías.
La Argentina recuperó la democracia en 1983 y hoy gozamos de un sistema de libertades y respeto por los derechos individuales como nunca antes. Pero esas conquistas marcan un imperativo por luchar para que todos los habitantes del hemisferio puedan vivir bajo el imperio de la ley y la libertad, conforme a los compromisos asumidos por nuestras naciones. La hora exige que denunciemos los atropellos de las tiranías y las actitudes de quienes se pusieron al servicio de las dictaduras.
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Mariano A. Caucino es especialista en relaciones internacionales. Ex embajador en Israel y Costa Rica.
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