El directorio es el órgano supremo de gobierno de una sociedad y, como tal, tiene un rol clave en la dirección de la misma, el cual, por supuesto, se potencia en una situación de crisis.
Una de las principales funciones del directorio es la de convalidar de estrategia general de la compañía. Esto se extiende igualmente a las situaciones críticas, en las que el órgano debe pedir al management información detallada sobre los planes de contingencia y continuidad del negocio, poniendo especial atención a la situación financiera, ya que éste es el factor clave para la continuidad o desaparición de las empresas.
Una crisis no debe cambiar la distribución de responsabilidades entre el directorio y el CEO (y el Comité de Crisis que lo acompañe), pero sí obliga a una mayor responsabilidad de todos los actores, a fin de ajustarse rápidamente a los cambios. Corresponde al management generar las estrategias para sortear el escenario, pero, más que en ningún otro momento, el directorio debe analizarlas en detalle, revisando su consistencia y el nivel de stress que puedan soportar.
Las diferencias en la forma en la que empresas del mismo sector económico se desempeñan frente a una crisis son enormes. Este contraste responde a la forma en la que cada organización se maneja. Quienes se adaptan y reaccionan incorporando la nueva información y generando respuestas acordes son los que progresan.
A fin de ser exitosas en la búsqueda de este progreso en medio de una situación crítica, las compañías deben contar con directorios cuyos miembros se encuentren preparados, y que tengan una dinámica de trabajo eficiente entre ellos. La capacidad de sus miembros se refiere a la posibilidad que éstos tengan de enfrentar los desafíos exitosamente (porque lo ha hecho antes en alguna manera o dimensión parecida), mientras que la dinámica se refiere a la generación de información de gestión, preparación de las reuniones, participación y construcción de consenso en ellas y también seguimiento de los temas.
La convergencia de estos dos aspectos permitirá traducir las decisiones del Directorio en planes de contingencia, que a su vez deben tener responsables de llevarlos a cabo e impactos medibles. Los directorios deben, también, llevar una agenda de seguimiento y medición a fin de evaluar a los responsables de guiar a la organización en la crisis, que son el CEO y su equipo.
Sin dudas que en una situación de este tipo pueden existir conflictos entre el directorio y el CEO y el resto del management, pero estas fricciones se deben más a la falta de un código de gobierno corporativo bien definido, donde las responsabilidades se encuentren claramente repartidas, que a la propia situación de crisis. Es por ello que las compañías deben preocuparse de diseñar ese código y luego respetarlo, tanto en la cotidianeidad como en los momentos críticos.
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