
El 28 de agosto pasado, el ex ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, anunciaba algo que todos ya creíamos inevitable: el reperfilamiento de la abultada deuda soberana.
Para alivianar la carga financiera y lograr una estabilidad cambiaria, el gobierno de Mauricio Macri propuso aplazar los pagos de las Letras, postergar el vencimiento de los bonos y renegociar con el FMI.
Desde ese momento, Wall Street y el mercado local, comenzaron a preparar un sinfín de reportes mostrando los posibles escenarios de cómo quedaría el inminente reperfilamiento de la deuda soberana argentina.
A la uruguaya, a la ucraniana o a la portuguesa, el mercado mostró estar obsesionado con los próximos pasos del Gobierno nacional. Fue así como reperfiló títulos de deuda que vencían en el corto plazo, postergando el plato fuerte y lo más complejo para una futura fecha: los bonos.

Del reperfilamiento a la reestructuración
La palabra reperfilamiento rápidamente fue quedando en el olvido y el concepto de reestructuración de la deuda comenzó a ser el foco del mercado.
Nuevamente, Wall Street y el mercado local, comenzaron a producir una gran cantidad de reportes con escenarios de una posible reestructuración y análisis de la sostenibilidad de la deuda argentina. ¿Cuánta quita de capital? ¿Cuánta quita de cupones? ¿Hasta cuándo se postergan los vencimientos? ¿Qué bonos serían incluidos? ¿Cuáles son las Cláusulas de Acción Colectiva? En fin, las preguntas de siempre.
De esta manera, durante la primera semana de enero, el nuevo Gobierno, liderado por el presidente Alberto Fernández, dio los primeros pasos para reestructurar la deuda argentina y evitar así caer en el noveno default en la historia de nuestro país.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, en un comunicado, invitó a los acreedores a presentar propuestas formales y a los bancos a actuar como intermediarios. Para esto, puso a disposición una casilla de correo electrónico: ugs-agentesinfo@mecon.gob.ar.
Sin embargo, la urgencia de conseguir un acuerdo rápido por la reestructuración, está comenzando a notarse en los bonistas e inversores quienes no ven avances tangibles y concretos y muestran una tensa inquietud. Esto no quiere decir que no haya avances. Tan solo nerviosismo por no saber si los hay.
Recordemos que la República Argentina enfrenta un período muy delicado en el manejo de su abultada deuda que, de no acoplarse a sus propias realidades y a las demandas de sus acreedores, rápidamente podría terminar en un nuevo default.
La inminente reestructuración de la deuda soberana argentina es uno de los procesos más complejos que los mercados de capitales internacionales podrían enfrentar en su larga historia. El Gobierno nacional, a lo largo de las últimas dos décadas, ha emitido bonos por USD 320.000 millones, que fueron colocados en múltiples monedas, sujetos a numerosas jurisdicciones nacionales e internacionales y con diferentes cláusulas colectivas. A todo esto, la Argentina hoy se prepara para reestructurar deuda previamente reestructurada, algo inédito en el mundo de las altas finanzas internacionales.
Por esto, mi pregunta al ministro Martín Guzmán es ¿hay avances en las negociaciones con los acreedores internacionales?

Es necesario que el mercado calme su ansiedad y baje su incertidumbre porque cualquier punto y coma fuera de lugar, puede perjudicar rápidamente el proceso de normalizar nuestra deuda.
Esto lo vimos a principios de semana con el llamado de la Provincia de Buenos Aires a postergar tres meses el vencimiento de un bono previsto para el 26 de enero. Los mercados aun no se han recuperado del impacto de esta noticia y un silencio prolongado del lado del Gobierno podría perjudicar aún más la cotización de los bonos argentinos.
El autor es Fixed Income Research de Research for Traders
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