Los padres sobreprotectores

Laura Lewin

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Ningún padre quiere que su hijo sufra. El problema es que, cuando el adulto se preocupa excesivamente por su hijo, le saca la posibilidad de desarrollar herramientas esenciales para hacerle frente a la realidad que le toque en el futuro.

Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos, creyendo que ellos no pueden por sí mismos, los despojamos del poder de decidir, de utilizar su razonamiento, de tomar decisiones.

En vez de ayudarlos a crecer, los hacemos más chiquitos, y los niños terminan con más inseguridades, miedos, angustias, e incapaces de avanzar por sí solos.

Además, les cuesta asumir la frustración o reconocer sus errores.

Y no solo eso: el padre también termina agotado. No solamente vive su vida, sino también la vida de su hijo.

Debemos brindarles a nuestros hijos las herramientas socioemocionales que los ayudarán en su vida adulta: la resiliencia, la flexibilidad, la adaptación, entre otras.

Los niños nacen con una motivación natural para explorar y aprender. Aprendamos a no estar pendientes de ellos en exceso, a dejarlos explorar y equivocarse.

Ante un niño miedoso, en vez de sobreprotegerlo, debemos explicarle qué es lo que va a pasar. De este modo, se sentirá seguro y se atreverá a superar sus miedos.

Aunque no lo veamos, la sobreprotección daña tanto a los niños que muchas veces ellos solo esperan recibir y son incapaces de dar.

Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas.

La autora es capacitadora y especialista en educación. Su último lanzamiento es "Fuertes y Felices, el manual que no te entregaron cuando tuviste hijos", de editorial Bonum.