Estos últimos días fueron agitados para Felix Klein, el Comisionado del Antisemitismo en Alemania, tras haber afirmado: "No puedo recomendar a los judíos que usen la kipá [solideo] en todo momento en cualquier lugar de Alemania". En una atmósfera en la que los delitos xenófobos y antisemitas aumentaron casi un 20% en el último año, donde casi el 25% de las agresiones racistas fueron de carácter antisemita y donde todas las instituciones judías deben ser protegidas por la policía, esa aseveración estaba destinada a provocar una reacción.

"Nunca nos someteremos, nunca bajaremos la vista y nunca reaccionaremos ante el antisemitismo con derrotismo", respondió el presidente israelí Reuven Rivlin: "Esperaremos y exigiremos que nuestros aliados actúen de la misma manera". "Si tan solo una persona en nuestro país no puede usar una kipá sin ponerse en peligro, la única respuesta es que todos usemos una kipá", escribió el editor en jefe de Bild, Julian Reichelt. "¡La kipá pertenece a Alemania!" proclamó, e imprimió en la portada del diario (el más vendido de Alemania) un modelo de kipá para recortar con el fin de que los lectores la vistieran en solidaridad con la comunidad judía.

Al día siguiente, la canciller Angela Merkel afirmó en una entrevista con CNN que Alemania tiene que "enfrentarse a los espectros de su pasado" y que debido a ese pasado "tenemos que estar más alertas que los demás". Luego, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier emitió una declaración que reafirmaba que era "el trabajo del Estado proteger a nuestros conciudadanos judíos e intervenir cuando sea necesario". A su vez, la embajadora de Alemania en Israel, Susanne Wasum-Rainer, subrayó: "La vida judía es parte de Alemania" y su gobierno tiene "una responsabilidad particularmente grande hacia la vida judía en Alemania". El secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo expresó su preocupación, durante una estancia en la propia Berlín, "de ver a los judíos desanimados de usar el solideo en público por razones de seguridad. Ninguno de nosotros debería achicarse ante los prejuicios".

Como consecuencia de las repercusiones, el comisionado Klein giró 180 grados y pasó de recomendar a los alemanes judíos que se abstengan de usar solideos a pedir a los alemanes no-judíos que los usen en público. Anticipándose a una inminente manifestación árabe-palestina que suele elevar consignas yihadistas, enfatizó en una entrevista con el grupo de medios Funke: "Hago un llamado a todos los ciudadanos en Berlín y en todas partes en Alemania para que lleven la kipá el sábado, cuando gente agitará de manera insoportable contra Israel y contra los judíos en el Día Al-Quds". Se lanzó así una campaña con la consigna Deutschland trägt Kippa ('Alemania se pone la kipá').

Strictu sensu, Felix Klein dijo una obviedad. Todos sabemos que hay zonas de Alemania, particularmente las pobladas por inmigrantes musulmanes, en las que los judíos no son bienvenidos. El propio Consejo Central de Judíos en Alemania emitió en el pasado varias advertencias sobre el uso de la kipá en público. Solo que no es prudente publicitar ello desde los mandos gubernamentales, pues puede ser leído como una admisión oficial de abandono de toda disposición a defender a la judería alemana ante potenciales agresores locales. Vale recordar que en Francia, donde se han hecho similares sugerencias, desde el 2005 al menos diez judíos fueron asesinados por islamistas. Entonces, más que solicitar a los judíos que se abstengan de vestir solideos, las naciones europeas deberían advertir a los antisemitas que serán severamente penalizados por sus ataques. Como remarcó un editorial de Bild, el hecho de que los judíos deban ocultar su religión para sentirse seguros siete décadas después del Holocausto significa un fracaso ante la propia historia europea en general, y alemana en particular.

De cualquier modo, hay un contexto mayor que debemos considerar al evaluar la actitud contemporánea de Alemania hacia el pueblo judío. Poco tiempo antes del affaire Klein, legisladores alemanes adoptaron una resolución de denuncia sin precedentes del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, describiendo sus métodos como antisemitas y reminiscentes de los boicots nazis contra los judíos. La moción aprobada por el Bundestag renuncia apoyar financieramente todo proyecto que exija un boicot a Israel e insta a otros países europeos a seguir su estela. En el texto, los legisladores declararon: "El patrón de argumentación y los métodos del movimiento BDS son antisemitas" y que los llamamientos a boicotear productor israelíes "recuerdan la fase más terrible de la historia de Alemania". Recalcaron, correctamente, que los adhesivos "No compre" que pega el BDS sobre productos israelíes "inevitablemente despiertan asociaciones con el eslogan nazi "¡No compre a los judíos!".

Bien, interesantemente, esta resolución (que no es vinculante) fue presentada por los tres partidos gobernantes del país, junto con dos partidos de la oposición, y aprobada por una gran mayoría. Fue patrocinada conjuntamente por la Unión Demócrata Cristiana y los Socialdemócratas, los dos partidos más grandes del Bundestag que conforman la coalición gobernante, así como dos partidos de la oposición, los Verdes y el Partido Demócrata Libre. Además, el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) intentó ir más lejos todavía al presentar una moción separada en la que pedía la prohibición total del movimiento BDS en el país (fue rechazada).

Asimismo, Alemania había previamente anunciado que se opondría a las resoluciones sesgadas de las Naciones Unidas contra Israel, y unos pocos días después del voto anti-BDS en su Parlamento, Berlín cumplió su promesa. La asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud de la ONU votó 96 a 11 una resolución redactada por los palestinos (el hospital central de Gaza ha albergado en su subsuelo cuarteles del Hamas), copatrocinada por Siria (el gobierno ha bombardeado hospitales), Venezuela (el gobierno está provocando muertes infantiles en los hospitales por mala administración o indiferencia) y Sudán (¿alguien recuerda el genocidio allí?), que culpó a Israel por las "condiciones de salud en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén oriental y en el Golán sirio ocupado". Alemania estuvo entre las únicas 11 naciones que se opusieron a esta salvaje politización de la OMS para castigar injustamente a Israel, lo que preanuncia un nuevo papel diplomático de Alemania en la ONU en lo concerniente al Estado judío.

Así es que luce sensato no sobredimensionar las palabras no felices de un oficial de gobierno, las que en todo caso fueron corregidas. El panorama más amplio muestra una nación decidida a dar combate al antisemitismo y al antisionismo, dentro de sus fronteras y fuera de ellas. Esperemos que el liderazgo de Berlín sea próximamente emulado por otras capitales europeas.

El autor es escritor, analista político internacional y profesor universitario.