(IStock)
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Si bien las discusiones son inevitables, la forma en las que las manejamos será una enseñanza para nuestros hijos. Si tratamos de resolver los conflictos de una manera constructiva, les estaremos enseñando habilidades socioemocionales que podrán utilizar en su propia vida.

Los niños aprenden a manejar el conflicto viendo cómo lo hacen sus padres, como adultos. Los conflictos forman parte de cualquier dinámica familiar, pero no todos son iguales ni tienen las mismas consecuencias.

Por un lado, tenemos los conflictos que se manejan de manera constructiva, que son los que —independientemente del problema— salvaguardan la seguridad emocional de los niños. Ellos saben que, más allá del tema en discusión, sus padres mantendrán la armonía familiar.

Por otro lado, tenemos los conflictos que se manejan de forma destructiva, que son aquellos que generan discordia, enojos, gritos y agresividad verbal o física. Estos sí afectan la seguridad emocional de los niños, generan ansiedad, miedo e incertidumbre.

La habilidad de tener una discusión que no se vuelva personal es un gran aprendizaje para los más pequeños de la casa. Lamentablemente, muy pocos padres tienen la capacidad de enseñar esta habilidad a sus hijos.

Tampoco se trata de pretender o fingir que no sucede nada, sino de transmitir que están trabajando juntos para resolver un problema que afecta a todos.

Debemos recordar que somos figuras de referencia para nuestros hijos y modelamos conductas a través de nuestro propio comportamiento.

Si un chico ve que sus padres se gritan o se faltan el respeto, ¿por qué no lo haría él con otras personas?

La idea, siempre, es poder ofrecerles a nuestros hijos el hogar más estable y más sano posible. En este sentido, es importante:

Tener ciertas conversaciones a puertas cerradas

Nunca desautorizar al otro padre

Comunicarse de manera positiva

Aceptar los errores

Pedir disculpas si corresponde

Proteger esos momentos familiares —una cena o un paseo—para que sean lo más memorables posible.

Como padres, debemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar su madurez emocional, para que vivan en paz con nosotros, con su entorno y con ellos mismos.

Para caminar junto a nuestros hijos en el desarrollo de sus habilidades socioemocionales, es necesario haber trabajado previamente esas habilidades en nosotros mismos. Es muy difícil enseñarle a un niño a calmarse si no podemos manejar nuestras propias emociones.

Solo cuando hayamos aprendido a permanecer en nuestro eje y a estar en paz con nosotros mismos podremos generar paz a nuestro alrededor.

La autora es escritora, capacitadora y consultora. Preside el Congreso Internacional de Desarrollo Profesional para Profesores y Coordinadores de Inglés y el Congreso Internacional para Directivos Innovadores de Instituciones Educativas. Cursó la carrera de Traductorado Público y Profesorado de Inglés.