Christopher Goodney/Bloomberg
Christopher Goodney/Bloomberg

Hace tres años que estudio la actitud de los argentinos frente a las políticas del gobierno de Mauricio Macri. Realicé tres encuestas: en enero-febrero de 2017, enero-febrero de 2018 y enero-febrero de 2019. Fui a 30 localidades de la capital, el conurbano y algunos partidos del interior de la provincia de Buenos Aires. Cada año entrevisté a 2892, 3840 y 3725 personas, respectivamente, en lugares públicos –plazas y calles centrales. Presento los cambios que se han producido entre los dos últimos sondeos y concluyo: durante el último año Macri perdió la confianza de sus seguidores más leales, al punto tal que algunos consideran a Cristina como su candidata en las elecciones de octubre, pero hay una desesperada demanda para el "otro".

A principios de 2018 parecía que el proyecto político del equipo de Macri podía funcionar. En 2017 la economía creció 2,9 por ciento. El nivel de la pobreza bajó hasta el 26% de la población. La inflación de 2017 cerró en el 25% (en comparación con el 40% en 2016). En 2018 Argentina fue golpeada por una crisis causada tanto por factores externos como por errores de la gestión. El peso fue devaluado frente al dólar en un 100 por ciento. La tasa de desempleo subió hasta el 9,1% y los salarios reales bajaron un 12 por ciento. Actualmente, el país se encuentra endeudado con un préstamo récord de $50 mil millones del FMI. En breve, el futuro económico de la Argentina está una vez más comprometido.

La primera encuesta de 2017 revelaba que personas con más recursos y mayor nivel de educación votaron a Macri y seguían aprobando las políticas que su equipo llevaba adelante en los dos primeros años de la gestión. En la última encuesta la caída de aprobación entre estos grupos sociales es muy visible. De hecho, en la capital, ciudad donde Macri creció como político, en el año 2018 el 31,2% de los entrevistados optó por "aprueban la gestión del gobierno", en cambio, en 2019 solo el 16,6% eligió esa opción. La caída de la aprobación del gobierno en la capital es más profunda que, por ejemplo, en el conurbano. Pasa lo mismo con la intención de votar a Macri, "si las elecciones pasaran mañana". Ahora solo el 19% de los porteños sostiene que lo votaría, en comparación con el 28% en 2018.

La caída de la confianza al camino que tomó el gobierno es aún más marcada si dividimos los entrevistados según sus ingresos. Si en 2018 el 53% de quienes ganan más de 56 mil pesos aprobaban la gestión de Macri, en 2019 solo el 27% está de acuerdo con su política. La diferencia entre los dos años es tres veces más grande que la caída en la aprobación de la gestión en la clase baja (con ingresos menos de 10.700 pesos por mes). Mucho menos representantes de la clase alta desean votar a Macri en las elecciones presidenciales, entre los cuales la intención de voto cayó del 50 al 29 por ciento. Obvio que eso no resulta en igual pérdida de votos en términos absolutos, dado que hay mucha más gente de clase baja que gente con ingresos más elevados. Pero el cambio es llamativo: si no votan ellos, ¿quién lo hará?

No solo los consultados con más recursos económicos perdieron entusiasmo por la gestión de Macri, sino también las personas con mayor nivel de educación. En 2018 el 35% de quienes poseen títulos universitarios aprobaba las medidas del gobierno y ahora lo hace solamente el 19 por ciento. Además, mucho menor es el porcentaje de estas personas que tiene intención de votar a Macri —21% en comparación con el 32% de hace un año. El único grupo que sigue siendo relativamente fiel a Macri son las personas mayores. Si bien la aprobación de la gestión del gobierno bajó del 41% hasta el 26% entre los entrevistados mayores de 60 años, el 28% todavía lo consideran como su candidato en 2019 (era el 33% en 2018).

En resumen, el equipo de Macri no convenció a los votantes de sus rivales en 2015 y, además, perdió la confianza de sus propios votantes. Entre los entrevistados que votaron a Macri en las últimas elecciones presidenciales, el 61% iba a votar a él nuevamente en 2018 y este porcentaje cayó hasta el 35% en 2019.

¿Y para qué lado miran todos esos decepcionados? Sergio Massa no aprovecha la coyuntura política y económica. Los cambios en la intención de voto hacia él entre diferentes grupos socioeconómicos son mínimos o negativos, tanto así que solo el 42% de quienes lo votaron  en 2015 lo haría de nuevo "si las elecciones pasaran mañana". Al mismo tiempo, Cristina Kirchner consolida posiciones en el mercado político. A pesar de la revelación de la causa de "los cuadernos de las coimas", hay menos personas que consideran a la corrupción como "el principal problema del país" (el 20% de todos los entrevistados en 2019 en comparación con el 24,5% en 2018). Durante el último año ella amplió su base electoral no solo en el oeste y sur del conurbano, donde ya estaba bien posicionada, sino también en las zonas relativamente prósperas como la capital, los partidos del interior de la provincia de Buenos Aires y el norte del conurbano.

Es más, proporcionalmente, Cristina gana más entre los grupos socioeconómicos que se consideran sus fieles tradicionalmente. En particular, en los grupos de entrevistados con ingresos de 22 mil pesos y más, su popularidad creció entre el 7,3% y el 10,3% durante el último año. La situación es parecida si dividimos los consultados por su nivel educativo. El crecimiento de la popularidad de Cristina dentro del grupo de personas con estudios universitarios es igual que en el grupo de personas sin estudios: 7,2 por ciento.

El crecimiento de la popularidad de Cristina se nota en todos los sectores de la población, al punto tal de que hay un 6% de las personas que votaron a Macri en 2015 y que ahora están dispuestos para votar a Cristina. Pero hay muchas personas más que están deseando el "otro" candidato.

El desafío electoral para Macri no es atraer a los fieles de Cristina, sino recuperar a sus propios seguidores.

La autora es candidata a doctora en ciencias políticas en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).