A primera vista sorprende que los referentes de una organización juvenil como La Cámpora que, se supone, deberían ser más receptivos a las denuncias de las "compañeras", acompañarlas y sostenerlas, se hayan en cambio lavado las manos. En el mejor de los casos. Confrontados a denuncias de violencia de género y abusos bajaron la línea de "mandar a callar" a las "compañeras".

Que eso ocurra eventualmente en partidos que estos mismos referentes de La Cámpora calificarían de tradicionales y burgueses tal vez causaría menor sorpresa según su lógica. Al menos se corresponde mejor con la idea instalada públicamente de que la resignación y el silencio frente a los abusos son cosa de las viejas generaciones, formateadas por otras costumbres y otros códigos; si esto fuese así, más chocante sería aun el doble discurso en estos jóvenes.

La denuncia de una joven militante contra Jorge "el Loco" Romero, senador provincial de La Cámpora, ex concejal de Florencia Varela y protegido de Máximo Kirchner, por haberse propasado con ella, abrió una compuerta por la que están pasando otras militantes que padecieron situaciones similares en la misma fuerza kirchnerista.

"La Cámpora encubrió, encubre y va a seguir encubriendo a estos abusadores", fue la crítica de Stephanie Calo, la chica que lo acusó. La misma compañera apuntó contra un diputado nacional del Frente Para la Victoria, al que no nombró, pero del que dijo que pide favores sexuales a cambio de conceder unidades básicas.

Por estas denuncias, nos enteramos de que La Cámpora tiene Responsable de Género por distrito y a nivel nacional…

Aylén Borda, otra militante de La Cámpora, denunció a un novio golpeador. Nos enteramos por su testimonio de que la agrupación tiene "responsable de género" (sic) por distrito. A ella apeló Aylén pero en vez de defenderla la referente la cuestionó por exponer el caso: le dijo que "no era sano" que los compañeros se enterasen.

"No se preocupó por mí y puso en duda mi relato. La línea de la organización es mandar a callar a las compañeras", denunció Borda.

Existe incluso una Responsable de Género Nacional que es la diputada Mayra Mendoza. Tampoco ella se solidarizó con las chicas. 

La dirigencia de la agrupación juvenil desmintió en un comunicado el no acompañamiento, pero las militantes ratifican sus denuncias.

Una tercera militante, periodista en Télam, subió un post lapidario a su Facebook: "Vi a mujeres talentosas ascender políticamente porque estaban en pareja con varones con cargos. Vi a mujeres talentosas que se quedaron en la oscuridad o tardaron muchos años más en que lo suyo sea reconocido. En La Cámpora fui ninguneada, acosada y humillada. Encima tuve que fumarme escuchar durante años que no entré a Télam porque me gané ese puesto con profesionalismo, sino porque estuve g… para llegar".

Lo del "Loco" Romero era serial, según el testimonio de estas compañeras. Y, viendo el video que acompaña esta nota, en el que Máximo Kirchner, principal referente de la agrupación, lo llena de elogios, puede entenderse por qué se sentía impune en su comportamiento.  

No es nueva esta actitud en esa agrupación. Recordemos que cuando Victoria Donda dejó de estar alineada con ellos en un ciento por ciento los epítetos que le dedicaron en la jura del Congreso -por un escote pronunciado- fueron dictados por una conciencia sexista y machista, denigrante de la condición femenina. Sorprendente falta de solidez de principios y de coherencia ideológica.

La Cámpora surgió con mística prestada y eso no hay relato que lo disimule. De entrada, se autoasignaron el lugar de herederos de otras juventudes peronistas, las de los 60 y los 70, que surgieron al calor de la resistencia a la proscripción y persecución del Movimiento.

La agrupación kirchnerista, en cambio, nació de arriba hacia abajo, nació oficialista y al amparo del aparato del Estado. Primero fueron fuerza de choque en el conflicto con el campo, luego un trampolín ideal para "llegar". La finalidad de la política es conquistar poder para concretar las políticas necesarias a los objetivos fijados. Pero cuando el desinterés, el deseo de servir y los valores más elementales no son el motor que mueve a una fuerza, todo se tuerce.

La nueva política nació vieja y no sólo en el plano de la igualdad y la libertad de las mujeres

Detrás de una retórica recargada, de barricadas inexistentes, hubo mucha falta de escrúpulos. La nueva política nació vieja y no sólo en el plano de la igualdad y la libertad de las mujeres. No se trata de una única mancha en un tigre blanco. En toda su forma de hacer política los jefes de La Cámpora incurrieron en demagogia, clientelismo y apropiación de recursos del Estado al servicio de la política partidaria. Llegaron a repartir donaciones de la gente a los inundados con las pecheras de La Cámpora, como los intendentes o gobernadores que le ponen su firma a los recursos públicos antes de distribuirlos.

Y, en materia femenina, es imposible concebir cómo pese al evitismo proclamado, se pasó a encubrir la conducta soez de algunos de sus cuadros que tuvieron la osadía "revolucionaria" de violentar la libre voluntad de la mujer.

Como herederos de Evita que dicen ser, deberían estar a la altura de la tradición de un movimiento que siempre le dio participación y protagonismo político a la mujer: en los años 50 con el voto y la posibilidad de acceder a cargos electivos; en los 90, con el cupo femenino que puso a la Argentina a la vanguardia en esa materia y que le cambió definitivamente la cara al Congreso.

Ni aun un sindicalista burócrata llega a serlo sin antes haber combatido porque no se llega a la cabeza de un gremio si no se es el más consecuente en la defensa de los intereses de sus bases.

Pero los referentes de La Cámpora ya nacieron burócratas. No tuvieron que luchar para tener recursos, infraestructura, ni tropa. Tal vez sea por eso que algunos de sus jefes llegaron a creerse dueños también de las mujeres.

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