El mundo está lleno de cumbres de países que se reúnen sin brindar soluciones concretas a nuestros problemas de todos los días. Así han surgido varios grupos de trabajo como el G7, el G8 y el G20, que se reúne esta semana en nuestro país. Más allá del comunicado final, a todos les cuesta llegar a resultados tangibles. Dada esta dinámica mundial, quizás el foro virtual más relevante es el G2, pues todo el planeta se mueve al compás de la relación entre Estados Unidos y China, es decir, de una potencia establecida junto a una emergente. De allí que en esta ocasión será crucial que la Argentina desarrolle una agenda bilateral con objetivos muy concretos en las reuniones uno a uno.

A partir de haber trabajado en el G20 durante cinco años (2004-2009), puedo concluir que su efectividad se da cuando los esfuerzos se concentran en pocas iniciativas capaces de implementarse por todos los gobiernos participantes. De este modo, el grupo fue una pieza central en coordinar políticas monetarias y fiscales que permitieron al mundo emerger de la crisis de 2009, con ocho años ininterrumpidos de crecimiento mundial. Recuerdo que en la reunión de Londres, en marzo de aquel año, Ben Bernanke, entonces presidente de la Reserva Federal, nos motivó a todos con un concepto clave: "Tenemos que pensar y actuar fuera de la caja de herramientas tradicional". Así, cada uno de los ministros implementó en sus países políticas económicas que permitieran una notable recuperación.

De ahí que el objetivo que deba trazarse en esta reunión es qué políticas preventivas podemos poner en práctica para evitar una nueva crisis sistémica. En particular, hay espacio para crear consensos sobre la generación de políticas que impulsen la inversión en obra pública, como un motor necesario para que pueda financiarse con nuevos instrumentos crediticios. Apalancarse en organismos multilaterales de crédito solo utilizando sus garantías para impulsar a fondos de inversión privados a volcar sus recursos en infraestructura es un camino donde todos los Estados miembros pueden pronunciarse.

Este es un ejemplo de cómo trabajar en políticas anticrisis. Un compromiso de todo el G20 de invertir en infraestructura en la próxima década será un factor clave en evitar una próxima recaída. La generación de nuevos instrumentos para su financiamiento es la manera más concreta de llevarlo a la práctica. Si se abarcan temas que van desde el cambio climático hasta la inmigración, será muy difícil llegar a acuerdos que sean realizables.

El autor es economista, director de Fundación Capital. Fue director del Banco Central, presidente de la Comisión Nacional de Valores y secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales.