El G20 adquirió un rol importante como foro internacional desde la crisis financiera de 2008, momento a partir del cual se utilizarían sus reuniones para acordar políticas de regulación y estabilización del sistema financiero internacional. Al recibir asesoría del FMI, del Banco Mundial y de la OCDE, el G20 fortalece posiciones conservadoras y pro establishment en las discusiones, debido a que esas organizaciones son dominadas por los países más desarrollados. Por ese motivo, desde los movimientos populares existe un llamado a construir una agenda alternativa, para enfrentar al neoliberalismo que concentra riquezas y descarta a los pueblos.

El Gobierno de Cambiemos es un alumno ejemplar de este foro, porque expresa los intereses de la clase dominante tradicional de nuestro país, fusionada y disciplinada a la rapiña financiera global.

Pero no solo pensamos quedarnos en las protestas, pensamos en construir una propuesta programática alternativa, que se sustente en la agenda de los movimientos populares, los feminismos, del campesinado y de toda la clase trabajadora con el objetivo de impulsar un proyecto de nación para el conjunto de los habitantes de nuestra patria, contrapuesto al modelo tecnocrático del descarte social que hoy es hegemónico en el mundo.

Para esto creemos fundamental realizar cuatro grandes reformas. Primero, una gran reforma poblacional urbana y rural a fin de terminar con el hacinamiento en las grandes urbes y poblar las zonas rurales de nuestro país, realizando una gran reforma agraria y disputando la tenencia de la tierra. Segundo, una reforma productiva agregando industrialización a la agricultura familiar y complementando toda nuestra producción con las naciones hermanas de Latinoamérica. Tercero, una reforma social, porque la relación patrón-asalariado ya no es la principal relación social que se vive en la actual estructura laboral, ya que existen millones de trabajadores y trabajadoras que se inventan su propio trabajo en la economía popular, y también demandan dignidad y derechos. Y cuarto, una profunda reforma institucional que garantice transparencia y eficiencia en la gestión pública, condenando profundamente la corrupción intrínseca que pueda existir en las estructuras estatales y promoviendo la elección directa de los jueces en la Argentina.

Otro mundo es posible y estamos dispuestos a construirlo.

El autor es secretario de Políticas Sociales del Movimiento Evita. Dirigente de CTEP.