Debía ser un debate que reemplazara la agenda de "reformismo permanente" que había propuesto el presidente Mauricio Macri en noviembre. En diciembre, los disturbios frente al Congreso contra la reforma previsional llevaron a ese cambio de planes: la agenda "progre" debía entretener al Congreso y la sociedad a falta de mayores reformas económicas estructurales. Luego, el mundial haría el resto para llegar a las vacaciones de invierno sin sobresaltos.

Pero todo salió distinto: la despenalización del aborto, que hace apenas tres meses parecía condenada a fracasar en el Congreso, terminó saliendo bajo la presión de la opinión pública y el activismo abortista. No solo los militantes por el aborto libre, sino también los antiabortistas le demostraron al gobierno de Cambiemos cómo en apenas tres meses -desde que el Presidente anunció que habilitaría el debate- se pueden generar climas de opinión pública, cambiarla y hacer cambiar de opinión a los políticos que debían decidir: el voto de la Cámara de Diputados a favor del aborto es una clase magistral de comunicación política moderna.

Al final el voto en Diputados reflejó el resultado de las encuestas, que daban una ínfima ventaja a los proabortistas.

Hasta la ex presidenta y hoy senadora Cristina Fernández de Kirchner habría decidido cambiar su hasta ahora férrea oposición a la despenalización del aborto. Hasta hace horas parecía que en el conservador Senado sería imposible que saliera la despenalización del aborto. Hoy la certeza es que pasa y será ley en cuestión de semanas. Todo cambia.

Algunos diputados terminaron cambiando su voto durante la larga y helada noche del debate. Cuando a una idea le llega su hora, es imparable, y las convicciones de los líderes políticos suelen ser "marxistas", en referencia al humorista estadounidense Groucho Marx, que decía: "Estas son mis convicciones, y si no le gustan, tengo otras".

Es una lección para el gobierno de Cambiemos de que se puede: se puede cambiar la opinión pública, y ésta puede cambiar a los políticos.

La visión de la comunicación del gobierno de Cambiemos hasta ahora se ha basado en que no se le puede proponer a la política grandes transformaciones estructurales de la economía argentina, y mucho menos algún tipo de ajuste, si no se tiene la mayoría en el Congreso. Ese es el racional detrás de la estrategia gradualista que terminó de fracasar con la corrida cambiaria y el auxilio del FMI.

Para llegar a esa estrategia se partió de un diagnóstico dudoso, proveniente de la biblioteca "duranbarbiana": a la gente no le interesan los planes económicos, y es imposible convencer a nadie que le "toquen" nada.

Pero los pro y anti abortistas le dieron una lección a ese esquema de pensamiento. "Cuidemos las dos vidas", sintetizaban los anti-abortistas. "Yo voto por el derecho a decidir", era una de las principales consignas abortistas en las redes sociales.

Los planes económicos pueden sonar algo abstractos, explicados en la Facultad de Ciencias Económicas. Pero en pocos países hay tan buenos divulgadores económicos como en la Argentina. De hecho, todo plan económico afecta la vida de la gente de manera tan directa como el debate del aborto, que enfervorizó a la sociedad.

El mejor ejemplo de que el gobierno debería aprender la lección del debate en torno al aborto es el de la reforma laboral. En 2016, silenciosamente, casi en secreto, Cambiemos presentó al Congreso una muy alentadora Ley de Empleo Joven. Proponía facilitar las pasantías, flexibilizar los períodos de prueba y fomentar las prácticas y la capacitación laboral de jóvenes luego de que durante el kirchnerismo encareciera el acceso de jóvenes y pasantes al mercado laboral formal.

El peronismo, a instancias del sindicalismo, cantó "flexibilización" y la rechazó sin vueltas. Los periodistas nos fuimos enterando de la existencia de ese proyecto tan innovador para sacar a los "ni ni" (ni estudia, ni trabaja) de la calle una vez que el peronismo ya lo había rechazado.

Siguiendo el principio de que "a nadie le interesa", Cambiemos lo guardó en el cajón.

Pero el mundo del trabajo, la capacitación laboral, el empleo y la economía, tocan el "metro cuadrado" de la sociedad y los individuos tan íntimamente como el aborto: se trata de la vida, el futuro, el progreso, la familia, los sueños, el decidir qué rumbo de vida tomar, quedarse o irse del país y separar a las familias: la economía, lo laboral no son temas abstractos.

Cualquier consultor de comunicación podría haber imaginado una campaña de comunicación chispeante a favor de la capacitación laboral y la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo. ¿Algún político quiere ser responsable de dejar que nuestra juventud se hunda en la droga?

Cuando un gobierno no tiene mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso, necesita una alianza con la opinión pública. Para lograrla, debe seducirla, modificarla. Es exactamente el trabajo inverso al de la campaña electoral, en la que Cambiemos demostró su destreza: leer inteligentemente las encuestas.

Pero cuando creíamos que la estrategia de comunicación de Cambiemos había aprobado la "pasantía", volvió a incurrir en el mismo error cuando a fin de año llevó a la CGT un plan mucho más ambicioso de reforma laboral que directamente apuntaba bajar los costos y levantar ese cepo que impide a las Pymes tomar empleo. La propuesta original de reforma laboral podría haber sido la herramienta más potente para terminar con el déficit fiscal crónico de Argentina que llevó a esta corrida y crisis de confianza sobre la economía: podría terminar con ese estado sustituto del mercado laboral que quebró al país cargándolo excesivamente de ñoquis y planes.

Pero la CGT le devolvió al Gobierno una sombra de la propuesta que le había llevado, y los otros gremios amenazaron con la consabida protesta si salía un solo punto de cualquier reforma laboral.

Como con el caso del aborto, hoy las encuestas están demostrando que hay una ligera mayoría que entiende la problemática laboral: las Pymes son las que dan el grueso del empleo, y podrían emplear a más gente si se flexibilizaran las condiciones. La encuestadora GOP (Grupo de Opinión Pública) muestra que ese convencimiento a favor de la reforma laboral incluso creció en los últimos meses, a pesar de que el tema ni se empezó a debatir.

Quizás sea hora de que, aprovechando el acuerdo con el FMI y el cambio en el timón del Banco Central, el Gobierno aprenda la lección del debate del aborto y, más allá del ajuste y la inevitable recesión post devaluación, proponga un plan económico más visionario, con un mediano y largo plazo alentadores con el que logre seducir y movilizar a la opinión pública. Ajuste y recorte solos no son consignas que entusiasmen a la gente. Ni siquiera a los inversores.

Por la fría recepción del mercado del dólar al nuevo presidente del Banco Central, el viernes, se confirma una vez más que el entusiasmo de la opinión pública también mueve los mercados. Los inversores también están esperando un plan más seductor.

La consigna del "aborto", tampoco hubiese sido seductora: ¿quién se entusiasmaría con la propuesta de matar niños por nacer? Salvar las vidas de madres humildes de abortos clandestinos riesgosos era una propuesta muy distinta.

Motivó a que cientos de miles pasaran una de las noches más frías del año en la calle.

El Gobierno, por más debilitado políticamente que esté, tiene los resortes para buscar esa alianza con la opinión pública y está a tiempo de hacerlo: falta más de un año para las elecciones. De hecho, hoy las encuestas están indicando que difícilmente Mauricio Macri se pueda imponer en un ballotage, y que el humor social está en su momento más bajo desde que asumió Mauricio Macri.

Solo esa nueva alianza con la opinión pública en torno a reformas estructurales que devuelvan el entusiasmo a la sociedad podrían relegitimarlo aun cuando los resultados ahora se tarden en notar.

*Director de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo