Ya nadie discute desde qué momento se es persona humana; la ciencia nos lo ha demostrado al confirmar, al momento de la concepción, un ADN único e irrepetible, distinto al de la madre y al del padre.

El marco jurídico argentino también lo considera así con la incorporación del Pacto de San José de Costa Rica a nuestra Constitución Nacional y manifestando que se considera persona humana desde el mismo momento de la concepción, y que como tal, deben respetarse sus derechos fundamentales, y en primer lugar el derecho a la vida.

La Marcha por la Vida, en Mendoza (mdz)
La Marcha por la Vida, en Mendoza (mdz)

Luego, numerosas leyes sostienen esta verdad. Entonces, ¿qué estamos discutiendo? El aborto existe y muchas mujeres recurren a él, asumiendo riesgos que muchas veces ni conocen. Deciden hacerlo porque su contexto y sus problemáticas las ponen en una situación de desesperanza que creen no poder superar y entonces toman esa decisión. No son libres al tomarla, son impulsadas por la desesperación y no por la libertad. Así muchas padecen luego situaciones complejas en términos de salud física y psíquica, y en todos los casos se pierde la vida de ese hijo, de ese niño, de esa persona.

La marcha de hoy nos dijo a quienes tenemos responsabilidades políticas, jurídicas, sociales y asistenciales que no dejemos sola a esa mujer, que no la dejemos sin alternativas, que no la abandonemos a su desesperanza y que no la empujemos  a tomar una decisión que pondrá en riesgo su vida y terminará con la del niño. Nos plantearon el desafío de continuar trabajando con más audacia, recursos y compromiso por la educación sexual, la salud reproductiva de mujeres y varones, nos reforzaron el compromiso de revertir ese 30% de pobreza y la inclusión real en la educación y el trabajo.

Marcha contra el aborto y a favor de la vida
Marcha contra el aborto y a favor de la vida

Hoy, caminando en esta marcha junto a miles, pensaba en esas mujeres que encuentro cada semana en distintos lugares de nuestro país como funcionaria de desarrollo social, pensaba en sus vidas y en cientos de charlas con mates lavados en las que me cuentan sus dolores. Y así, caminando y pensando, me encontré con Silvia. Ella vive en La Matanza, junto al arroyo, en las peores condiciones. Nos abrazamos y me dijo: "Vicky no nos dejen solas, yo aborté y no se lo deseo a mis hijas ni a mis nietas, aún lo sufro. No nos condenen a abortar 'segura y gratuitamente' condénennos a elegir tenerlos y poder darles comida, escuela y salud. Dennos recursos, ayuden a nuestros varones a que no nos dejen solas o nos maltraten: ¡Cuídennos!"… y emocionadas las dos seguimos caminando juntas, en esos silencios que hermanan.

Esto nos dijeron los miles de argentinos que, como Silvia, en distintos puntos del país, se reunieron y manifestaron en favor de la vida de la madre y del hijo, exigiéndonos las condiciones para construir  en libertad los sueños de cada niño, de cada varón y de cada mujer. Ese es mi compromiso.

La autora es Subsecretaria de Responsabilidad Social para el Desarrollo Sostenible