La clave de la independencia y el desafío de los tiempos

Por Fernando de la Rúa

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A dos siglos de la Declaración de la Independencia debemos recoger el espíritu de aquel Congreso reunido en Tucumán.

El 25 de mayo de 1810 se instaló el primer Gobierno Patrio. Fue la libertad con un gobierno instalado por el pueblo: el Gobierno propio.

El 9 de julio de 1816 fue la independencia. Significó asumir la plena posesión del territorio bajo la ley de nuestra Nación y no de la ficción de la corona, con el respaldo de nuestros ejércitos.

Los que en 1816 llegaron a San Miguel Tucumán tras el duro viaje de entonces sabían que se precisaba un fuerte sentido de unidad. Decisiones de esa dimensión histórica no se adoptan si falta grandeza y prevalecen las diferencias o los intereses de facción.

En nombre de la soberanía territorial la patria naciente pudo enfrentar como invasores a las fuerzas realistas.

Confirmada la independencia con el triunfo de las armas se emprendió el camino de la paz interior y la organización institucional. Sería arduo. Los conflictos fueron profundos, las luchas atroces.

En 1853 pudo dictarse la Constitución. Pero la unión no fue completa por la deserción de Mitre y Buenos Aires, opuestos al acuerdo de San Nicolás. Recién en 1860 se unió el país con la reforma de la Constitución.

Sin embargo, los conflictos internos subsistían. Un estado de guerra civil conspiraba contra la unidad nacional. Para colmo, la guerra de la Triple Alianza con Paraguay se hizo presente como una enorme tragedia americana.

Tiempo y paciencia fueron armándonos la Patria. El siglo XIX terminó asolado por la crisis financiera. La deuda externa se arrastraba desde Rivadavia y empeoró con Juárez Celman lo cual con los fuertes reclamos de cambios institucionales dio paso a la Revolución del 90 liderada por Leandro Alem a la que siguió el nuevo gobierno de Carlos Pellegrini.

La gran revolución fue transformar el pueblo por efecto de la inmigración. Hombres y mujeres de allende los mares vinieron a poblarnos el vasto territorio ahora surcado por el ferrocarril mientras se acondicionaba el puerto.

Yrigoyen reemprendió la lucha del 90 por la salud de las instituciones y el sufragio libre plasmada en la ley Sáenz Peña y en su elección como Presidente en 1916.

La vuelta atrás de la Revolución del 30 y los fraudes de la Concordancia reabrieron heridas mal cicatrizadas.

Revolución en el 43 y Perón hasta el 55. Revolución el 55 y luego sucesivos golpes de estado militares o civiles. Autoabastecimiento energético, violación de derechos humanos y vuelta a la democracia en 1983. Los conflictos políticos y las crisis institucionales habían resentido la unidad. Restablecerla era urgente.

Un nuevo elemento había aparecido. El cáncer del endeudamiento del siglo XIX volvía en el siglo XX.

Se acudió al crédito externo pero en vez de emplearlo sólo para el desarrollo se usó para financiar el populismo. Se aumentó el déficit público en vez de mantener el equilibrio de las cuentas.

Soberbia e incomprensión de los acreedores y de los organismos multilaterales de crédito. Globalización de la economía.

El país soberano proclamado en 1816 volvió a ser dependiente por gastar de prestado. El saludable crédito externo fue mayormente para cubrir los déficits del gasto demagógico en vez de aplicarse a las inversiones prioritarias para el crecimiento.

Como ayer los hicieron los congresistas de Tucumán debemos unirnos y reiterar las viejas consignas. Sanear el Estado y combatir la corrupción que lo envilece. Asegurar un sistema social justo con trabajo, educación, salud y vivienda. Un desarrollo sano de la economía que no asfixie con la demoledora presión de los impuestos para atender urgencias de la burocracia.

A 200 años de la independencia hay que poner en funcionamiento a la Argentina. Sólo será posible si reafirmamos nuestra independencia y un sentido responsable de unidad nacional, promoviendo el crecimiento y la justicia social.

Esto plantea un arduo y no sencillo problema de cuentas: eliminar el déficit para no depender de nadie.

Esta es hoy la clave de la independencia y el desafío de los tiempos.

El autor fue presidente de la Nación (1999-2001)