
El periodista nicaragüense Henry Briceño Portocarrero presentará en Madrid su libro Destierro, una obra testimonial que narra el secuestro, la expulsión de Nicaragua y el posterior exilio que él y su familia enfrentaron bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La presentación oficial tendrá lugar el próximo 10 de septiembre en la Biblioteca Pública Miguel Hernández, en Puente de Vallecas, en un encuentro abierto al público.
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La obra, publicada por la editorial Letrame, reconstruye desde una perspectiva personal las circunstancias que forzaron a la familia Briceño a abandonar su país y su hogar.
El relato no solo documenta el proceso de expulsión, sino que denuncia los abusos policiales, las confiscaciones y las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen nicaragüense contra periodistas y opositores, según publica el medio La Mesa Redonda.
Briceño, además de ejercer el periodismo, participaba en la actividad política opositora a través de movimientos como Unamos y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).
Esta doble actividad lo convirtió, junto a su familia, en objetivo de la represión estatal. Según narra en su libro, su esposa y sus dos hijos, una adolescente y un niño de 11 años, fueron también víctimas directas de la persecución, arrastrados por las consecuencias de la expulsión y obligados a abandonar Nicaragua.
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La familia Briceño cruzó la frontera hacia Costa Rica, iniciando una etapa marcada por la incertidumbre y la precariedad, donde tuvieron que adaptarse a nuevas realidades lejos de su entorno. El relato pone especial énfasis en el impacto psicológico y emocional de la expulsión sobre cada miembro.
De acuerdo con el medio, la esposa debió sostener el hogar en medio de la adversidad, la hija adolescente fue separada de sus vínculos sociales y el niño enfrentó el reto de adaptarse a una realidad completamente ajena.

Posteriormente, la familia consiguió asilo en España, país donde inició el proceso de reconstrucción de su vida familiar lejos del exilio forzado. Briceño subraya las dificultades psicológicas y materiales de empezar desde cero tras ser despojado de su hogar y arraigo.
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En el contexto de la represión en Nicaragua, la experiencia de los Briceño es solo una de las muchas historias que ilustran la magnitud del exilio forzado de periodistas, defensores de derechos humanos y opositores.
Desde 2018, según datos de organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), más de 200 periodistas nicaragüenses se han visto obligados a dejar el país debido a amenazas, persecución judicial, confiscación de medios y riesgo de cárcel.
Muchos de ellos han encontrado refugio en Costa Rica, España, Estados Unidos y otros países de la región, donde continúan denunciando las violaciones a la libertad de prensa y los abusos de poder.
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Entre los casos más notorios se cuentan el de Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial, quien se exilió en Costa Rica tras el asalto y confiscación de las oficinas de su medio; Wilfredo Miranda, periodista de investigación; y Lucía Pineda Ubau, directora de 100% Noticias, quien estuvo presa y fue posteriormente desterrada. La lista incluye a decenas de comunicadores y trabajadores de medios independientes que han debido reorganizar sus vidas y sus proyectos profesionales en otros países, enfrentando precariedad, desarraigo y la constante amenaza a sus familias que permanecen en Nicaragua.

El propio Henry Briceño define el destierro como “la acción más inhumana que un gobierno dictatorial puede hacerle a una familia”. En Destierro, convierte su experiencia en testimonio y denuncia. “Destierro es la vivencia de mi familia, el drama de cuatro personas arrancadas de su hogar”, afirma. El libro se erige en memoria de lo ocurrido y en advertencia sobre la persecución que enfrentan quienes se oponen a la dictadura de Ortega y Murillo.
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La obra de Briceño, como la de otros periodistas en el exilio, plantea el destierro no solamente como una expulsión física, sino como una ruptura familiar, social y emocional que obliga a reconstruir la vida lejos del lugar de origen. Mientras tanto, la represión contra la prensa crítica en Nicaragua continúa, con nuevas restricciones legales, cierre de medios y detenciones arbitrarias que refuerzan el ciclo de silencio y miedo impuesto desde el poder.
Las voces en el exilio, lejos de extinguirse, mantienen viva la denuncia. Desde diferentes países, periodistas nicaragüenses continúan ejerciendo su oficio, documentando abusos y defendiendo el derecho a la información, en una lucha que trasciende fronteras y que, como sostiene Briceño, “no puede callar ante tanta ignominia”.
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