
El alfajor dejó hace tiempo de ser un producto pensado únicamente para el mercado interno. En los últimos años, la demanda internacional de alimentos con identidad argentina impulsó su presencia en supermercados, tiendas especializadas y plataformas de comercio electrónico de distintos países.
Aunque representa un nicho dentro de las exportaciones argentinas de alimentos elaborados, el alfajor forma parte del crecimiento de las manufacturas alimenticias de mayor valor agregado. Según datos oficiales, este segmento mantuvo una evolución positiva durante 2026, impulsado por alimentos industrializados que continúan ganando espacio en distintos mercados internacionales.
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Detrás de cada alfajor que llega al exterior existe una operación logística mucho más compleja de lo que parece. Controles sanitarios, envases adaptados, transporte internacional y una planificación precisa permiten que el producto conserve su calidad desde la planta de producción hasta la góndola del país de destino.
América Latina lidera la demanda, pero crecen otros mercados
Los principales destinos internacionales de los alfajores argentinos continúan siendo los países vecinos. Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil concentran buena parte de las ventas debido a la cercanía geográfica, la afinidad cultural y la consolidación de redes comerciales regionales.
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Sin embargo, el producto también gana espacio en mercados más lejanos. Estados Unidos, España, Italia, Canadá, Australia e Israel registran una demanda creciente, impulsada tanto por comunidades de argentinos residentes como por consumidores interesados en productos típicos y dulces premium.
En varios de estos países, el alfajor ya no se comercializa únicamente en tiendas de productos latinoamericanos. También comienza a aparecer en cadenas gourmet, locales especializados en gastronomía internacional y plataformas de venta online, ampliando significativamente su alcance.
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El crecimiento responde además a una tendencia global favorable para los alimentos diferenciados por origen, donde la historia, la tradición y la identidad gastronómica se transforman en un valor agregado tan importante como el producto en sí.
Un producto delicado que exige planificación logística
A diferencia de otros alimentos secos, el alfajor combina distintos ingredientes sensibles como dulce de leche, chocolate, glasé o coberturas, lo que obliga a mantener determinadas condiciones durante toda la cadena logística.
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El transporte terrestre suele ser la alternativa predominante para los envíos hacia países limítrofes, mientras que los mercados más alejados se abastecen principalmente mediante transporte marítimo en contenedores, reservándose el transporte aéreo para cargas urgentes, lanzamientos comerciales o envíos de menor volumen.

La temperatura representa uno de los factores más importantes. Aunque muchos alfajores no requieren cadena de frío, sí necesitan evitar exposiciones prolongadas al calor, especialmente aquellos bañados en chocolate, para impedir deformaciones, pérdida de brillo o alteraciones en su textura.
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También adquiere relevancia el embalaje. Las cajas deben soportar movimientos durante miles de kilómetros sin comprometer la integridad del producto. Para ello suelen utilizarse separadores internos, cartones de alta resistencia y sistemas de estiba que reduzcan golpes y vibraciones durante el transporte.
A todo ello se suma la necesidad de controlar la humedad ambiental y respetar los tiempos logísticos previstos para que el producto llegue con suficiente vida útil disponible para su comercialización.
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Qué tipos de alfajores tienen mayor salida internacional
Aunque existe una enorme diversidad de recetas regionales, los alfajores de dulce de leche con cobertura de chocolate continúan siendo los más demandados en los mercados internacionales.
También mantienen buena aceptación las variedades con baño de chocolate blanco, las versiones elaboradas con maicena y coco rallado y algunos productos premium con ingredientes diferenciados, orientados a consumidores que buscan propuestas artesanales o gourmet.
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En cambio, las variedades con ingredientes extremadamente frescos o de conservación limitada suelen destinarse principalmente al mercado interno, ya que presentan mayores desafíos para el transporte de largas distancias.
La creciente diversificación de la oferta también acompaña tendencias internacionales vinculadas al consumo responsable, incorporando presentaciones individuales, envases reciclables y versiones adaptadas a distintos hábitos alimentarios.
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Exportar un alfajor implica mucho más que producirlo
Para que un alfajor argentino pueda comercializarse legalmente en otro país debe cumplir una serie de requisitos sanitarios, documentales y de inocuidad, además de las exigencias específicas que establece cada mercado de destino.
El proceso involucra la intervención de organismos oficiales encargados de habilitar establecimientos exportadores y verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos tanto por el Código Alimentario Argentino como por las condiciones particulares exigidas por cada país importador.
Cada mercado puede exigir documentación adicional, certificaciones específicas, etiquetado en distintos idiomas o declaraciones nutricionales adaptadas a su normativa local, aspectos que deben resolverse antes de iniciar el despacho internacional.
En ese contexto, la logística deja de ser únicamente una cuestión de transporte para convertirse en un factor determinante de competitividad. Coordinar tiempos de producción, almacenamiento, certificaciones, despacho aduanero y distribución internacional resulta tan importante como la calidad del propio producto.
El recorrido que realiza un alfajor desde una planta argentina hasta una góndola en otro continente puede demandar varias semanas y atravesar distintos modos de transporte. Que llegue con el mismo sabor, textura y presentación con los que salió de fábrica depende, en gran medida, de una cadena logística cuidadosamente planificada.
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