
Al hablar sobre su actividad, María señala que se trata de un trabajo donde “todos los días hay reglas diferentes y uno nunca sabe con qué se va a encontrar”. En esta entrevista repasa su recorrido profesional, describe cómo cambió la dinámica de las operaciones internacionales y reflexiona sobre la realidad que atraviesan hoy quienes asesoran a empresas en este ámbito.
¿Cómo describirías hoy la actualidad del comercio exterior en Argentina?
La actualidad del comercio exterior en Argentina hoy por hoy es bastante variable. Hay sectores que están muy bien, con buen potencial de trabajo, y hay otros que no tanto. También depende mucho del tipo de estudio o de profesional.
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Así como hay estudios aduaneros que manejan un gran volumen de operaciones, también estamos los despachantes que trabajamos de manera independiente, como es mi caso. Y en esos casos la realidad puede ser muy distinta: hay momentos donde tenemos un buen volumen de trabajo y otros momentos donde baja mucho.
Entonces, hoy la situación es bastante irregular. Yo diría que estamos en una especie de montaña rusa: hay períodos muy activos y otros en los que el movimiento es menor.
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¿Cómo cambió la dinámica del trabajo del despachante de aduana en el último tiempo?
Cambió bastante, sobre todo a partir del decreto 70/2023. A partir de ahí se generó una competencia que, desde mi punto de vista, es bastante despareja.
Hay gente que realmente sabe mucho y está preparada para trabajar en comercio exterior, pero también hay gente que no está capacitada y que de todas maneras ofrece servicios. Eso termina generando situaciones donde profesionales que estamos preparados para asesorar a los clientes perdemos trabajo frente a personas que no tienen la misma formación.
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Después también depende mucho de las empresas. Hay importadores que entienden la importancia de trabajar con profesionales especializados y otros que prefieren probar por su cuenta.
Muchas veces pasa que prueban hacer una operación por otro lado y, si les sale bien, continúan así. Pero si algo sale mal —y en comercio exterior los errores suelen ser caros— ahí vuelven y buscan asesoramiento profesional.
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¿Por qué decís que los errores pueden ser tan costosos?
Porque las multas pueden ser muy elevadas. En comercio exterior un error documental, una mala clasificación o una declaración incorrecta puede generar sanciones importantes. Por eso es un área donde la experiencia y el conocimiento son fundamentales. Muchas veces se subestima el nivel de detalle que requiere una operación, pero cuando aparece un problema, las consecuencias económicas pueden ser significativas.
¿Para qué sectores trabajás actualmente como despachante de aduana?
Trabajo bastante con maquinaria. Me toca hacer operaciones vinculadas a la industria agrícola, por ejemplo, o camiones destinados al sector minero. También hay empresas que importan camiones para uso propio.
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En el caso de los camiones, durante mucho tiempo ya existía la posibilidad de importar ciertos modelos usados, como los ocho por cuatro o los seis por cuatro, que siempre estuvieron habilitados. Pero ahora, con la habilitación para importar bienes usados a partir del Decreto 273/25, se amplió aún más el panorama.
Eso generó nuevas oportunidades de trabajo. Ahora estamos pasando presupuestos y esperando que en algún momento llegue la mercadería.
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¿Qué factores tenés en cuenta al elegir con quién trabajar en logística?
Principalmente la confianza y la trayectoria. Al estar en este sector desde 1999 conozco bastante el mercado. Trato de trabajar con personas que conozco o que tienen referencias de responsabilidad y profesionalismo. Muchas veces son profesionales que trabajaron durante años en grandes empresas y después se independizaron, pero mantienen la misma seriedad en su trabajo.
Para mí eso es fundamental, porque en comercio exterior cada eslabón tiene que funcionar bien para que la operación llegue a buen puerto.
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¿Dónde suelen aparecer los principales cuellos de botella en las operaciones?
Hoy no tenemos tantas restricciones como en otros momentos. Pero sí hay un tema que sigue siendo complicado: los turnos en las terminales portuarias. Ese es un punto donde todavía hay dificultades. Conseguir turnos en horarios razonables no siempre es sencillo. El Centro de Despachantes de Aduana está trabajando en ese tema para mejorar la situación. Hoy puede pasar que te den un turno para retirar un contenedor a las 23 horas. Y en los tiempos que vivimos no es una situación ideal.
Si pudieras cambiar algo del sistema ¿por dónde empezarías?
Me gustaría que lo que se publica oficialmente después se pueda aplicar en la práctica de manera coherente. Muchas veces ocurre que una normativa se anuncia o se publica, pero cuando intentamos accionar aparecen otros organismos que todavía no se pronunciaron o procesos que no están implementados.
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Es decir, a veces lo que está escrito y lo que ocurre en la práctica no coinciden, y eso genera demoras y problemas para las operaciones.
¿Qué es lo que más te atrae de la profesión?
Lo que más me gusta es que todos los días son distintos. Te levantás a la mañana y no sabés con qué situación te vas a encontrar. Siempre hay algo nuevo para resolver, nuevas normas, nuevos desafíos. Es una profesión muy dinámica.
¿De dónde nace tu vínculo con el comercio exterior?
Yo estoy vinculada al comercio exterior desde muy joven. Empecé a los 15 años trabajando en una cerealera. En esa empresa aprendí muchísimo. Era una de las principales exportadoras del país en ese momento. Allí fue donde realmente “mamé” lo que es el comercio exterior.
Recuerdo ir al puerto y ver cómo desde la manga caía el cereal hacia los barcos. Fue una experiencia que me marcó mucho. Ojalá pudiéramos volver a ver un país donde las exportaciones tengan ese nivel de protagonismo.
¿Qué mensaje le darías a las nuevas generaciones que están pensando en trabajar en este sector?
Primero que estudien y que no bajen los brazos. Hoy los jóvenes tienen muchas más herramientas de las que teníamos nosotros. El conocimiento nunca ocupa lugar. Y en comercio exterior siempre hay algo nuevo para aprender.
También les diría que no se rindan. Es una profesión apasionante. Desde afuera puede parecer algo aburrido, pero cuando uno está dentro se da cuenta de que es un mundo muy dinámico.
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