
Al analizar el funcionamiento del sector, Nilda sostiene que “en el rubro textil, donde la moda es dinámica y los plazos se miden en temporadas, prever cada etapa de la importación es clave para llegar a tiempo al mercado”. En esta entrevista, repasa los cambios regulatorios de los últimos años, el rol de la logística en las operaciones y el escenario que atraviesan las empresas locales frente al crecimiento de la oferta internacional.
A partir de tu amplia experiencia, ¿cómo definirías las características del comercio exterior de productos textiles desde Argentina?
Desde que ingresé en 2009 al ámbito del comercio exterior, especialmente en despachos aduaneros y consultorías vinculadas a productos textiles —tanto telas como productos terminados— he visto una transformación profunda del sector. Durante muchos años, las importaciones estuvieron marcadas por barreras arancelarias y no arancelarias como LAPI, DJAI, SIMI o SEDI, que generaban tiempos, costos y trámites adicionales para cumplir con los requisitos previos obligatorios.
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Especialmente en el rubro textil, las intervenciones previas como DJCP relacionadas con rotulado y etiquetado eran una constante, como así también las licencias no automáticas, en muchos casos exigidas en formato físico y con presentación presencial, lo que complicaba la operatoria diaria de importadores y fabricantes.
En los últimos años, el comercio exterior cambió de forma significativa: bajaron los derechos de importación y se eliminaron muchas trabas administrativas, quedando vigentes principalmente los requisitos de rotulado y etiquetado, lo que agilizó la operatoria. Sin embargo, esta mayor apertura coincidió con un fuerte crecimiento de los envíos courier, intensificando la competencia y generando un impacto directo sobre la industria local, que atraviesa un contexto problemático.
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¿Qué importancia tiene la previsión y la planificación en el rubro para cumplir con las necesidades del mercado?
La planificación en comercio exterior no es una formalidad: es una necesidad estratégica. En el rubro textil, donde la moda es dinámica y los plazos se miden en temporadas, prever cada etapa de la importación —desde la clasificación arancelaria hasta la logística y el cumplimiento normativo— es clave para llegar a tiempo al mercado.
Una clasificación arancelaria mal interpretada o una omisión en la documentación puede traducirse en costos adicionales, demoras, multas o incluso el rechazo de mercadería. Además, el rotulado, las obligaciones documentales correctas, los tiempos de tránsito y la gestión de los retiros en puertos o zonas francas son factores que impactan directamente en la competitividad de las operaciones.
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En suma, la previsión no solo reduce riesgos, sino que protege márgenes y permite responder a la estacionalidad y exigencias del mercado argentino con más eficacia y menor incertidumbre.
¿Cuáles son los países o mercados de origen que hoy lideran las importaciones?
En términos actuales y reales, las importaciones textiles en Argentina están fuertemente concentradas en China, que representa cerca del 70% de los productos importados del sector y mantiene una participación dominante en prendas, tejidos y artículos terminados.
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Otros países que aportan volumen relevante son Brasil, India, Estados Unidos, Vietnam y Pakistán, aunque con participaciones menores comparadas con el gigante asiático. Según estimaciones de comercio exterior, China puede representar entre 40 % y más del 70 % de las importaciones de productos textiles y prendas, seguido por estos mercados secundarios.
Este patrón refleja tanto las ventajas de escala de la industria asiática como las cadenas globales de suministro que eligieron mercados como Argentina para proveer insumos y productos terminados.
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¿Se importan más productos terminados o telas para confección?
Los datos de importación más recientes muestran una mayor proporción de productos terminados (indumentaria y prendas listas para vender) frente a telas o insumos para confección, especialmente en el año 2025. Por ejemplo, entre Enero y Abril de ese año, las importaciones de indumentaria aumentaron un 83 % respecto al año anterior, alcanzando valores superiores a los de telas, que también crecieron, pero en menor proporción.
Esto refleja un cambio estructural donde las cadenas de valor internacionales desplazan producción intermedia y final a mercados con menor costo, y Argentina se encuentra en una dinámica donde la llegada de prendas terminadas supera a la de insumos como telas, lo cual tiene implicancias tanto para la producción local como para la oferta al consumidor final.
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¿Cómo describirías hoy la problemática relacionada con los productores locales y la importación?
La apertura comercial tiene aspectos positivos: permite que las industrias puedan acceder con mayor rapidez a insumos, repuestos y productos que en el pasado estaban restringidos por barreras burocráticas o límites de cupos, lo que es especialmente importante para evitar interrupciones de producción o para abastecer nichos puntuales.
Sin embargo, en el sector textil argentino la contracara de esa apertura es la fuerte entrada de productos importados a costos muy competitivos, particularmente prendas provenientes de mercados con estructuras de producción masiva. En 2025 las importaciones textiles alcanzaron cifras récord de volumen y valor, y esto ha generado presiones adicionales sobre varios sectores de industria Nacional.
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La problemática real —y urgente— es que muchas pymes textiles, que sostienen empleo genuino en el país, están en una situación cada vez más difícil y angustiante frente a la competencia importada, que ingresa con ventajas de escala, precios y, en algunos casos, menores costos logísticos.
Por eso, desde mi experiencia operativa, considero imprescindible que las cámaras sectoriales, actores productivos y el Gobierno trabajen en conjunto en políticas que equilibren la apertura comercial con mecanismos de protección inteligente, como incentivos a la producción local, salvaguardas temporales y medidas que promuevan inversión y empleo. Este equilibrio es clave para que el comercio exterior no solo beneficie al consumidor final con precios competitivos, sino que también nutra y sostenga una industria textil nacional viable y sostenible a largo plazo.
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Y para cerrar, no quería dejar pasar la relevancia del acuerdo firmado el 17 de Enero entre la Unión Europea y el Mercosur. Esta integración comercial, que abarca a más de 700 millones de personas, proyecta un crecimiento de las exportaciones de más del 70% en cinco años y superior al 120% en diez años, con impacto directo en el ingreso de tecnología, maquinaria, insumos de calidad, producción y empleo. El desafío es estar preparados para lo que viene.
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