
Al referirse a proyectos complejos, Augusto comenta que “darle a la logística la importancia que merece es una de las claves para acompañar el crecimiento”. En esta entrevista, analiza la planificación de servicios y reflexiona sobre los desafíos operativos, la coordinación con proveedores y la evolución de su rol en contextos de alta exigencia.
En tus experiencias vinculadas a proyectos energéticos, ¿qué rol juega el tiempo?
El tiempo es central. En proyectos de este tipo hay fechas de inicio muy claras, especialmente en etapas como el montaje y la puesta en marcha. Desde el lado de compras y logística, el objetivo es adelantarse a esas fechas siempre que sea posible, porque cada día ganado tiene impacto operativo y económico.
Eso implica una coordinación constante con operaciones y con los proveedores, ajustando plazos, disponibilidad y costos. La dinámica es muy cambiante: una fecha puede modificarse sobre la marcha y hay que adaptarse rápido.
¿Cómo se vive esa presión desde el rol de compras?
Hay presión, sin dudas, pero es parte del juego. En mi experiencia, el sector es muy dinámico y exige estar atento todo el tiempo. A veces algo que estaba previsto para una fecha se adelanta varios días, y ahí entran en juego la anticipación, el seguimiento y la comunicación permanente con los proveedores.
También está el factor costos. No se trata solo de conseguir algo antes, sino de hacerlo en condiciones que sean razonables y sostenibles. Ahí aparece el equilibrio entre urgencia, precio y disponibilidad.
Estuviste más vinculado a la gestión de servicios que de productos. ¿Qué desafíos presenta eso?
La gestión de servicios es especialmente desafiante en zonas de fuerte crecimiento. En regiones donde la demanda aumenta rápido, servicios como transporte y alojamiento suelen quedar ajustados. Eso obliga a planificar con mayor detalle y a construir relaciones sólidas con los proveedores.
En proyectos grandes, donde pueden convivir decenas de personas durante meses, la logística de servicios se vuelve un eje clave. Los cambios de último momento son frecuentes y requieren mucha flexibilidad.
¿Cómo influye la relación con los proveedores en ese contexto?
Es fundamental. Siempre busqué una relación cercana, de confianza. Poder levantar el teléfono, explicar una necesidad puntual y encontrar una solución conjunta marca la diferencia. Esa lógica de “ganar–ganar” no es un concepto teórico: en la práctica permite resolver situaciones complejas en poco tiempo.
Cuando se confía, los proveedores entienden la urgencia y uno también comprende sus límites. Eso mejora la calidad del servicio y la eficiencia general.
¿El relevamiento de necesidades es un proceso estático o dinámico?
Totalmente dinámico. El rol no es solo recibir pedidos, sino entender el contexto del cliente interno, hacer las preguntas correctas y, muchas veces, anticipar necesidades que todavía no fueron explicitadas.
La cercanía con los distintos sectores permite identificar qué proveedor es el más adecuado y, en algunos casos, sugerir alternativas más eficientes. Esa proactividad es clave en entornos tan cambiantes.

¿Cuáles son los principales cuellos de botella que identificaste?
El principal suele ser el transporte, tanto de personas como de materiales. En determinados momentos, la capacidad local no alcanza y empiezan a aparecer proveedores de otras provincias. Eso suma opciones, pero también complejidad en términos de coordinación.
En servicios como alojamiento, la disponibilidad depende mucho del momento del ciclo del sector. Hay etapas de alta demanda y otras de menor actividad, y eso impacta directamente en costos y negociación.
¿Cómo nació tu interés por la logística?
Llegó casi por casualidad. En una experiencia previa me ofrecieron asumir tareas de logística, administración y planificación, y ahí empecé a descubrir el valor del cumplimiento de tiempos y la organización operativa.
Me di cuenta de que el respeto por los horarios, la previsibilidad y la coordinación generaban una diferencia real. Eso despertó mi interés por profundizar en el área y empezar a formarme específicamente en logística.
¿Qué aspectos te resultan más atractivos?
La dinámica y la adrenalina. No todos los días son iguales. Hay jornadas largas, pero cuando las cosas salen bien, la satisfacción es grande. Al final del día, saber que todo estuvo donde tenía que estar y cuando tenía que estar genera tranquilidad.
También me interesa mucho la tecnología aplicada, los sistemas de gestión y las herramientas que permiten mejorar el control y la planificación.
¿Cómo ves el presente y el futuro del sector?
La logística hoy ocupa un lugar mucho más relevante que hace algunos años. Se entiende mejor su impacto en costos, tiempos y eficiencia. Cuando se la analiza con profundidad y se le da la importancia correcta, genera ventajas claras.
En lo personal, veo un crecimiento sostenido del sector y por eso quiero seguir especializándome. Muchas organizaciones que hoy son referentes lograron diferenciarse justamente por profesionalizar su logística y su planificación.
Para cerrar, ¿qué idea te gustaría dejar como reflexión final?
Que la logística requiere planificación, análisis y espacio en la toma de decisiones. No es solo una función operativa: bien gestionada, permite ganar tiempo, optimizar recursos y mejorar resultados.
En definitiva, darle a la logística la importancia que merece es una de las claves para acompañar el crecimiento de cualquier proyecto.
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