
Para Mauro, muchos temores nacen de la desinformación: “todas las mercaderías tienen un tratamiento”. En esta entrevista explica por qué la mayoría de las retenciones no responden a arbitrariedad, sino a trámites que deberían haberse resuelto antes de importar.
¿Qué implica hoy ser despachante de aduana?
Desde mi punto de vista, ser despachante de aduana es ser un poco el abogado de las mercaderías. Nosotros nos encargamos de todo el papelerío, de la clasificación de la mercadería para determinar qué tratamiento arancelario tiene, y de presentar ante Aduana la declaración correspondiente. A partir de eso, Aduana puede dar el ok o hacer alguna observación. Una vez que está aprobado, se libera la mercadería. Ese es, en esencia, nuestro trabajo.
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¿Sentís que existen mitos alrededor de la Aduana o del rol del despachante?
Sí, hay muchos mitos. Muchas empresas que no operan en comercio internacional ven a la Aduana como un monstruo que se come los contenedores y los deja ahí para siempre. Nos llaman con miedo, sobre todo quienes quieren importar por primera vez, pensando que la mercadería va a quedar eternamente retenida.
La realidad es que todas las mercaderías tienen un tratamiento. Si se analiza previamente, las cargas se importan y salen normalmente. Muchas veces esos miedos vienen de historias que se escuchan en los medios o de algún conocido que tuvo un problema. En muchos casos son más leyendas urbanas que otra cosa.
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¿Hay mercaderías que consideres particularmente complejas de importar?
Lo complejo no lo hace tanto la Aduana en sí, sino la mercadería. Hay productos que requieren la intervención de terceros organismos. Por ejemplo, un equipo médico necesita la aprobación previa del organismo sanitario correspondiente. Eso puede llevar seis meses, un año, dependiendo del caso.
Si una clínica quiere traer un resonador, primero tiene que registrar el equipo y también el establecimiento donde va a estar instalado. Eso es lo que lleva tiempo. Pero no es que la mercadería quede retenida sin sentido. Es un proceso necesario por el impacto que ese producto tiene en la salud.
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En esos casos, ¿la mercadería queda retenida en Aduana durante meses?
La idea es que no. Lo correcto es hacer todos los trámites antes de comprar el equipo. Primero se registra el lugar donde va a estar, se aprueba que sea seguro, se presentan las características técnicas y recién después se compra y se importa. Si se hace así, la mercadería llega y se libera rápidamente. No queda retenida.
El problema aparece cuando alguien compra sin haber hecho ese trabajo previo. Ahí sí puede haber demoras, y desde afuera se ve como que “Aduana no deja salir la carga”, cuando en realidad faltan aprobaciones.
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En cuanto al movimiento actual, ¿notás cambios en la demanda de importaciones?
Sí, hay un incremento en las importaciones. Lo que estoy viendo, y también muchos colegas, es un aumento en la importación de bienes finales. Antes había más importación de maquinaria, insumos productivos. Hoy vemos más productos terminados.
Creo que influyen varios factores, como el tipo de cambio más estable, que le da previsibilidad al importador sobre cuánto le va a costar el producto cuando llegue. Muchas empresas se están stockeando o directamente dejando de fabricar para importar lo mismo que producían, manteniendo una estructura mínima por si el escenario cambia.
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Hoy en día están llegando más productos como relojes, auriculares, monopatines eléctricos, bicicletas eléctricas. Son productos que quizás hace algunos meses no aparecían tanto y ahora llegan consultas todo el tiempo por ese tipo de mercadería.
Para quien no conoce el proceso, ¿qué particularidades tiene importar productos como un monopatín eléctrico?
El punto clave es que lleva batería y cargador, por lo que necesita un trámite de seguridad eléctrica. Es un trámite relativamente sencillo que puede demorar uno o dos meses. Hoy la Aduana permite liberar la mercadería y que el importador haga ese trámite mientras el producto ya está en su depósito. Es prácticamente el único requisito específico que tiene ese tipo de producto.
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En tu experiencia, ¿hay errores frecuentes que cometen quienes importan y generan retenciones evitables?
Sí, pasa mucho con particulares o pequeños importadores que desconocen la normativa. Por ejemplo, alguien compra platos para traer del exterior sin saber que, al estar en contacto con alimentos, requieren intervención de un organismo específico. Entonces la mercadería queda retenida.
Lo ideal es trabajar con previsibilidad. De esa forma, cuando la mercadería todavía está en viaje, ya tenemos todo preparado para liberarla. No esperamos a que llegue para ver qué pasa. Si hay algún activo químico, una vitamina o un insumo sensible que viene por courier, podemos analizar antes si requiere intervención de un organismo y actuar en consecuencia.
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Mirando hacia adelante, ¿cómo imaginás la evolución del comercio exterior?
Creo que las importaciones van a seguir creciendo de esta manera, con más foco en bienes finales que en maquinaria para producción. Lo que me gustaría ver, y que hoy no veo en agenda, es una política más fuerte para impulsar las exportaciones. Me da tristeza que no se esté trabajando más en hacer a las pymes argentinas competitivas para llevar productos al mundo. Exportar debería ser una prioridad.
También me gustaría que se empiece a pensar en acuerdos comerciales con otros mercados, no solo mirando al norte, sino también hacia Asia. Acuerdos que realmente ayuden a las pymes argentinas a ser más competitivas.
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