
Florencia subraya, a lo largo de esta entrevista, la importancia de la trazabilidad, la coordinación diaria y la calidad como pilares para sostener una supply chain sin quiebres. Cuando hablamos de la rigurosidad en el abastecimiento de un producto, “en consumo masivo el verdadero problema no es que llegue mal… es que no llegue”.
¿Qué particularidades tiene trabajar en supply chain dentro del consumo masivo?
Para mí la característica central del consumo masivo es que lo que hacemos termina en la mesa de las familias. Lo que importamos, almacenamos, transportamos y distribuimos lo consume un ser humano. Y eso cambia todo: la calidad se vuelve el foco desde el minuto cero.
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La calidad no empieza en la planta de producción sino mucho antes: cuando cargamos la materia prima en origen, cuando la almacenamos, cuando la transportamos y en cómo la tratamos en cada etapa. Son insumos delicados, con normativas de manipulación específicas.
Y si algo en todo ese proceso no sale bien, ese producto simplemente no llega al consumidor, así de simple. Ese impacto positivo —saber que lo que uno hace llega a un hogar— es una motivación enorme.
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¿Cómo se relacionan comercio exterior y control de calidad?
Se relacionan muchísimo. Comex no es solo importar: es garantizar que lo que importás llegue como tiene que llegar. Tener trazabilidad completa del trayecto es parte de cuidar la calidad. Y cuando algo pasa —una rotura de caja, un bulto golpeado, un retraso— lo evaluamos con Calidad para determinar si esa mercadería sigue o no en la cadena.
Por eso me involucro tanto con transportistas, plantas, proveedores y despachantes. Me gusta estar al tanto de todo: cómo viene la carga, si hubo un incidente, si llega a tiempo a producción. La trazabilidad es clave para proteger la calidad.
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¿El abastecimiento en consumo masivo es diferente al de otras industrias?
Diría que tiene puntos similares, porque todo parte de lo mismo: cumplir el forecast y asegurar disponibilidad para producción. Pero en alimentos el estándar es más alto. El margen de error es menor.
Trabajé también en electrónica y, aunque el proceso logístico era dinámico, la sensibilidad del producto alimenticio cambia la urgencia y la responsabilidad. Hay mucha coordinación con las plantas: no puede haber quiebres, no puede haber sorpresas. Si algo falla, el consumidor lo siente enseguida.
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¿Qué impacto tiene una falla del abastecimiento en el consumidor final?
Si la falla es de calidad, ese producto directamente no sale de planta. Pero si es un problema operativo —transporte, roturas menores, retrasos— evaluamos caso por caso para no poner en riesgo al consumidor.
En consumo masivo, el verdadero problema no es que llegue mal… es que no llegue. El consumidor no suele ver las cadenas que hay detrás, pero su experiencia depende de que todo funcione antes.
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¿Qué factores evaluás al elegir proveedores?
Calidad, 100%. Puede sonar repetitivo, pero es la base de todo. Hacemos auditorías para asegurarnos de que cumplen los estándares que necesitamos, pero también evaluamos tiempos de entrega, volúmenes, normas habilitantes y algo que para mí es clave: la comunicación.
La comunicación tiene que fluir. Nosotros estamos muy en el día a día y necesitamos respuestas rápidas y claras. También pedimos trazabilidad del lado del proveedor: que sepan explicar sus procesos, sus controles y cómo resolver un problema si aparece. Queremos partners, no simplemente proveedores.
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¿Qué fue lo que te atrajo del supply chain y del consumo masivo?
El dinamismo. El movimiento constante. La necesidad de innovar todo el tiempo. El comercio exterior es 24/7: estás buscando rutas nuevas, formas distintas de hacer lo mismo, maneras de abaratar costos. Y además, me apasiona el impacto que tiene en las personas. No es solo mover cajas: es asegurarte de que algo que consumen miles de familias llegue bien y llegue a tiempo.
¿Cómo te vinculás con la tecnología y con la inteligencia artificial en tu trabajo?
Creo que la IA es una herramienta espectacular cuando la sabemos usar. En nuestro día a día la usamos para tomar decisiones, analizar datos, automatizar reportes y agilizar procesos que antes eran muy manuales.
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Pasamos de dashboards en Excel a Power BI, donde todo está automatizado. Lo que antes llevaba horas hoy lleva cinco minutos. Eso aliviana mucho el día a día y te permite enfocarte en lo importante.
Pero también creo que nunca hay que perder la parte humana. La comunicación persona a persona sigue siendo esencial. La IA suma, pero no reemplaza esa calidez. Y además hay que entrenarla: que entienda cómo necesitamos que funcione y bajo qué parámetros.
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¿Cómo imaginás tu futuro profesional?
Me imagino siguiendo en contacto con proveedores, clientes, despachantes… esa parte operativa fina me encanta. El día a día del comex tiene un dinamismo que me motiva. También sé que los puestos del futuro van a tener una parte automatizada muy fuerte. Creo que la clave será combinar ambas cosas: lo técnico-operativo del supply chain con herramientas tecnológicas cada vez más avanzadas. Resolver lo que todavía no se puede automatizar.
¿Una reflexión final?
Hoy todas las empresas tienen que poner el foco en el consumidor. Todo lo que hacemos, desde la materia prima hasta la entrega final, termina impactando en alguien real, en su vida cotidiana. Y para eso la calidad no puede ser un eslogan: tiene que ser una práctica constante y trazable. Si algo define al consumo masivo es eso: la responsabilidad de que lo que hacemos llegue bien y haga bien.
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