
La distribución de metales no ferrosos exige una logística capaz de responder en plazos cada vez más cortos, con múltiples variables en juego y una presión constante sobre los costos. En ese contexto, la gestión diaria combina estructura y adaptación permanente: “Es un 50% procedimiento y otro 50% improvisación”, explica Leandro sobre el funcionamiento real de la operación.
¿Qué son los metales no ferrosos y cómo se insertan en la operación logística diaria?
Los metales no ferrosos son materiales como el cobre, el latón (bronce), la alpaca y el aluminio. Se venden en diferentes formatos: chapa, caño, barras, cintas o rollos grandes. Nosotros distribuimos principalmente a mayoristas y a empresas vinculadas con electricidad, refrigeración o componentes industriales.
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Es un rubro que abastece a muchas industrias y donde la demanda es muy exigente en términos de tiempos de entrega. Muchas veces el cliente quiere todo para el día siguiente. Y ahí aparece algo clave: hay mucho trabajo que no se ve. El cliente ve la factura, pero no ve todo lo que pasa atrás para que ese pedido salga en tiempo y forma.
¿Cómo es el rol de la logística en un contexto de alta exigencia y qué implica en el día a día?
En logística tenés que estar en todo. Un cliente paga y el pedido tiene que salir ya, entonces tenés que haber armado la hoja de ruta, contratado los camiones y coordinado con depósito. Es un puesto bastante complejo porque combina organización con mucha improvisación.
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Diría que es un 50% procedimiento y un 50% improvisación, porque no sabés qué puede pasar en la calle: puede faltar un camionero, puede haber problemas con la documentación o con los remitos. Tenés que estar muy atento a todo y reaccionar rápido.
¿Qué tan importante es la flexibilidad y cómo impacta la logística en la rentabilidad?
Es fundamental ser flexible, porque tenés que brindar un buen servicio al cliente y al mismo tiempo cuidar la rentabilidad. Hoy hay mucha competencia, entonces no alcanza con cumplir: hay que hacerlo rápido y bien.
En nuestro caso hay un desafío fuerte porque trabajamos con importaciones. Vendemos en dólares, pero los costos logísticos están en pesos. El gasoil sube, el transporte aumenta y el dólar puede bajar. Entonces es una lucha diaria mantener la rentabilidad, cumpliendo además con entregas en menos de 24 horas.
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¿Qué particularidades tiene la operación logística según el tipo de producto y transporte?
Los materiales tienen características distintas. El aluminio, por ejemplo, es más voluminoso, mientras que otros materiales requieren más peso. Eso define qué tipo de camión necesitás y cómo planificás el envío.
Dependiendo de si es chapa, barra o caño, tenés que elegir la logística adecuada. A veces necesitás un semi, otras veces un camión más grande por volumen. Generalmente usamos chasis balancín, pero todo depende del tipo de carga y del cliente.
¿Cómo es la coordinación con transportistas y qué variables operativas entran en juego?
El día a día es muy dinámico. Tenés que estar atento al clima, a los horarios de descarga, al tipo de cliente y a las condiciones de recepción. Hay clientes que descargan con puente grúa, otros con autoelevador, y eso define si necesitás un camión abierto o cerrado.
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Además, siempre estás pensando en los costos, en la rentabilidad y en cada decisión operativa: si contratás un peón, si optimizás el recorrido o si ajustás la logística según el pedido. Es un equilibrio constante.
¿Qué rol juega la logística inversa y el control de calidad en la operación?
Puede pasar que el cliente o el vendedor se equivoquen, y ahí entra la logística inversa. Vamos a buscar el material para mantener una buena relación comercial, pero ese material tiene que volver en buen estado.
Por eso también hay que capacitar al chofer para que entienda qué condiciones tiene que cumplir el producto. Si vuelve dañado, ya no se puede vender y genera un problema operativo y económico.
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¿Cómo es el vínculo con los proveedores logísticos y qué desafíos implica?
Trabajamos hace muchos años con un mismo transportista, lo que facilita mucho la operación porque ya conoce la dinámica. Eso hace todo más ágil y eficiente.
Pero también incorporamos nuevos proveedores para generar competencia y mejorar costos. Ahí el desafío es mayor, porque hay que explicar en detalle cada envío, la hoja de ruta y las características del material.
¿Qué lugar ocupa la logística dentro de la empresa y qué valor se le da?
Siento que la logística no está del todo valorada. Muchas veces se ve más el error puntual que todo lo que funciona bien. Hay mucho trabajo detrás de cada pedido: preparación, embalaje, coordinación y entrega.
Es un área que impacta directamente en el servicio y en la rentabilidad, pero no siempre se reconoce todo ese esfuerzo.
En el contexto actual, ¿cómo están enfrentando la baja en ventas y el aumento de la competencia?
Hoy bajaron las ventas y el ingreso de material, y hay mucha más competencia. En ese escenario, nos estamos enfocando mucho más en el servicio al cliente.
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La idea es que el cliente no nos elija solo por el precio o el producto, sino por cómo lo atendemos, cómo llega el material y cada detalle del proceso. Hoy el diferencial está en la experiencia de entrega.
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